SOFÍA GALA: “UNO TIENE VARIAS VIDAS EN UNA”

Famosa desde niña, se construyó a la vista de todos. El arte es su forma de expresar y canalizar lo que le pasa, un medio necesario para sacar cosas hacia fuera. Entre el mainstream y la autogestión, encara proyectos diversos
Famosa desde niña, se construyó a la vista de todos. El arte es su forma de expresar y canalizar lo que le pasa, un medio necesario para sacar cosas hacia fuera. Entre el mainstream y la autogestión, encara proyectos diversos

Es un aluvión y también templanza ante los sacudones; es alguien que espera y se mueve de acuerdo a las necesidades expresivas del momento y también una persona que actúa y pone en marcha procesos y proyectos, que se ocupa y se hace cargo; es madre y es hija; es una actriz que hizo de su propia madre; es una persona que lidió con una fama prematura y no elegida, y que se dedicó a una profesión que la mantuvo de cara al público. Sofía Gala agradece y, a la vez, se agobia ante el consenso popular sobre la calidad de su trabajo, esa especie de validación masiva que otorgan los productos mainstream, que no transitó durante su carrera y que le llega en un contexto por demás singular.

Versátil y expansiva, en el mismo fin de semana en el que se estrenó la serie del momento, Moria, en la que el vínculo entre ella y su madre teje la trama, inició una nueva temporada teatral de Lo que se pierde se tiene para siempre y presentó en vivo el primer disco de FEA, la banda musical que lidera como cantante y compositora. La rodearon siempre decenas de prejuicios, que pretendieron tirar del hilo que asomaba de su intimidad y completar los espacios vacíos con cualquier relato. En el camino, no sin dificultades, consiguió desmarcarse de etiquetas y conformar una personalidad propia, tan sólida como cambiante: “No necesito saber exactamente quién soy. Hay una esencia que se mantiene, pero cambio todo el tiempo. Soy la misma que a los veinte y, a la vez, ya no”, analiza.

  • En varios sentidos, la serie fue un trabajo muy diferente a lo que solés hacer, ¿por qué aceptaste?

Fue todo un proceso hasta que tomé la decisión. Uno de los motivos por los que acepté es porque se trata de una experiencia única, no hay muchos casos de una hija que haga de su madre. Era una oportunidad muy zarpada. Me lo propuso Javier Van de Couter, que también fue guionista de Alanis y es amigo mío hace muchos años. Ya había una especie de intimidad y de confianza, que siento que para un proyecto es muy necesario e importante. Después de hablar mucho, lo único que me hacía dudar era el miedo a sentirme mal, a arrepentirme, a que no saliera como yo quiero. Cuando me di cuenta de eso, acepté, porque, para mí, el miedo es el único motivo que no es válido para dejar de hacer algo. Si no hacés algo por el simple hecho de tener miedo, siempre te vas a arrepentir.

  • ¿Cómo es tu acercamiento y vínculo con un personaje que te toca interpretar?

Trabajo de una manera muy instintiva. Fui autodidacta desde chica, y trabajar me empezó a dar herramientas más del orden de lo técnico, de lo metódico, pero siempre actuar se me dio naturalmente. De hecho, no me gusta la palabra “actuar”, me choca porque siento que actuar tiene que ver con fingir o mentir, y no funciona así en mí. No hay otra manera de atravesar la vida, para mí. Atravieso la historia de un personaje siendo lo más sincera y real posible, lo más yo posible. Al mismo tiempo, no soy yo, porque son las vivencias de otros y no las tuyas. Es como una especie de acuerdo, un juego tácito en el que es fundamental creer que todo esto que estás viviendo te está pasando. 

  • ¿Y en este caso, que el personaje es tu mamá?

Mi parte íntima atravesó todo este cuento desde el lado personal, que obviamente me conmueve y no podría ser de otra manera. Pero para la construcción de Moria, el personaje, tuve que alejarme lo más posible del lugar de hija y poder verla desde un lugar de mujer. Vos no podés juzgar a tus personajes, y es muy difícil no juzgar a una madre. Esta experiencia me llevó a acercarme a mi propia historia de otra manera, acercarme a este personaje que me presentaban, que es una Moria que yo no conocí. Con toda la data que tengo, con cómo la conozco, traté de construir a partir del lugar más real que podía, a partir de lo que más me identifica con mi mamá, que es nuestra condición de mujeres.

Sofía Gala. (Foto: Machado Cicala).
  • En escena, ¿cómo opera en vos ese ser y no ser esa persona a la vez?

Todo está presente. La actuación es repsicodélica, y esto es algo todavía más psicodélico. Hay una mezcla: no es que hago la escena mientras pienso “¡Uy! estoy besando a mi papá”, pero tampoco es que no lo pienso en absoluto. Es algo mucho más complejo y difícil de razonar. Cuando estaba haciendo a mi mamá, en momentos de improvisación en las escenas, encontraba sus modismos y me sentía muy Moria sin pensar en ella ni en nada. Era una Moria nueva, mía. Me sentía como cuando era chica y me ponía su ropa, sus pelucas. Me lo acuerdo como si hubiera sido un viaje de hongos, una experiencia como de tercer ojo.

  • Es muy pronto todavía como para que algunas cosas decanten, pero ¿sentís que esto de alguna forma también modifica tu vínculo con ella?

Cuando terminó la serie, justo me fui de viaje y extrañé a mi mamá como no había extrañado a nadie en mi vida. Fue muy sanador, nos unió y también, ahora que pasó un poco el tiempo, empecé a revisar un montón de cosas. Estoy pudiendo hablar de cosas que me pasaron o que sufrí, o que me hicieron sentir mal, que por ahí no se las había podido expresar antes. Y ella también. Hay un momento en donde surge una especie de tête-à-tête con los padres, donde uno intenta resolver los issues o los triggers de la crianza. Eso pasó en mis veintes, recién salida de la adolescencia, cuando estaba construyendo mi humanidad. Ahora estoy entrando en un nuevo ciclo con mi mamá, cada vez más amoroso, más honesto y desafiante. Es el vínculo más largo de mi vida. Fui creciendo, cambiando y modificándome con ella.

  • Una vez dijiste “Mi mamá dice que subió al escenario para que la quieran; yo, en cambio, subí para quejarme”, ¿sigue siendo así?

Sí. Mi expresión artística es un impulso vinculado conmigo misma, con una necesidad propia, para no morir. Algo que tiene que ver conmigo y con un montón de emociones y situaciones que me pasan. Es mi manera de descargarme, de sacármelas de adentro y que no me enfermen, mi manera de exorcizar. Tiene que ver con cómo a veces me cuesta estar en el mundo, con el inconformismo, con que no me gustan las cosas como son, con que en general no soy una persona complaciente. Me sale quejarme de lo que no me gusta, expresar lo que me pasa.

“No necesito saber exactamente quién soy. Hay una esencia que se mantiene, pero cambio todo el tiempo”.

  • Esto va encontrando distintos canales, ¿no? El de la banda es relativamente nuevo…

Sí, la banda surge después de muchos años de construir con mi grupo de amigos espacios en donde tocamos instrumentos y yo siempre leía poesía mía o de otros. Hacíamos cadáveres exquisitos y, de golpe, se fue convirtiendo en algo cada vez más tangible o con algún tipo de forma. Ahí apareció FEA. Fue un proceso supernatural y mío. Junto a Fobia, la película que hicimos con mi grupo de amigos y dirigimos con César González, es mi primer proyecto propio. Es algo autogestivo, donde escribo la mayoría de las cosas que digo, donde proyecto mi propia voz. Cuando sos actor, estás siempre contando la historia de otros, más allá de que a tu personaje le pongas todo de vos. Es una parte mía más visceral. Un día, en un ensayo de una obra, mientras otros actores hacían su escena, me puse a escribir y todo fluyó como si lo vomitara, apareció algo gigante. Salí y le pedí a una amiga, que hoy es bajista de la banda, que me ayudara a grabarlo, a proyectar mi voz. Fue la matriz de esto. Yo hace mucho que escribo, pero siempre lo hice para mí. Esto me llevó a sacarlo y ponerlo en canciones.

Sofía Gala. (Foto: Machado Cicala).
  • ¿Por qué sentís que llegó el momento de mostrar eso que guardabas?

No sé, pasó solo. A veces, simplemente atravieso las cosas que me van pasando de una manera supernatural y no sé si estoy buscando conscientemente nada. De golpe, tuve esa necesidad de proyectar mi voz. Sucedió y se transformó en algo más grande que uno, no es que tomé la decisión de tener una banda y decir cosas importantes al mundo. El pulso de cualquier expresión artística es expresarte y conectar con alguien que te escucha, te ve y al que le pasa algo parecido, le emociona tu propia emoción o te odia. Avalo completamente eso, no creo que las expresiones artísticas necesariamente deban ser complacientes. Lo que tiene que pasar es que te atraviese, incluso desde la bronca, el asco, desde algo que te repele. Nunca tuve una decisión previa, sino que voy atravesando las cosas y decantan. El norte es expresarme. La vida decanta sola.

  • Borges decía que hay un momento en la vida de cada persona en el que sabe exactamente quién es, ¿atravesaste ese momento?

Yo tengo más el pensamiento, creo que proviene de Jung o Foucault, de que no es necesario saber exactamente quién soy. Aparte, es algo que va cambiando todo el tiempo. Uno tiene varias vidas en una. Hace diez o quince años, eras otro. Con el tiempo, la cabeza se expande, cambia, se modifica. La vida me va volviendo mucho menos fundamentalista. Solo sé que no sé nada, cada vez más.

  • No siempre uno está muy cómodo o conforme con ese que es en cada una de esas etapas, ¿vos cómo estás con vos hoy?

Estoy por cumplir cuarenta, y los cambios de década son movilizantes. Me estoy encontrando conmigo después de mucho tiempo. Desde que tengo veinte que soy mamá, y ahora manejo de nuevo mis propios horarios, decido sin pensar en que tengo que cuidar a alguien, tengo algunas libertades que tuve antes. Me estoy encontrando con mi soledad, y siempre es desafiante vincularse con uno mismo. Me siento más viva.

Sofía Gala. (Foto: Machado Cicala).

HELENA Y DANTE

“Mi hija cumple 18 este mes y me empiezo a encontrar con su persona construyéndose. Estoy aprendiendo un montón de ser su mamá, ella es un genio emocional. Tiene una manera muy hermosa de pensar y de ver el mundo. Al mismo tiempo, chocamos con cosas, empezamos a ser dos mujeres que tienen sus ideas propias. Me encanta que sea una mujer fuerte, que piense por ella misma. Eso es lo más parecido y cercano a la libertad: construir nuestro propio pensamiento, nuestra propia idea del mundo y defenderla. Todo me llena de expectativas y de ganas. Mi hijo ya está entrando en la preadolescencia, y ser madre de gente de estas edades es como volver a ser mamá de nuevo. Es mucha la diferencia entre tener un hijo niño y un hijo adulto. Es otro viaje. Aprendo con ellos a construir un amor sano, no posesivo, sabiendo que no hay una sola respuesta ni una sola forma”.

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