Llegó al señorial barrio limeño de Miraflores advertido de que allí podría toparse con los mejores sabores de la gastronomía limeña. Encaró por la emblemática avenida Mariscal La Mar, que está a un par de cuadras de la costa que da al Pacífico, pero que se refiere a José de la Mar y Cortázar, el primer presidente constitucional del país, un militar y político nacido en Cuenca (actual Ecuador) en 1776. Se trata de una de las zonas comerciales y turísticas de mayor crecimiento en la ciudad durante los últimos tiempos.
El comensal abrió la carta de uno de los restaurantes más afamados del lugar, dispuesto a encontrarse con un sabrosísimo plato típico que le habían recomendado con fruición: un intenso “ceviche de conchas negras relleno de atún ahumado”. Arribó con la advertencia de que ese había sido uno de los platos mejor reputados por las más afamadas revistas internacionales, especializadas en buen comer. El paladar, excitado ante la posibilidad de degustar un sabor nuevo, desconocido. Pero el primer impacto del visitante fue la frase impresa en la tapa del menú: “Lo que hace especial a la gastronomía limeña es su capacidad para narrar la historia del Perú a través de sus sabores”.
Hurgó en el listado de opciones. Le había costado horrores tomar la decisión de elegir entre una y otra exquisitez que se le ofrecía. Y terminó optando por un “lomo saltado, mariscarizado con salsa huancaína”, que le hizo explotar las expectativas en el paladar. Creyó que eso era todo lo que podría sorprenderlo. Pero no. En realidad, llegó a la contratapa del atrapante álbum de sabores, aromas, sensaciones y placeres, y lo sedujo otra frase atrapante: “La de Lima es una cocina que cuenta bellezas y placeres”.
Quedó impactado. No solo tendría la posibilidad de comer riquísimo, también se zambulliría en la historia de una de las ciudades más seductoras de América Latina. Por su pasado, por su diversidad cultural, por su arquitectura varias veces centenaria, por su entrañable pueblo, por sus beldades turísticas. Y por supuesto, también por su gastronomía, que en los últimos años tomó una creciente notoriedad, lo que le valió merecidas consideraciones internacionales y abrió una veta económica importantísima hacia el mundo entero: el turismo gastronómico.
Ese turismo no solo sucede en esa icónica avenida La Mar, en la Costa Verde de Miraflores que explota de sabores y sitios representativos de la nueva comida peruana hacia el mundo. También en otros barrios especialmente atractivos para los visitantes (que pasaremos a desarrollar), y en tantos y tantos boliches o pequeños restó. Y ni que hablar de los callejones donde se levantan los mercados locales, los auténticos “huariques”, donde se encuentra la más pura tradición de la comida limeña, con los más fascinantes y exóticos sabores del continente.

POR LOS BARRIOS
En pocos sitios se puede contemplar en todo su esplendor la fiereza del océano Pacífico como en la Costa Verde de Miraflores. Extraordinarios acantilados con un manto de verde en su superficie, que se prolongan en una costa de extensas playas, que se presentan para redondear una imagen de profundas contradicciones visuales: es el denominado Malecón, ideal para caminatas, paseos en bicicletas y avistaje de ciertas especies de aves que no se suelen ver entre el cemento de la gran ciudad.
La zona también es famosa por sus amplios sectores verdes: el apacible Parque Kennedy; el Parque del Amor, que en cada detalle, en cada rincón, expresa un romanticismo extremo que se presenta al mundo con su famosa escultura El Beso; o el Parque Chino, que es lindero con el Faro de la Marina. Por supuesto que tiene su zona comercial, el Larcomar, casi surgiendo de la roca del acantilado. Y es posible la práctica de deportes extremos, especialmente en playas como La Roquita, La Pamplilla, Makana o Los Delfines, proclives para los aficionados al surf o para volar en parapente, entre otras actividades. Es de los barrios que mayor desarrollo culinario tuvo, combinando la cocina fusión y los restó de autor como las cevicherías de alta gama, en la avenida La Mar y también en la Costanera Contraalmirante Villar.
Claro que San Isidro, uno de los 43 distritos limeños, no es una circunscripción menos señorial, histórica, comercial o atrayente por su oferta nutritiva. En un principio, fue un reducto de las clases más acomodadas (especialmente en Huaca Santa Cruz o la exclusiva zona del Golf) que, sin dejar su elegancia, pasó a cobrar un vigor de enclave financiero, combinando naturaleza, arquitectura e historia. Para empezar, el bosque El Olivar, con su más de un centenar de piezas antiguas, sus senderos, sus aves, tanto como su Centro Cultural. O la Huaca Huallamarca, gran pirámide de adobe prehispánica, que cuenta con un pequeño museo con piezas arqueológicas. Es imperdible el Museo Marina Núñez del Prado.
Además, la avenida 2 de Mayo y sus adyacencias, en los últimos años, fue adquiriendo un muy fuerte perfil que concentra restaurantes de vanguardia, alta cocina y también populares sangucherías como El Chinito y los mercados de Surquillo.
La zona de El Barranco, en las inmediaciones de la avenida San Martín, también de alto perfil gastronómico, en cambio se destaca por su bohemia, su bagaje artístico y su perfil histórico, un espejo de la ciudad. Su empuje se representa en las casas de múltiples colores brillantes que sobresalen y conviven con un ícono limeño, el Puente de los Suspiros, y su vista al Pacífico. Así como la Bajada de Baños, un camino peatonal desbordante de naturaleza, arquitectura colonial y arte urbano, que desemboca en la Costa Verde. Son increíbles sus tabernas erigidas muchas veces en casas coloniales, históricas y remozadas. Es imposible no visitar La Isolina, una taberna peruana que cobró notoriedad por sus potajes criollos de olla y sus inigualables barras de pisco.

ORO Y REYES
Lima fue fundada en 1535 en el valle del río Rímac (término quechua que significa “hablador” y que luego devino en “Lima”) por el conquistador Francisco Pizarro. La llamó “Ciudad de los Reyes” en homenaje a los Reyes Magos, ya que inició los preparativos el 6 de enero de ese año y lo concretó el día 18.
Y más allá de múltiples atractivos en las barriadas de las adyacencias, los visitantes suelen extasiarse con el tradicional centro histórico donde se halla la Plaza Mayor: el alma social, política, histórica y arquitectónica de la ciudad. También llamada la Plaza de Armas, es toda una experiencia detenerse en su zona central y vislumbrar siglos de la más representativa imagen de una ciudad emblemática de las Américas. Allí se encuentran la imponente Catedral y el Palacio de Gobierno, dos edificios de una belleza que abruma tanto al turista como a cualquier visitante, que también se enfrentará a la Iglesia del Sagrario, el Palacio Arzobispal, el Palacio Municipal y el Club de la Unión. Y a pocos metros, ubicará el Convento de San Francisco, que aún en la actualidad mantiene la notoriedad por sus catacumbas subterráneas llenas de relatos coloniales. Y a pocas cuadras de allí, el Circuito Mágico del Agua: un extraordinario parque, también llamado de la Reserva, que fue modernizado con fuentes luminosas.
Otro atractivo histórico y tradicional de la ciudad es el impactante Museo Oro del Perú y Armas del Mundo, una institución de enorme valor arqueológico e histórico ubicada en el distrito de Santiago de Surco. Deriva de una colección privada del empresario y diplomático peruano Miguel Mujica Gallo, cuyo legado permitió la creación del museo en 1960. En su edificio de dos pisos, se exhiben piezas que revelan los 5000 años de desarrollo incaico del Perú prehispánico. Se destacan allí los más de siete mil artículos de metalurgia prehispánica, un verdadero resumen de la riqueza cultural y patrimonial del país. Por su parte, el Museo Armas del Mundo se conforma de una colección de más de 30 mil armas o fragmentos de ellas, que Gallo recolectó en todo el mundo y que pasaron a formar parte del repertorio privado más grande y, a la vez, más antiguo del que se tenga conocimiento.

Fotos : iStock.
BUEN VIVIR
Desde siempre la gastronomía fue factor determinante en el turismo internacional. Los amantes del buen comer y también los diversos gestores de semejante industria fueron determinando una siempre incompleta lista de los mejores destinos gastronómicos. Allí estuvieron desde Roma (Italia) hasta Londres (Reino Unido) o París (Francia), pero también se fueron sumando otros como la propia Buenos Aires, y una variedad que pasa por Marrakech (Marruecos), Nápoles (Italia), Atenas (Grecia), Barcelona (España), Nueva Orleans (EE.UU.), Bangkok (Tailandia) y Ciudad de México, entre otros. En todos los confines, en todos los continentes.
Con innegables méritos propios, Lima se incorporó definitivamente a ese selecto grupo. Algo avalado internacionalmente, ya que Time Out –la histórica publicación británica especializada en cultura, viajes y gastronomía, con presencia en decenas de países del mundo– reconoció a la capital peruana como el Mejor Destino Gastronómico del Mundo 2026. Más de 24 mil personas y un panel de expertos en viajes y gastronomía la impusieron sobre muy importantes ciudades, referentes culinarios mundiales.
Es esa Lima que en una nueva ocasión invita a ser reconocida, combinando lugares preciosos, infinita historia y, por supuesto, su más destacada gastronomía.

UNA CAUSA JUSTA
Históricamente, todos los huariques de barrio y hasta los más sofisticados restó internacionales tuvieron al ceviche como eje de la más tradicional y popular comida natural del Perú. Siempre fue una salida rápida, rica y con todos los precios y complejidades disponibles. Básicamente, se prepara con pescado fresco, limón, ají y cebolla. Por supuesto que la gastronomía peruana tradicional pasa por otros platos, como el ají de gallina, guisos, esos multicolores pinches denominados “anticuchos” o arroces generalmente enriquecidos con mariscos o diversos productos. También es muy popular, histórica y exquisita la causa limeña: una entrada multicolor, especie de torrecilla, bocado individual, frío, de atrapante textura, que proviene del Antiguo Perú cuando ya era preparada con papa amarilla y ají triturado. Y, por lo tanto, particularmente picante y especialmente económico muy utilizado por el Libertador José de San Martín en su campaña… Una causa muy justa, claro.
HOTEL DISRUPTIVO
Nhow Lima abrió sus puertas hace menos de un año y “llegó para transformar por completo la experiencia de hospedaje, gastronomía y entretenimiento en la ciudad”. Así lo presenta Minor Hotels, empresa líder en la industria hotelera, con más de 640 hoteles, resorts, residencias y proyectos en desarrollo en 66 países. Reafirma que Nhow Lima es un “hotel disruptivo” que está estratégicamente situado en Miraflores y “una opción verdaderamente novedosa para el público argentino: un hospedaje que fusiona el patrimonio peruano con un estilo audaz, espacios inspiradores, arte local en cada rincón y servicios diseñados para quienes buscan experiencias auténticas”. Tiene 243 habitaciones distribuidas en 17 pisos. El 3° incluye Zönico, un restaurante de alta cocina que rinde homenaje a los sabores de los ocho países conectados por el río Amazonas. Y en el piso 13, está Pagano, un exclusivo y sofisticado bar, concebido para convertirse en el epicentro de la vida nocturna limeña.






