CRISTINA “CHINA” COSENTINO: “LAS LEONAS TENEMOS UN ADN PARTICULAR”

Baluarte del tercer título mundial conseguido por el seleccionado femenino de hockey, sostuvo con sus atajadas al equipo en momentos clave. De una nena que se quedó en el arco por timidez a una mujer que se liberó al destaparse y que pone siempre al grupo por sobre lo individual.
Baluarte del tercer título mundial conseguido por el seleccionado femenino de hockey, sostuvo con sus atajadas al equipo en momentos clave. De una nena que se quedó en el arco por timidez a una mujer que se liberó al destaparse y que pone siempre al grupo por sobre lo individual.

Detrás de un casco, enfundada en una armadura acolchada que la protege de los bochazos, sostiene un equipo y un legado, con la autoconfianza suficiente como para saberse necesaria y la humildad justa como para tener como prioridad, ante todo, el objetivo grupal. Clave, pero pieza de un engranaje, al fin y al cabo, en su gestualidad se percibe ese espíritu colectivo: ataja un penal y luego otro más, y no parece inmutarse mientras se ubica en posición para cuando le toque actuar nuevamente; en cambio, ante cada acierto de sus compañeras, el grito aflora. En el penal decisivo, el que la corona junto a Las Leonas como campeona del mundo, el casco y los guantes vuelan, los diques emocionales se abren de par en par y se suma a esa masa de cuerpos que celebran.

Uno observa a Cristina Cosentino y, casi automáticamente, comprende de qué está hecha: su postura, su afabilidad, esa sonrisa tan a mano invitan a confiar, permiten relajarse y descansar; al mismo tiempo, exuda fortaleza, se proyecta esa inmutabilidad en momentos clave para afrontar la que se venga con estoicismo. Es la combinación que, sumada a sus reflejos y ubicación, explica que sea una de las mejores arqueras de hockey del mundo. El camino que la trajo hasta aquí está constituido por casualidades, tenacidad, dolores, decepciones, descubrimientos y pasión.

El hockey llegó a su vida como una extensión escolar. El campo de deportes era Belgrano Athletic Club, donde conoció la disciplina junto a algunas compañeras. Comenzó como delantera (“Esto no lo pueden chequear, así que voy a decir que era buena y goleadora”, bromea), hasta que la rotación la colocó en el arco. Llegó a contar hasta 14 goles recibidos en su primera vez, una cantidad que no la enamoró, precisamente, del puesto, aunque no se movió de allí: “No quería ser arquera, pero no me animaba a decírselo al entrenador. De a poco, me empezó a gustar y, eventualmente, fueron haciéndome menos goles”, recuerda. Algo de timidez, entonces, y también una temprana conciencia de la importancia de ocupar un rol en el grupo la mantuvieron en actividad.

La arquera de Las Leonas, Cristina “China” Cosentino. (Foto: Nico Pérez).
  • ¿Cuándo comenzaste a soñar con ser leona?

Recién cuando empecé a tener idea de los seleccionados. Ni mis papás ni yo sabíamos mucho del tema. Aunque Las Leonas ya eran conocidas, yo no sabía de ellas. A mis 14 años, empecé a entrenar con el seleccionado de Buenos Aires y comencé a quedar seguido en las listas de convocatorias. A los 17, fui a mi primera concentración con Las Leoncitas, y ahí entendí cómo se manejaba el hockey al alto nivel. Viví lo que significa representar a la Argentina, ser parte de Las Leonas. Y se volvió un objetivo. Me fui de Belgrano, de hecho, para estar más cerca de la selección, porque en el sub-21 nos recomendaron que buscáramos continuidad en clubes de Primera. En Belgrano tenía por delante a una arquera experimentada, así que me fui a Banco Nación en 2016, a los 18.

  • Es un puesto en el que si no sos titular, prácticamente no jugás nunca, ¿cómo llevás eso?

Es difícil. En el club me mantuve como titular, pero en Las Leonas me llevó cinco años tener continuidad en el puesto. Arranqué a entrenar con Las Leonas en 2019 y recién fui titular en un torneo en los Juegos Olímpicos de París, en 2024. Eso te habla de cómo es el puesto. Al principio, una sabe que estar en el grupo, ser parte de la lista, es muchísimo y sirve para ganar experiencia y confianza con las chicas. Es un proceso que hay que pasar. Al mismo tiempo, querés jugar y ayudar en la cancha. Lo más importante es dejar el ego de lado y pensar en el equipo. Cuando estás de suplente es más difícil entenderlo, pero es fundamental para tu crecimiento.

  • ¿Cómo procesaste el quedar afuera de la lista de los Juegos Olímpicos 2020 y del Mundial 2022?

Fueron varios años de sufrirla. En la previa del Mundial me sentía más preparada, ya madura, y sentía que iba a estar. Me descolocó esto de sentirme lista y que no me llamaran. Fue un golpe muy duro, y me replanteé mi relación con el alto rendimiento y con Las Leonas. En ese momento, acepté una propuesta y me fui a jugar a un club de España, porque necesitaba despejar la mente, alejarme de Buenos Aires para ver bien qué sentía respecto a todo. Puse todo en la balanza y lo que disfruto al estar en Las Leonas y jugar en el alto rendimiento pesó mucho más que quedar afuera de la lista. Creo que eso también me formó para ser lo que soy hoy, valorar mucho más el puesto y entender que tengo que cuidarlo demostrando todos los días por qué estoy acá.

Lo que sucede en la cancha, el fin último y lo que el público observa y juzga, es consecuencia de una serie de factores tan amplia y diversa que ciertas modificaciones clave pueden surgir en facetas alejadas de la práctica en sí misma. Hasta 2022, la “China” había asumido la heteronorma bajo la cual se suelen insertar las personas en nuestra sociedad. Llegó a tener un novio y, sin embargo, algo no terminaba de encajar. Ese año, descubrió su orientación sexual y le dio un espacio que le permitió moverse de un modo más liviano y auténtico en cada contexto, incluso sin percibirlo por sí misma: “Un entrenador de arqueras, que me conoce hace muchísimos años, me dijo que me solté mucho más, grupalmente y en el juego. Mi puesto consiste en hablar mucho, comunicar y acercarme a las chicas. Yo no sentí tanto el cambio, soy bastante colgada, pero él me dijo que veía que era más yo, más natural. Cuando lo pienso, creo que sí, que hay algo de eso. Al final, cuando te destapás, podés ser como sos, deja de importarte lo que el resto piense de vos y no tenés que esconder o fingir nada. Está bueno”, reflexiona.

La arquera de Las Leonas, Cristina “China” Cosentino. (Foto: Nico Pérez).
  • A diferencia de otros deportes, donde la sexualidad sigue siendo tabú, en el ambiente del hockey se vive con mayor naturalidad, ¿cómo fue tu experiencia al compartirlo?

Es cierto, con mis amigas y gente cercana del hockey tuve cero problemas. En el club, justo, en ese momento no había ninguna otra chica que no fuera heterosexual, pero siempre me sentí cómoda con todas y cuando lo conté lo tomaron con total naturalidad. Hoy, cuando veo y sé que alguna de las chicas está dudando o, por decirlo de alguna manera, reprimida, me acerco y trato de ayudar, de ver cómo se siente y de aconsejarla. Con mi familia me costó un poco más hablarlo, pero no por ellos, sino porque en mi cabeza me adelantaba a la situación y me imaginaba los peores escenarios: que me rechazaran y pelearme con mi papá y mi mamá. Me daba miedo eso.

  • Y no fue lo que pasó, ¿no?

Para nada. Siento que tuve mucha suerte. Me daba mucha vergüenza hablar con ellos, entonces primero les conté por mensaje, para no decírselo en la cara. Fue mi forma de ablandar todo. Lo que recibí de ellos fue un montón de amor, fue superlindo. Debería ser normal la forma hermosa en la que ellos recibieron la noticia. Si en algún momento les costó entenderlo o sufrieron, nunca me lo hicieron saber, hacia mí solo mostraron aceptación. Mi familia ama a mi pareja y entre las dos familias se llevan muy bien. Estoy muy contenta con lo que formamos.

“Yo ya estoy pensando en que quiero ser campeona olímpica”.

La libertad ganada se acopló a la madurez adquirida, a las horas de concentraciones y la acumulación de convocatorias. Adquirió peso en el grupo, se ganó el arco y se convirtió en una de las referentes que reciben a las nuevas camadas de Leonas.

  • Quienes llegan, ¿ya tienen algo que las hace Leonas o eso se aprende?

Es un poco de las dos. Si llegás a ese nivel, es porque algo distinto tenés, ya sea en mentalidad o en habilidad. Y también hay mucho que se incorpora, como nos pasó a nosotras en su momento, de parte de las mayores. Hoy el grupo de referentes lo encabezan Majo Granatto y Agos Alonso, nuestras capitanas, y ellas nos ayudan a absorber todo para que seamos conscientes de lo que representamos. Otras hacemos lo mismo hacia las más chicas, que son como esponjas y lo entienden a la perfección. Para mí, Las Leonas tenemos un ADN particular que nos distingue, incluso, de todas las demás selecciones. Dentro del equipo hay valores y reglas propias.

  • Hay un prestigio, también, que cuidar: desde 1999 para acá son muy pocos los torneos en los que Las Leonas bajaron de semifinales…

Es una locura, sí. Sentaron un precedente y todas las camadas que vinieron después no quisieron ser menos. Todas las que estuvieron lo hicieron excelente, así se fueron manteniendo los títulos y los podios, y la vara está cada vez más alta. Eso te empuja a querer ser cada vez mejor, a no bajar los brazos y querer siempre más. Somos campeonas del mundo, pero yo ya estoy pensando en que quiero ser campeona olímpica. Es el hambre que te genera estar en este equipo.

  • Lo único que falta en esas vitrinas es la dorada olímpica…

Sí, es una espina en el historial de Las Leonas. Ojalá se dé en el torneo que viene. Con la base de este Mundial, vamos a tener un montón de jugadoras que tendrán una madurez tremenda. Hay que sumarle la frescura de las más nuevas y esa caradurez que traen de querer comerse el mundo y que no les importe nada. Va a estar muy bueno. Siempre competimos, pero ahora llegamos como campeonas y vamos a buscar ese oro sí o sí.

La arquera de Las Leonas, Cristina “China” Cosentino. (Foto: Nico Pérez).

EN LA ELITE MUNDIAL

Con su sobresaliente actuación en el Mundial, que incluyó dos atajadas en los shootouts (penales australianos, el método de desempate) en la final contra Países Bajos, Cosentino se ganó un lugar en la terna de las mejores arqueras del año en el mundo. Su rival en la final, Anne Veennendaal, y la australiana Jocelyn Bartram fueron las otras candidatas. El modo en que se tomó el reconocimiento refleja su manera de pensar: “Me dio mucho orgullo. Pero aunque no diría que no me importa, lo que más quería yo era que le fuera bien al equipo, que mis compañeras se sintieran cómodas conmigo en el arco y que confiaran en mí. Tener el reconocimiento de ellas es el mayor de los orgullos. Lograr el campeonato me dejó satisfecha y no necesito más nada”.

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