Es uno de los lugares más hermosos que conocí”, dice Pablo Aparo sobre las islas Malvinas. El realizador viajó tres veces para filmar su documental Los valientes. Además de la belleza de los paisajes, diferente a la proyectada desde el continente, lo impactó aterrizar en una zona militarizada, donde desde el momento de bajar del avión dejan en claro que no están permitidas expresiones a favor de la Argentina.
En pleno auge del reclamo por la soberanía de Malvinas tras el banderazo de la selección de fútbol en el Mundial y las últimas medidas del Gobierno nacional, se estrenó esta película que muestra la visión de los isleños respecto de la cuestión Malvinas. “Es una película controversial, hay gente a la que le van a caer mal algunas opiniones. Pero, en general, con quienes hablé se van con mucha incertidumbre, con ganas de pensar. Eso es fundamental, que inspire a entender un poco más allá y comprender la complejidad del asunto”, comenta sobre su documental, que ganó el premio a la Mejor Dirección de la Competencia Internacional y el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires en el Bafici 2026.
- ¿Con qué preguntas te volviste?
Me volví con varias revelaciones que me llenan de preguntas. Una es cómo ellos vivían antes y durante la guerra, y que después fue cambiando un montón. Otra es que ellos conocían lo que estaba pasando en la dictadura, antes del 82, se sentían invadidos y también tenían miedo a ser desaparecidos. Además, me enteré de que ellos están hace nueve generaciones ahí y yo estoy hace dos en la Argentina, y lo que siento por mi país es increíble, es un amor bastante inexplicable. Entonces lo que ellos sienten por el lugar donde viven, ese arraigo, es importante. Hay que asumir que hay gente en el medio de todo este lío. Al conocerlos, me di cuenta de que también ellos son parte de esta historia, esa puja interna mía en entender la causa y, al mismo tiempo, entender un poco qué les pasó a ellos y cómo ven nuestro accionar.
- ¿Te encontraste con algún isleño que tenía un discurso más argentino?
Rotundamente no. Y si cualquier persona tuviera algún acercamiento más a la cultura argentina abiertamente, sería muy difícil que pudiera vivir en ese lugar. No te pueden expulsar, pero sí pueden no darte trabajo o excluirte socialmente.
- ¿Tenían ganas de hablar?
Sí, me sorprendió mucho eso, mucha gente me dijo cosas muy íntimas. No sé si es algo de mi estrategia de “Vengo a escucharlos, no voy a discutir”.
- ¿Notaste prejuicios previos en los espectadores argentinos?
La mayoría me cuenta que va a ver la película con bastante prejuicio, incluso varios me dijeron que iban a pelearse con ellos y terminaron sorprendidos. Se da una conexión entre personas. A veces, el tema es lo que pasa por arriba, en cuanto a la política y los intereses que cada país tiene, pero en el medio de eso hay humanidades. Eso a la gente le está llegando, está buenísimo.
- ¿Encontraste puntos en común?
Hay cuestiones culturales que son muy distintas. Yo comparto mucho el humor con algunos de ellos, me he hecho amigos muy profundos, con algunos compartimos la pasión por el fútbol, por Messi. Después, me ha dicho gente que vive en el sur que los paisajes son bastante parecidos, la forma de vida de quien vive en el campo es bastante parecida, entonces sí, obviamente hay puntos en común.
- ¿Qué sensaciones tuviste al bajar del avión en Malvinas?
Es fuerte bajar. Al principio, más que nada porque bajás en la base aérea militar y con ciertas reglas muy marcadas para los argentinos, sobre respetar el lugar sin mostrar insignias argentinas ni banderas. Pero después, es uno de los lugares más hermosos que he conocido; es algo raro que se las muestre tan grises, vacías, hostiles. Sí, obviamente, es el sur, en el invierno nieva y es un poco hostil, pero también hay unos atardeceres increíbles con la nieve, son unos paisajes espectaculares. Mi intención era mostrar que las islas no son tanto como nos las pintan o como el relato nos las muestra, sino que también hay lugares muy bellos, para fomentar las ansias de recuperarlas, porque si no, estamos recuperando un pedazo de tierra gris y hostil que no tiene mucho sentido.
- ¿Te interesan las historias que nadie cuenta?
Sí, por casualidad empecé a hacer cosas con pequeñas comunidades, y se fue dando así, pequeñas historias de gente que quizás no están visitadas por otros relatos. Me siento cómodo en estos lugares. Y conozco gente, que es lo más lindo que me da el cine, conocer personas que quizás de otra manera no conocería.
CAFÉ CON CLÁSICO INGLÉS
Pablo no toma café, tampoco mate. Ambos le gustan, pero le hacen mal. Por eso, el clásico inglés le vino bien para sus días en las islas. “Allá se toma mucho té, rico. Tienen todo su ritual para la hora del té, lo dejan cinco minutos, después hacen tres sumergidas y lo sacan, tienen toda su forma especial”, cuenta. Entre los distintos viajes, pasó más de seis meses en Malvinas, tiempo en el que creció la amistad con Matt, quien le abrió las puertas de su casa en el campo y terminó siendo un gran personaje de esta historia.
Sus trabajos anteriores son La gente del río y El espanto, codirigidos con Martín Benchimol.






