JUAN FALÚ: “EL ARTE NO TIENE QUE NEGOCIAR NADA, SI NO, NO ES ARTE”

El guitarrista, compositor y docente tucumano celebra 60 años de trayectoria con discos, libros y shows. Charla con un hombre que ha compuesto cientos de obras musicales y sabe preparar comida árabe.
El guitarrista, compositor y docente tucumano celebra 60 años de trayectoria con discos, libros y shows. Charla con un hombre que ha compuesto cientos de obras musicales y sabe preparar comida árabe.

De las butacas del Teatro Comedia emerge una melodía. De espaldas, un hombre compenetrado con su guitarra, inclinado hacia ella como agradeciéndole al mismo tiempo que le pide más. Mientras un grupo de arquitectos hace una gira por las instalaciones del refaccionado espacio cordobés tras un incendio que lo dejó en desuso por más de diez años, el productor del músico ultima detalles de su concierto de esa noche y el fotógrafo de Convivimos prepara los flashes, Juan Falú sigue en la misma posición. Sus brazos entrelazados con la guitarra y sus manos acariciando las cuerdas. “Prefiero abrazarla, aunque a veces me contracture un poco”, confiesa el músico. Desde que la conoció no ha dejado de tocarla un día, y le provoca ternura pensar en ese niño que hizo de la guitarra su gran compañera. 

Tiene un apellido destacado para la escena folklórica nacional, sin embargo, le alcanza con “Juan” para definirse. Esas cuatro letras son suficientes para resumir un camino de seis décadas con grandes aportes al cancionero folklórico, como guitarrista y compositor. Fue en 1963 cuando se subió a un escenario por primera vez, en su Tucumán natal, y tocó Cañaveral, una zamba de su tío Eduardo Falú.

Para celebrar su trayectoria, pasó por Córdoba con el espectáculo Guitarra, canciones y palabras. 

  • ¿Esas palabras definen tus 60 años con la música? 

Para un título uno busca una síntesis, y se me ocurrió que para ese espectáculo la palabra “guitarra” tenía que estar primero, porque es lo que me define. Pero como también tengo un cancionero compuesto por mí, o sea canciones que tienen letra, entonces, la canción es en sí misma una entidad, como lo es la guitarra. Y “palabras”, porque me parece que es necesario decir en estos tiempos. Creo más en lo que se dice desde lo artístico, la canción, la poesía, la guitarra, la música. Además, creo en que la música sin palabras tiene un mensaje muy claro. Pero en realidad te confieso que me gustaría decir “Juan Falú” y listo. Es más, si pudiese decir solo Juan, me sentiría muy cómodo. 

  • ¿Lo que más de sentido llenaste es tu nombre?

Es que soy un fanático de la sobriedad cuando se desarrolla una actividad artística. No soy amigo de todo ese revestimiento que el artista, el propio mercado o a veces hasta el público requiere, que va desde la vestimenta hasta un discurso. Soy medio talibán en ese sentido, soy un defensor de la sobriedad, porque me hace más creíble y confiable el mensaje artístico. Y cuanto más sobrio y más sencillo, más llega en algún punto también.

  • ¿Juan y guitarra serían sinónimos? 

No. Pero en mi caso, si hay que mencionar al Juan guitarrista, me identifico más con el Juan que con el Juan Falú. O, mejor dicho, más con el Juan que con el Falú. Porque Falú es un apellido muy fuerte, muy poderoso, que representa también un mensaje artístico extraordinario. Yo tuve que hacer un camino no digo intencionalmente diferente, pero emocionalmente o psicológicamente me doy cuenta de que me fui diferenciando, pero como Juan. Entonces, el Juan representa el camino mío, con mis luces y sombras, con mis aciertos y errores. Juan es más rebelde, más nochero para aprender, más de reunirse para compartir la música, como si esa reunión fuese el ritual más sagrado de mi vida musical. Ese es Juan. 

  • ¿Qué ves cuando mirás para atrás? 

Lo primero es un adolescente tocando en un escenario de Tucumán, con mi padre escuchando, porque me doy cuenta de que yo estaba muy pendiente de la mirada de ese padre, de ser aprobado. Entonces, si pienso en ese recuerdo, pienso que tuve un camino para buscar esa aprobación. Y eso, en algunos momentos, puede llevar a tensiones, a preocupaciones, inclusive a frustraciones, pero si miro todo el camino, estoy muy conforme con lo andado.

“La guitarra es un símbolo cultural muy poderoso en nuestro país”.

  • ¿Te sentís orgulloso de lo recorrido?

Siento como que he cumplido una tarea.

  • ¿Mirás el pasado con nostalgia?

Sí. Por ejemplo, ayer veía unos trompos y un balero míos, y recordar la infancia es hermoso, y hay algo de nostalgia ahí, porque es recordar momentos de una plenitud, algo parecido a lo que se llama felicidad, en esos niños en la calle jugando y haciendo las primeras amistades. Soy nostálgico, sí. Ahora tengo una nostalgia condicionada por el contexto político, porque, bueno, soy un argentino más que cree que vivimos una pesadilla y que hemos pasado por un gobierno anterior a este que nos dejó muchas frustraciones. Entonces, uno siente nostalgia por un lenguaje y una práctica de la política que sea diferente. 

Juan Falú. (Foto: Sebastián Salguero).

TUCUMANO Y COMPROMETIDO

La celebración por los 60 años de carrera además incluyó el lanzamiento de dos libros, Tucumano soy y Como otros Juanes, donde recopila gran parte de su obra a través de partituras, letras, audios y relatos. Reunió un total de 150, y sumados a las publicaciones, los convirtió en ocho discos conceptuales. 

Sus contribuciones a la música popular exceden los escenarios y estudios de grabación. En estos 60 años también se consolidó como referente de la cultura popular, por ejemplo, fundó el Festival Guitarras del Mundo y creó dos carreras de música argentina. 

Recibido de licenciado en Psicología, durante su juventud fue militante político y, perseguido por la última dictadura militar, tuvo que exiliarse en Brasil, donde terminó de asumir su identidad musical. Hoy vive en Buenos Aires, este mes cumple 78 años y sigue siendo una persona comprometida con su tiempo.

  • Entre las guitarras del mundo, ¿la argentina es diferente? 

Lo es. Primero, es uno de los países –o tal vez el país– donde más se toca la guitarra, y yo diría donde mejor. Pero no la guitarra clásica, la universal que se toca en todo el mundo, sino la guitarra que interpreta la música de la propia tierra. En ese sentido, es muy desarrollada la guitarra argentina, porque se escogió también como un instrumento solista, como en los casos de Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui y varios más. Pero también la guitarra ensamblada, como las cuyanas, las tangueras. Actualmente, ha florecido la guitarra en el litoral y es increíble la cantidad de guitarristas extraordinarios que hay. Y la guitarra de la llanura, la pampeana bonaerense, que es de una gran profundidad sonora que revela otras profundidades. Es un símbolo cultural muy poderoso en nuestro país. 

  • ¿Es el instrumento más patriótico?

Sí, sin dudas.

  • ¿Cómo ves la escena folklórica? 

Siempre hay una escena folklórica mediática y otra que no lo es. A mí me gusta más esta segunda opción, porque sé que hay músicos y músicas extraordinarias a nivel de la interpretación, de la creación, y me recuesto más en ese lado. A veces siento que estoy en posiciones muy radicalizadas en ese sentido, porque no las negocio, ya están afianzadas, forman parte de mis opciones de vida.

  • ¿Qué no debería negociar la música folklórica en esta actualidad? 

El arte no tiene que negociar nada, si no, no es arte. Y la música folklórica, me parece que tiene algo muy poderoso que hay que valorar y fortalecer, y es que contiene tradición, pero también la posibilidad de la transformación. Por suerte, ya no tenemos la grieta enorme que antes había entre tradicionalistas y renovadores, eran como polos opuestos. Veo que se puede; en las nuevas generaciones que hacen folklore hay herramientas como para amar la tradición y poder recrearla con nuevas ideas. Yo me enrolo en esa posición, pero no es que sea lo más frecuente. Si tengo que sugerir algo, es que se busque ese tipo de puente entre el ayer y el mañana.

PING-PONG   

¿Una comida?  La árabe. Sé cocinarla.

¿Qué te hace bien tucumano? La tonada no la negocié nunca. Y las vivencias que me marcaron, como las ruedas de guitarreadas, es lo que más busco cuando regreso. 

¿Un paisaje de la Argentina? Las montañas altas. 

¿Un acorde de la guitarra? La mayor, porque aprendí la primera zamba.

¿Un folklorista de la escena no mediática? Carlos Moscardini y Lilian Saba.

¿Tu canción en estos 60 años? Una que no hago casi nunca y que está dedicada a un hermano secuestrado por la dictadura, se llama Remanso azul.

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