Ahora le dicen aura, pero se lo puede llamar de distintas maneras. Ángel, magia, oportunismo, una cuota de suerte, talento: todo aquello que se conjuga en lo que convierte a una delantera en una goleadora y a una goleadora en salvadora. En las grandes citas, en esos partidos en los que es imperioso que alguien destrabe el asunto, es donde estas jugadoras aparecen. A sus 17 años, todavía en edad escolar, Mercedes Diz ya demostró que reúne esas condiciones.
A fuerza de goles, en dos años la joven delantera pasó de su club local en Navarro, provincia de Buenos Aires, a las inferiores y luego a la Primera de River. Su rendimiento le valió la convocatoria a la selección sub-17 primero, y luego fue parte también de la sub-20 y de la mayor. Con la sub-20, un triplete suyo a Colombia selló la clasificación al mundial de la categoría. En su debut con la selección mayor, apenas pisó el campo de juego, recibió en el área un pase de Florencia Bonsegundo, la paró con derecha y de zurda la clavó junto al palo. Otro gol que valió un ticket mundialista. “Estábamos entrando en calor, y cuando dijeron ‘¡Mechi!’, me empezó a doler la panza. Son esos nervios lindos, la ansiedad de entrar y poder ayudar al equipo. Ni me acuerdo lo que hice, veo el video y me sorprende el golazo y su significado. No lo podía creer. Gritaba el gol, veía a mis compañeras y abría los ojos, miré a mi familia en la tribuna como diciendo ‘¿Qué acabo de hacer?’. Es el sueño que tenía de chiquita. Mejor, imposible”, recuerda.
El fútbol es parte de su vida desde siempre. Su papá, Facundo, hoy intendente de Navarro, jugó en varios clubes del ascenso argentino y ascendió a Primera con Quilmes. Mercedes, junto a su familia, lo acompañaron a cientos de canchas y siguieron muy de cerca su carrera. “Fue mi ídolo toda mi vida. Jugaba y entrenaba con mucha garra, salía a cada partido con el corazón y por eso es reconocido. Íbamos todos a los partidos, era nuestro plan familiar. Era algo hermoso ir, más si metía goles y salía contento con el resultado. Al verlo a él, siempre supe que yo iba a ser futbolista”, cuenta.
- ¿Te diste cuenta de muy chica de que tenías condiciones?
No sé, siento que me entendía con la pelota y disfrutaba jugando. Las ganas están desde el principio, y por eso puse y pongo todo para que me sigan pasando cosas buenas. Yo sabía que algún día iba a jugar en River, se lo decía a todos. En mi casa me apoyaban, en otros lados me repetían que este es un deporte de hombres…
- ¿Quiénes te decían eso?
Todos. En el jardín, por ejemplo, algunas maestras no me dejaban jugar en el recreo a la pelota y me sacaban. Los varones jugaban, pero no querían que lo hiciera yo. Me quejaba con mamá y ella iba a hablar. Son situaciones por las que creo que toda chica a la que le gusta jugar ha pasado.
- Cuando eso no sucedía y jugabas con varones, conseguías destacarte…
Sí, soy lo más competitiva que hay, y aunque obviamente tenían más fuerza, me la bancaba. La primera vez que me vieron de River, a los diez años, era una prueba para varones. Yo fui igual con mi papá y Diego Barrado, amigo suyo y exjugador del club. Estaba vestida como para jugar, me dejaron entrar un rato y metí un gol de tiro libre. Máximo Gallardo, el papá de Marcelo, me vio y me quería llevar. Pero mis papás no me dejaron. Dos años después, otra vez tuve la oportunidad y de nuevo debí quedarme en Navarro.
- ¿Cómo tomaste tener que dejar pasar la chance?
Me frustraba la situación, porque no podía cumplir mi sueño. Pero me lo explicaron y lo entendí. Era muy chica como para irme sola, tenía que vivir mi infancia. Esperé hasta que mis hermanas mellizas, tres años más grandes que yo, se mudaron a Buenos Aires para estudiar. Ahí aproveché, a mis quince. No me gusta mucho decirlo, pero en mi club de allá, EFIN, sentía que estaba para algo más, y con el tiempo lo demostré.
- En dos años ya debutaste profesionalmente y fuiste a tres selecciones, la de tu categoría y dos más grandes…
Sí, cuando llegué no entendía nada, venía de un fútbol muy amateur. Pero fui creciendo, me adapté y me desarrollé. Nunca tuve apuro de nada, solamente me dediqué a jugar y disfrutar. Al jugar no siento presión, es lo que me gusta hacer, así que cuando entro a la cancha no pienso mucho, solo presto atención y disfruto el momento.
- En septiembre se juega el mundial sub-20, en octubre el sub-17 y el año que viene el de mayores. Sos parte de los tres grupos, ¿en cuál te ves jugando?
Ojalá pueda estar en los tres, sería hermoso. Me encanta cada vez que visto la camiseta argentina, es algo único. Me voy a esforzar para tratar de que me convoquen a todos.
COLEGIO
Además de meter goles en tres seleccionados distintos y de buscar con River el primer título del club en la era profesional del fútbol femenino, Mercedes tiene como objetivo terminar el colegio secundario en tiempo y forma. Para eso, está inscripta en una modalidad que le permite estudiar y presentar trabajos prácticos y exámenes de forma on-line, asincrónica, y complementar el colegio con sus entrenamientos, partidos y viajes. “Lo llevo bien, tengo todo al día. Me gusta el colegio y me siento cada día, en el horario que pueda, a hacer los deberes para aprobar las materias”, cuenta la goleadora.






