JULIETA ZYLBERBERG: “NO SÉ SI VOY A ACTUAR TODA LA VIDA”

Ejerce su profesión desde niña, con la diversión y el placer como ejes. Liviana, transita entre proyectos diversos y no se ata a ninguna máxima. El oficio como trampolín y nunca como jaula.
Ejerce su profesión desde niña, con la diversión y el placer como ejes. Liviana, transita entre proyectos diversos y no se ata a ninguna máxima. El oficio como trampolín y nunca como jaula.

Se mueve y habla sin peso ni fricciones, y de esa forma fluye también por una carrera profesional que es y no es su vida. Es, porque la acompaña desde niña, porque fue un descubrimiento temprano que produjo tanto alivio como diversión, un juego que, décadas más tarde, se mantiene vivo. Y, al mismo tiempo, no es, porque no lo carga con esa presión, lo ejerce porque puede y quiere, no porque sienta que lo necesita y que no sabría qué hacer si se alejara.

Hay algo zen en Julieta Zylberberg, en su modo de no atarse a dogmas y de enfrentar lo que tenga adelante con atención plena. Cada personaje tiene un abordaje particular, y no hay una proyección a futuro, no al menos en términos de plan, sino que las decisiones se toman en el camino, frente a las posibilidades que surgen o se impulsan. Así, en general, se permite el lujo de trabajar en espacios donde percibe que se sentirá acompañada, contenida y con la posibilidad de jugar. “En mi trabajo, lo más importante es la gente con la que te rodeás. Es casi el 95 por ciento del trabajo, me fijo mucho en eso cuando me llega una propuesta. Obvio que no siempre se puede trabajar con amigos, pero quizás sí con gente en la cual confiás, que te gusta lo que hace y que tiene una mirada amorosa hacia el proyecto. Jugar es mi vínculo con el trabajo, no lo puedo ver de otra manera. Por eso hablo de amigos, de ir a comer, de charlar. Es una actividad que se eleva en sí misma con el placer, con lo lúdico”, explica.

  • ¿Cómo vas buscando al personaje?

Depende, hay distintas maneras de acercarse a un personaje o a una historia. A veces es más por un lado, a veces es más por el otro y se va construyendo con el director y con los compañeros. En la serie Yiya, por ejemplo, me hizo acordar mucho a mis clases de teatro, fue como ponerme un disfraz y estar lista. Fue bien exterior por donde llegó, y, recién después, pensarlo. Se me hizo carne el personaje de una manera muy rápida, como algo físico, con un disfraz, una capa. Nada que ver con Prima Facie, donde la búsqueda fue otra. Fueron dos universos diferentes. Pienso que no tengo que contar con una técnica de acercamiento, sino ser permeable a lo que el proyecto requiere de mí.

  • ¿Eso lo descubrís en los ensayos?

Sí, un poco también en la lectura del proyecto, a veces mientras lo hacemos. En los ensayos soy muy vaga, yo ya quiero siempre estrenar o filmar, ir a los bifes. Soy muy intuitiva, voy instintivamente. Siento vértigo al empezar, siempre pienso que no tengo ni idea, pero hay una confianza ciega, en el fondo, de que en un momento se va a armar. No me gusta sufrir. Confío en que se me va a aparecer una manera de encontrarlo. Y siempre la encuentro, no me desespero. Hace doscientos años que hago esto, eso me calma. 

Julieta Zylberberg. (Foto: Nico Pérez).
  • ¿Esa confianza es en vos o en algo más?

Trato de rodearme bien, de trabajar con gente que me dé seguridad. Si no siento seguridad, me da desconfianza o no me gustan sus trabajos anteriores, no me voy a sentir relajada, voy a estar más como en una batalla interna permanente. Así que, también por eso, trato siempre de trabajar con gente que quiero, que admiro y en la que confío.

  • ¿Lo instintivo tiene más protagonismo que la planificación?

Totalmente, no soy para nada planificada. En mi carrera y en la vida voy así. No miro mucho hacia adelante. Mi mayor planificación es que siempre pienso en el verano, en qué quiero hacer en las vacaciones. Después, creo que la vida cambia mucho y es un permanente movimiento, y no hay que resistirse a lo que va transcurriendo. Me parece la manera más feliz de vivir.

De chica, tomó clases de teatro con Nora Moseinco. Desde ese semillero de talentos pudo jugar en serio, mantener lo lúdico en espacios cuidados y de relevancia para el público, con profesionalismo entre la diversión. Integró el elenco infantil de For Fai, programa de culto producido por Moseinco y conducido por Mex Urtizberea, de donde surgió una amplia camada de actores y actrices. Luego paseó esa desfachatez por proyectos de todo tipo, desde un magazine junto a Urtizberea hasta una larga lista de tiras televisivas, series, películas y obras de teatro. Por estos días explora, también, las particularidades narrativas de la ficción en formato vertical, hecha para ver en celulares y con un ritmo acelerado: “Es muy distinto el volumen expresivo, todo es más condensado. Hay que estar atento, porque un segundo es medio capítulo. Para mí fue una experiencia divertida, porque trabajé con gente amiga y muy divina”, cuenta.

En pandemia, le dio más espacio a algo que siempre le gustó hacer, como cantar. Subió algunos videos a sus redes interpretando canciones, y junto a su amigo Manu Hattom se juntaron a componer, grabaron y publicaron la canción Ojos de planeta, y la presentaron luego en vivo.

  • ¿Cómo viviste ese proceso?

Componer una canción fue muy diferente a lo que suelo hacer, y es difícil. Debe ser condensado y te tiene que gustar el sonido de las palabras que elegís. Fue relindo, me encantó. Toda mi vida canté, pero para lo musical siento que hace falta mucho tiempo que yo no tengo. Manu siempre me invita a que hagamos algo. Hicimos un show que se llamó Fuego de noche, medio fogón-show, y estuvo buenísimo. Queremos hacer otro, pero ahora estoy los fines de semana en el teatro. Me divierte, pero no es más que eso, un gusto. No pienso en volverlo un trabajo. Además, me falta mucho, nunca me formé en esto.

Julieta Zylberberg. (Foto: Nico Pérez).
  • En teatro también dejaste de estudiar medianamente temprano, porque empezaste a trabajar muy rápido y dejaste, ¿no?

Sí, pero hasta los 17 o 18 años, desde los 8, siempre estudié. Y después, el trabajo mismo te da muchísima formación. Hay momentos para cada cosa, creo. Ahora no me dan ganas de meterme en un taller, por ejemplo. Pero el año pasado filmé una película con Martina Juncadella, que también fue alumna de Nora, y en un momento no sabíamos cómo encarar una parte de la película, así que le dije “Vayamos a lo de Nora y que nos ponga a actuar”. No sabía por dónde entrarle a una situación del personaje, recurrimos a ella, nos juntamos y lo pensamos juntas, y estuvo buenísimo. Ese laburo con ella me encanta, siento que ella es mi docente.

  • ¿Qué tan diferente es tu maternidad con cada uno de tus hijos?

Tuve a Luis a los 29 y a Florián a los 40, no puedo ser la misma mamá para los dos. Yo tampoco soy igual, ahora tengo menos ansiedad. Antes no quería perderme de nada y ahora me relajo mucho más. Lo que le divierte a uno, con el otro no resulta; uno me necesita más presente, el otro tiene otros tiempos. Hace poco, Luis me dijo “Me estás llamando cada diez horas, mamá, no tengo más nada para contarte”. Entendí que las personas ocupamos mucho espacio y hay que saber correrse para que aparezcan las otras personas. Si uno cubre todos los espacios, es muy difícil que los hijos aparezcan y que sean. O les cuesta mucho esfuerzo. Creo que los padres nos tenemos que hacer a un lado. Siempre estar ahí, en paralelo, mirando, pero poder correrse del centro de la escena de ellos. Pienso que es importante saber correrse de los lugares, en general.

  • Encontraste muy rápido tu vocación, ¿cómo acompañás las búsquedas de ellos?

A mí me parecía algo muy natural que a cualquiera le gustara la actuación. Intenté meterlo a Luis, que es superhistriónico y gracioso, en teatro, pero nada que ver. Me dijo que no le gusta y no entendía cómo no se divertía en algo que a mí me parece tan divertido. Pero se ve que no a todo el mundo le gusta lo mismo… Pienso que tuve suerte, porque es difícil darse cuenta de lo que a uno le gusta en la vida, y haberlo sabido de tan chica también me facilitó un poco las cosas.

Julieta Zylberberg. (Foto: Nico Pérez).
  • ¿Alguna vez tuviste conflicto con esto? ¿Pensaste que al final no te gustaba tanto? 

No me pasó, pero tampoco pienso en que dure toda mi vida. Un día, en una nota, escuché a una actriz que decía “Si no actúo, me muero”. Yo creo que puedo no actuar. Lo disfruto un montón, pero no sé si me veo a los 70 años yendo a filmar durante diez horas. Quizás sí haga alguito. No sé si voy a actuar toda la vida, no pienso en nada para siempre. Estoy segura de que no actuaría porque sí. Cada vez más quiero actuar solo en las cosas que elijo, y no estar atada. Hay cosas que me encantan, proyectos que tengo ganas de hacer y que me entusiasman mucho, y otras cosas que también me gustan y hago para vivir porque es necesario. Pero me gusta la sensación de que sea algo no obligatorio, no prepactado hasta que la muerte me separe.

  • ¿Cómo te llevás con la mirada ajena o con lo que esperan de vos?

Trato de no hacerme mucho cargo, soy bastante negadora. Cuando hay que ser negador, me parece que está bueno serlo. Si no, estamos muy a la orden de lo que se espera, y no me gusta eso. Todo se va disipando, y creo que funciona. Todo esto es una búsqueda de la felicidad, del bienestar. Lo más que se pueda, yo quiero estar bien y disfrutar en lo que hago. No me quiero alejar de eso, porque en cuanto me alejo de eso, me altera la vida. Algunas veces me tocó trabajar en lugares donde me daba fiaca ir, y me parece muy feo. Creo que sale mal, que actuás mal cuando es así.

TEATRO Y PROYECTOS PROPIOS 

Actualmente, Julieta protagoniza dos obras en el teatro El Picadero: Prima Facie, unipersonal que le valió nominaciones a premios, donde interpreta a una abogada que defendía a abusadores hasta que se convierte en víctima; y Carrera de fondo, adaptación del libro de Nadine Lifschitz, con Gadiel Sztryk como compañero de elenco y dirección de Mariana Chaud. Junto a Juan Minujín, comenzó la filmación de la nueva película de Diego Lerman, con quien trabajó en La mirada invisible.

En paralelo, con su pareja, el actor y realizador audiovisual Agustín Toscano, escribieron algunos proyectos que esperan ver la luz. Entre ellos, una serie en tono de comedia romántica (“Un género que me fascina”, dice).

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«No miro mucho hacia adelante. Mi mayor planificación es que siempre pienso en qué quiero hacer en las vacaciones».

 

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