FRANCO DAL FARRA: EL HOMBRE DE LA NIEVE

Cuarto integrante de su familia en competir en el circuito olímpico, es el mejor esquiador del continente y dos veces abanderado argentino. Referente del deporte en general, asume su responsabilidad.
Cuarto integrante de su familia en competir en el circuito olímpico, es el mejor esquiador del continente y dos veces abanderado argentino. Referente del deporte en general, asume su responsabilidad.

Nacido y criado entre montañas, con una herencia deportista y olímpica, Franco Dal Farra siempre estuvo ligado a la nieve y el esquí. Sin embargo, aunque todo indica que continuó un legado, siguió un camino propio que lo condujo a lugares conocidos, pero con una perspectiva personal y singular. Fue campeón argentino y representante a nivel continental en remo, se decantó por el esquí y subió aún más escalones, hasta convertirse en el mejor sudamericano de su disciplina y dos veces abanderado de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de Invierno (en ambas ocasiones, junto a Francesca Baruzzi). “Nunca me propuse específicamente alguno de estos resultados. Simplemente quise estar cada vez más cerca del nivel más alto posible. Ganarle a cinco, a diez, a veinte o a treinta, escalar poco a poco para subir lo máximo que pueda. Producto de eso, de repente me encontré con que era el mejor esquiador de Sudamérica”, cuenta.

  • ¿Qué implica eso para vos? ¿Y cómo asumís, además, ser abanderado argentino?

La primera vez fue sorprendente, no lo esperaba. Creo que llegué donde llegué porque siempre me tomé todo con responsabilidad y entendí que ser parte de un equipo nacional no es solo un orgullo grande, sino que requiere compromiso. Estoy en un lugar en el que recibo mucho apoyo de mucha gente, hay un equipo grande detrás y no puedo desperdiciarlo, no puedo defraudarlo ni defraudarme a mí mismo. Encaré mis entrenamientos y competencias de esa forma y así construí el atleta que soy ahora. De a poco gané cosas y obtuve reconocimiento. No me cambió la forma de ser, porque ya traía esa responsabilidad de antes.

Comenzó a esquiar a los cuatro años. Ir a la montaña y hacer deporte en ella era un plan familiar (su mamá y uno de sus tíos compitieron en los JJ.OO. de Invierno de 1992, y su hermano mayor lo hizo en los JJ.OO. de la Juventud). Con el tiempo, sumó otros deportes a su rutina semanal y, entre ellos, el remo fue el que más lo enganchó. “El esquí solamente se hace durante tres meses al año en Bariloche, que son los meses de nieve. Necesitaba algo para hacer el resto del tiempo, siempre hice muchos deportes, y me sentía mejor con los individuales. En los deportes de equipo me hallo, implica formar parte de algo, pero soy más individualista y quiero que el resultado dependa de mí. Por eso el remo me atrajo más. Aparte, es muy compatible con el esquí de fondo a nivel físico y de entrenamiento. Empezó como algo que hacía mientras no podía esquiar y terminó convirtiéndose en mi actividad número uno”, relata.

  • ¿Por qué a la hora de elegir preferiste el esquí?

Cuando tuve que tomar la decisión, me di cuenta de que disfrutaba más los días de entrenamiento de esquí que los de remo. Pero por poco. Fue una decisión difícil y podría haber sido al revés. Creo que tuvo que ver la libertad y la fluidez del esquí. Es muy cambiante, mientras uno avanza por la pista hay subidas que son lentas, bajadas a mucha velocidad en las que entrás en un estado de flow, momentos planos que pueden ser monótonos, pero seguidos de curvas y bajadas… En el remo son todas rectas, idas y vueltas con un mismo movimiento. Analizando eso, supe que disfrutaba más el esquí.

  • De chico era un juego, ¿seguís divirtiéndote al esquiar? 

Depende del día, pero sí, casi siempre. Las competencias son una batalla mental para mantenerse concentrado y tratar todo el tiempo de hacer lo posible para ir más rápido en todas las partes de la pista, siempre con mucho dinamismo. El terreno va cambiando a medida que uno avanza, la pendiente se hace más o menos empinada, entonces la técnica que hay que aplicar es distinta, requiere una concentración específica para cada parte del terreno.

En medio de sus entrenamientos y viajes, Franco se las arregló para recibirse como ingeniero electrónico el año pasado en la Universidad Nacional de Río Negro. Con la misma disciplina con la que organiza su calendario deportivo, planificó cursadas y exámenes. Ya sin toda la carga del estudio, encara ahora su tercer ciclo olímpico, con el objetivo de estar en los JJ.OO. de Los Alpes en 2030. El plan, año tras año, lo estructura de un modo similar: “Participo a partir de agosto en competencias en el hemisferio sur, repartidas entre la Argentina y Chile. No busco un resultado, sino participar, para alcanzar mi pico de rendimiento en el invierno del hemisferio norte, en el circuito de Copa del Mundo y el Campeonato Mundial. Este año, el gran objetivo es en febrero, en Suecia”, detalla.

LEVANTAR LA VOZ

Franco utiliza sus redes sociales para expresarse sobre las condiciones en las que se realiza su deporte en Bariloche. Se manifestó de forma crítica ante las dificultades para acceder al cerro Catedral que impone la empresa encargada de su explotación comercial: “Solo velan por lo económico y turístico. La parte deportiva, que tienen que cumplir por contrato, parece ser una molestia para ellos. Yo soy privilegiado y tengo un pase de fondo federado por competir, pero no me gusta que la pista sea cada vez más angosta ni que cualquier persona que quiera hacer el deporte sin estar federada no pueda acceder a ningún pase para desarrollarse”.

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