Un amplio estudio internacional publicado en Nature ha identificado 1.260 variantes genéticas asociadas a los cinco grandes rasgos de la personalidad, conocidos como el modelo de los Big Five. El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad Estatal de Michigan (EE UU) y coordinado por el consorcio Revived Genomics of Personality, analiza datos de hasta 1,14 millones de personas de 46 cohortes de todo el mundo y refuerza una idea ya conocida: la genética y el entorno interactúan de forma compleja para dar forma a quiénes somos.
No existe un “gen de la personalidad”. Cada variante individual tiene un efecto minúsculo —en el caso de la extraversión, por ejemplo, una variante típica apenas desplaza a una persona del percentil 50 al 50,35—, pero el efecto acumulado de muchas de ellas resulta más significativo. En conjunto, las variantes comunes explican entre el 4,8 % y el 9,3 % de las diferencias en estos rasgos (y hasta un 13 % aproximadamente cuando se corrige la imprecisión de las medidas). El resto se debe al entorno, las experiencias vitales y factores que aún no se capturan del todo en estos análisis.
El estudio se centró en las dimensiones clásicas de la personalidad:
-Extraversión: sociabilidad, asertividad y nivel de energía.
-Amabilidad: compasión, respeto y confianza.
-Responsabilidad (o conciencia): organización, productividad y sentido del deber.
-Neuroticismo: ansiedad, depresión y volatilidad emocional.
-Apertura a la experiencia: imaginación, curiosidad y sensibilidad estética.
De las 1.260 variantes localizadas, 824 no se habían relacionado antes con la personalidad. El aumento es especialmente notable en algunos rasgos: las asociadas a la responsabilidad pasaron de apenas tres conocidas a 131. Los vínculos genéticos se mantuvieron consistentes entre países, edades y métodos de medición, e incluso se confirmaron mediante comparaciones dentro de familias, lo que descarta que se deban principalmente a una educación compartida. Las mismas variantes que predicen extraversión en un joven adulto de los Países Bajos lo hacen también en un jubilado de Estados Unidos.
Las asociaciones van más allá de la personalidad. Las variantes vinculadas a la responsabilidad se relacionan con mayor actividad diurna; las de apertura a la experiencia y extraversión, con mayor tendencia a ser noctámbulo. Las asociadas a la apertura predicen mudanzas a barrios más cosmopolitas… y vivir en esos entornos puede, a su vez, reforzar ese mismo rasgo. El neuroticismo genético se asocia a más ingresos hospitalarios. En conjunto, estas variantes también predicen, en parte, aspectos de salud mental y física, longevidad, educación y trayectorias profesionales.
Ted Schwaba, autor principal y profesor de Psicología en la Universidad Estatal de Michigan, resume el hallazgo con claridad: “No existe un único ‘gen de la personalidad’, sino que sus rasgos están asociados a numerosas variantes genéticas, pero incluso los efectos más importantes de las variantes individuales siguen siendo muy pequeños. Sin embargo, los efectos de muchas variantes juntas pueden ser más significativos”.






