FLOPPY RIVERO: «SOY REVOLUCIONARIA CIEN POR CIENTO»

La cordobesa, una especie de rockstar del color y el estilismo, acaba de sacar un libro donde cuenta su camino para convertirse en “la peluquera under” y romper mandatos del oficio.
La cordobesa, una especie de rockstar del color y el estilismo, acaba de sacar un libro donde cuenta su camino para convertirse en “la peluquera under” y romper mandatos del oficio.

Floppy Rivero revolucionó el mundo de la peluquería cuando dejó de asumirse como una peluquera “tapacanas” y pasó a definirse como “la peluquera under”. 

Como en la música, tuvo que armar una escena alternativa, porque su forma de ser y ejercer el oficio no encajaba en los espacios más importantes del rubro. 

Nacida en una familia pobre, dice que logró salir de su cuadra para encontrarse con el mundo. En el camino, entendió que no hace falta tener masters ni trabajar con una determinada marca para triunfar en la profesión. 

“No se trata solo de plata, sino de decisiones y de sostenerlas”, asegura quien se define como “artista del cabello”. Toda su experiencia y fascinación por el color la cuenta en el libro Distinta en un mundo de fotocopias.  

“El rosa es mi color principal, lo adopté. Cuando era chica no tenía nada rosa, porque la ropa que usaba era la que tocaba en la bolsa de donación, y todo era de varón. Soñaba que era una princesa de vestido rosa en un castillo rosa”, confiesa. Hoy se siente así, aunque su castillo es blanco, una antigua casona en Unquillo, Córdoba, donde sus clientas pasan horas, algunas se ponen a trabajar mientras toma la tintura, otras se hacen amigas entre ellas. 

Lo único negro entre sus cosas son las valijas con las que viaja a dar capacitaciones por distintos países y provincias de la Argentina. A donde sea que se presente es furor, y en muchos de los eventos agota entradas. Además, cuenta con su propia academia, organiza un encuentro anual, tiene un local donde vende productos para el pelo y diseña elementos de peluquería útiles que faciliten el trabajo de sus colegas. Lo último, unos peines para mechas. 

Detrás de la marca hay dos personas. Además de Floppy, está Daniel Sklofsky, su marido, socio y “Chat GPT”. Él aporta la faceta comercial, y ambos coinciden en que en todo proyecto exitoso siempre “hay equipo”. 

  • ¿Distinta se nace o se hace?

Se nace. Está en una identificarlo. Esto de salir de la zona cómoda en donde estás, de buscar algo distinto, de replantearte dónde te tocó crecer, porque en el momento no lo podés cambiar, pero una vez que pasás la adolescencia, que sos grande y que tenés poder de decisión, podés salir. Todos nacemos distintos. Hay gente que prefiere la comodidad y otra la incomodidad. Yo prefiero la incomodidad siempre. Antes, en las clases decía que eliminen el miedo y la perfección, porque son dos cosas que atan un montón. Después, descubrí que la comodidad también ata.

  • ¿Por qué te definís como artista? 

Si me dicen peluquera o estilista, no hay ningún problema, pero me defino más como artista porque siento que la peluquería tiene un lado muy artesanal que no todo el mundo sabe ver. No es matemática, no es que decoloro a blanco y pongo lo que quiero, hay todo un análisis, un desarrollo, una conexión con la clienta de hasta dónde le podés dar. Alternativas que nadie te las comparte, no sé por qué. 

  • ¿Por qué sos generosa con tus conocimientos y experiencia? 

Porque nadie lo fue conmigo. En todo lo que hago pienso en lo que me hubiese gustado recibir a mí. Cuando empecé con los vivos en Instagram, una vez me llegó el mensaje de una señora peluquera que me decía que era una falta de respeto que estuviera contando cosas que se suponía que eran secretas, como una fórmula. Ahí dije “Esto no puede ser así, no puede esta señora replicarse en todos mis colegas”, y empecé a compartir. Luego, entendí que es imposible que yo pierda clientes en mi peluquería por haberte enseñado a vos, porque tu identidad no sé si es lo que busca mi cliente. Es como el mago que sale a contar todos los trucos, sí, y no importa para nada. Pero no por rebelde, todo lo contrario, no perjudicás a nadie, estás ayudando, estamos haciendo que el colega se valore, valore su trabajo, y pueda hacer cambios.

  • Además de under, ¿sos revolucionaria? 

Sí, cien por ciento. Pero es muy ingenuo desde el lado que lo hago, que es lo que hace que te puedas sostener. Cualquiera puede llegar, pero sostenerse en el tiempo va a ser posible si lo hiciste de una forma natural. Se fue construyendo y se fue dando así. Y sí, hemos cambiado un montón el mundo de la peluquería, mucho. 

  • ¿El libro sintetiza este proceso y arranca una nueva etapa? 

Siempre arrancamos una nueva etapa. Cada año es distinto al otro. A mitad de año planificamos la primera mitad del que viene. El libro es parte de todo este proceso, y no queríamos compartirlo solo con el mundo de la peluquería, sino que otra gente con alma emprendedora pudiera leerlo y darse cuenta de que no limitan estas paredes, ni el marido, ni el jefe, tampoco los hijos, nadie. 

  • ¿Qué ingredientes componen tu fórmula para ser distinta? 

La esencia y la identidad lo son todo. Coherencia. Ser coherente entre lo que decís, hacés y mostrás.

CAFÉ CON MÍSTICA 

Floppy no toma café. De vez en cuando, después de una comida, si está con alguien, comparte un “café chiquito, negro, simple”. “Soy del mate cocido. A donde vaya –por ejemplo, este mes me voy a Marruecos–, no me falta el saquito de mate”, cuenta. En el salón, donde está armando una especie de museo con sus primeros delantales, tijeras y tickets de sus eventos, toma mate.

Este mes, en Carlos Paz, llevará adelante la tercera edición del Festival Mística, un encuentro para estilistas que crece año tras año.

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