UNA ALIANZA ESTRATÉGICA

La relación entre Martín Miguel de Güemes y José de San Martín se inició en 1813, cuando el caudillo salteño fue enviado a Buenos Aires por orden de Belgrano. 

San Martín había llegado hacía poco más de un año desde España y había fundado con otros patriotas la Logia Lautaro, una sociedad secreta que tenía como objetivo consolidar la revolución e idear una estrategia militar para lograr la tan añorada independencia. En poco tiempo, el Gran Jefe se había transformado en una figura ascendente en el panorama político-militar rioplatense, particularmente después de la contundente victoria de San Lorenzo, lo que determinó que el Segundo Triunvirato lo pusiese al frente del Ejército del Norte en reemplazo de Belgrano. 

Güemes, por su parte, quería volver a su provincia y a la lucha contra los invasores, de modo que se apresuró a ofrecerle sus servicios al líder al que ya admiraba: “Consiguiente con mis sentimientos, y no pudiendo mirar con indiferencia los peligros de la patria, me ofrezco a partir bajo las órdenes del coronel de Granaderos José de San Martín”.1 El entonces coronel tenía buenas referencias de la actuación del salteño en las invasiones inglesas dadas por su amigo Juan Martín de Pueyrredón, y no dudó en avalarlo ante el gobierno y sumarlo a las filas del Ejército Auxiliar. Meses más tarde, lo reconoció como General en Jefe y lo puso a cargo de la Vanguardia del Río Pasaje, donde Güemes comenzó a implementar la guerra de recursos, ideada por Manuel Dorrego e implementada por San Martín.

En su rol de comandante de avanzadas, el caudillo salteño cumplió las órdenes del único jefe al que reconocería y protagonizó las brillantes acciones que ya han sido narradas. Con sus milicias gauchas, en reiteradas ocasiones hostigó duramente a las tropas invasoras que estaban al mando del general Joaquín de la Pezuela, quien se había convertido en un verdadero azote de los ejércitos patriotas y para las sufridas poblaciones norteñas. Además de impedir que se abastecieran, Güemes obligó a las fuerzas enemigas a mantenerse dentro de la ciudad de Salta, hasta que Pezuela renunció a su propósito de invadir Tucumán y se retiró hacia el Alto Perú.

Esto le valió que San Martín le prodigara reiteradas expresiones de elogio y gratitud, y luego le confiara la defensa de la frontera norte. 

Güemes fue así consolidando su liderazgo y su vínculo con San Martín, hasta que el Libertador comenzó a padecer serios problemas de salud y se vio obligado a pedir licencia al Directorio. En abril de 1814, después de haber hecho su máximo esfuerzo para reorganizar al Ejército del Norte, partió a Córdoba. 

Mientras se recuperaba en la estancia de Saldán en compañía de Tomás Guido, San Martín diseñó los grandes trazos de su plan continental de liberación. Su idea era organizar un ejército en Cuyo, cruzar la Cordillera y, desde Chile, lanzar la expedición hacia el Perú, que era el cuartel general de los opresores de América. 

Tanto para Güemes como para San Martín y también para Belgrano, la guerra era parte de una estrategia continental tendiente a la emancipación de América del Sur, lo que no incluía la posibilidad de pelear con compatriotas. 

 1 Alberto Eduardo Díaz y María Ester Rápalo, Güemes y la frontera norte, Buenos Aires, CEAL, 1973.

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