EL DOLOR NO CRECE DE FORMA LINEAL CON LA EDAD: LOS AUMENTOS MÁS BRUSCOS SE PRODUCEN ANTES DE LOS 55 AÑOS

Una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo es el dolor. De forma errónea, se piensa que su evolución es lineal, es decir, que empeora a medida que las personas envejecen.
Una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo es el dolor. De forma errónea, se piensa que su evolución es lineal, es decir, que empeora a medida que las personas envejecen.

Un análisis global de más de seis millones de personas, publicado en Nature Medicine, revela que la prevalencia del dolor autoinformado no aumenta de manera uniforme a lo largo de la vida. Los incrementos más pronunciados ocurren antes de los 55 años, lo que sugiere que una parte sustancial de la carga de dolor se acumula durante la adultez temprana y media, y no solo en la vejez.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de McGill (Canadá), con Matt Fillingim como primer autor y Etienne Vachon-Presseau como coautor principal, armonizó datos de dolor autoinformado recopilados entre 1990 y 2025 de 6.125.459 personas de entre 5 y más de 100 años, procedentes de 902 fuentes en 118 países y territorios. Analizó 11 zonas del cuerpo y ofreció por primera vez curvas de referencia globales y regionales para comparar la carga de dolor entre poblaciones.

“Descubrimos que la prevalencia del dolor aumentaba con mayor rapidez antes de los 55 años, por lo que creemos que debemos prestarle atención mucho antes de llegar a la vejez”, explica Fillingim. “Nuestros resultados describen diferencias entre grupos poblacionales y sugieren que la adultez temprana (desde los 20 a los 40 años) podría ser un periodo importante para su intervención y prevención”.

La prevalencia del dolor osciló entre aproximadamente el 2 % en el caso del dolor facial y el 40 % en el de espalda. En siete de las once zonas estudiadas se observó una trayectoria en forma de “U” invertida: el dolor alcanza un pico en la adultez media o tardía y luego desciende. Los dolores de cabeza y abdomen, por ejemplo, llegan a su máximo más temprano (alrededor de los 34 y 23 años, respectivamente), mientras que el de espalda, cadera y rodilla continúa aumentando con la edad, con los incrementos más rápidos entre los 20 y los 55 años y picos a partir de los 75.

La prevalencia de cualquier dolor corporal sí crece de forma progresiva a lo largo de la vida (desde cerca del 30 % a los 5 años hasta alrededor del 70 % a los 100 o más), pero el dolor de alta intensidad alcanza su máximo cerca de los 50 años y el dolor generalizado alrededor de los 70, para luego disminuir.

En las 11 áreas del cuerpo analizadas, el dolor fue sistemáticamente más frecuente en mujeres que en hombres (razones de riesgo entre 1,08 y 1,83). Las diferencias más marcadas se dieron en el dolor facial, las cefaleas y el dolor de estómago o abdomen.

“Es muy probable que no haya una sola explicación a este fenómeno”, señala Fillingim. “Existen posibles factores como la influencia hormonal o la regulación del dolor por parte del sistema inmunitario o nervioso, o componentes sociales sobre cómo se reconoce y trata este tipo de condición. Lo que aporta nuestro estudio es una imagen más clara de cómo las diferencias entre mujeres y hombres varían a lo largo de la vida; no nos dice qué mecanismos las explican”.

A partir de los 40 años, el dolor en cualquier parte del cuerpo, en las articulaciones y en la espalda aumentó de forma más rápida en países con valores más bajos del Índice de Desarrollo Humano (IDH). A los 80 años o más, la prevalencia de cualquier dolor corporal fue alrededor de 31 puntos porcentuales más alta en los países de menor IDH que en los de mayor nivel, y el dolor lumbar bajo casi se duplicó.

Este hallazgo contrasta con estimaciones previas que solían proyectar una mayor carga de dolor en regiones de alto desarrollo. Fillingim lo interpreta como una ventana a las condiciones de vida: “Resume la salud, la educación y los ingresos de un país, pero no mide directamente el dolor ni las circunstancias de un individuo. Los posibles factores incluyen años de trabajo físicamente demandante, inseguridad alimentaria y acceso limitado al tratamiento del dolor y a la rehabilitación”.

FACTORES DE RIESGO

El tabaquismo, la obesidad y los ingresos bajos se asociaron con mayor prevalencia de dolor. Las personas fumadoras tendían a reportar más dolor en todas las partes del cuerpo, especialmente desde la adolescencia hasta los 65 años. La obesidad mostró asociaciones más fuertes en zonas de carga de peso (rodillas, caderas, pies y tobillos). Las personas con ingresos bajos informaron más dolor en todas las zonas, particularmente en el pecho.

A escala global, estos tres factores modificables explicaron alrededor del 18,3 % de la carga de dolor, aunque el porcentaje varió mucho por región (desde el 12,6 % en el África subsahariana hasta el 27,1 % en Europa del Este). En entornos de menor desarrollo, estos factores conocidos explicaron menos la carga de dolor, lo que indica que hay mecanismos poco caracterizados.

Los autores advierten que no es probable que exista un único desencadenante. Posibles contribuyentes a los picos previos a los 55 años incluyen el trabajo físicamente exigente, dificultades para dormir, estrés psicológico, el efecto acumulativo de lesiones y la tensión física a lo largo de la edad adulta, aunque el estudio no determinó el peso individual de cada uno.

El trabajo subraya que la prevención del dolor debería comenzar antes y adaptarse a las distintas regiones y grupos de población. Al ofrecer curvas de referencia abiertas (disponibles en una plataforma de benchmarking), facilita la comparación entre cohortes, poblaciones clínicas y países, y mejora la vigilancia global.

Como concluye Fillingim, “estos hallazgos llaman la atención sobre dolencias en poblaciones que, a menudo, han estado poco representadas en otras investigaciones. También ponen de relieve cuánto nos falta por comprender sobre las condiciones que hacen que vivir con dolor sea más probable”.

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