CORALES: SEÑALES DE UN MAR EN PELIGRO

El calentamiento amenaza a los de aguas cálidas, mientras los científicos argentinos revelan las especies que habitan las profundidades de nuestro mar.
El calentamiento amenaza a los de aguas cálidas, mientras los científicos argentinos revelan las especies que habitan las profundidades de nuestro mar.

El cuarto evento global de blanqueamiento de corales fue el más masivo. Comenzó a principios de 2023 y se extendió por unos 26 meses afectando a más del 84 por ciento de la superficie de arrecifes de coral del planeta, desde el Caribe y Brasil hasta Australia y las costas orientales de África. El efecto fue provocado por las olas de calor marinas y agravado por el fenómeno de El Niño.

Según proyecta el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, incluso limitando el calentamiento global a 1,5 °C, para 2050 podríamos perder hasta un 90 por ciento de estas especies. ¿Por qué mueren los corales y por qué debería importarnos?

En el sustrato duro de los corales, peces, crustáceos, estrellas de mar y otros individuos se asientan, se resguardan y se reproducen. Se los llama “ingenieros ecosistémicos”, porque construyen y mantienen el hábitat donde viven otros animales.

“Los corales son increíbles. Son un grupo maravilloso y fundamental”, relata a Convivimos Nadia Cerino, investigadora del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA). “Son muy simples a nivel organización. No tienen órganos, solo tejidos. Fue uno de los primeros grupos en aparecer en el planeta y continúa superfuerte”, expresa.

Hay registros de ellos con miles de años de antigüedad. Existen en aguas cálidas, en corrientes tranquilas, desde el centro de Brasil hasta el Caribe, en zonas someras donde las algas que los habitan pueden recibir luz y hacer su fotosíntesis. Y también están en aguas frías, como las nuestras.

POR QUÉ SE BLANQUEAN

Estos animales se diferencian en dos tipos según su forma de alimentación: los que hacen simbiosis con unas microalgas llamadas zooxantelas, que se encuentran en aguas poco profundas, y aquellos que no la hacen.

“Algunas especies incorporan dentro de sus tejidos a las zooxantelas, que obtienen protección por parte del coral. Ellas hacen fotosíntesis y liberan sustancias orgánicas que lo alimentan. De ellas muchas veces viene el color que ves en los corales, especialmente en los duros”, explica a Convivimos Daniel Lauretta, investigador del Conicet y director del GEMPA.

“Cuando el coral se estresa porque aumenta la temperatura, por ejemplo, como está pasando con las olas de calor, expulsa las algas, se genera un estrés oxidativo y se queda sin color. De ahí viene el fenómeno del blanqueamiento o bleaching. Eso se puede revertir o no, pero lo que se está observando es que la mortalidad es muy alta. La última ola de calor del verano pasado fue muy fuerte y se perdieron muchísimos corales”, resume el biólogo.

Eso ocurre en zonas cálidas, pero de este lado del mundo el panorama es diferente. En el mar Argentino tenemos corales de aguas frías de muchas formas, distintos tamaños y colores.

Algunos pocos viven en la zona intermareal y se pueden ver. El resto está después de los 100 o 150 metros de profundidad, por lo que son poco conocidos fuera del ámbito científico. Incluso no se sabe de manera precisa cuántas especies tenemos –aunque se calcula que son unas 150–, cuáles son ni cómo están distribuidas.

Nuestros corales se alimentan absorbiendo la materia orgánica disuelta en el agua o atrapando con sus pólipos y tentáculos pequeños crustáceos y larvas, microalgas flotantes o peces diminutos. Viven en las profundidades en total oscuridad.

“Como no tienen las algas, no sufren el fenómeno de blanqueamiento, pero están expuestos a otras problemáticas”, detalla Lauretta. “Una de las mayores amenazas es la pesca por arrastre. La fauna de aguas profundas en general suele ser muy longeva, tarda mucho en crecer y en reproducirse. Cuando pasás con una red de pesca y rompés un arrecife, si se recupera, tarda muchísimo en volver a crecer”, explica.

ESTRATEGIAS

La expedición submarina Talud Continental IV del Conicet realizada en 2025 nos permitió conocer un mundo inexplorado que forma parte de nuestro patrimonio natural. Como director científico de la expedición, Lauretta relata la experiencia de haber observado por primera vez a estos invertebrados marinos a esas profundidades.

“Hay registro de corales en hasta más de 3000 metros”, apunta. “Encontramos una especie de coral duro que forma arrecifes en aguas profundas que son ecológicamente importantes. Es la Bathelia candida y crece en cantidades”, continúa.

“Hay algunos de suelos blandos, los penatuláceos, que forman un pedúnculo que se entierra en la arena. Y existe un grupo que es muy abundante en la Argentina, el Flabellum, que es un coral solitario muy hermoso que parece un cuerno”, cuenta, por su parte, Cerino, quien también participó de la expedición.

Otras especies forman jardines de corales que parecen arbustos pequeños, pero son en realidad mayormente corales blandos. Durante la expedición frente a Mar del Plata, los especialistas pudieron observar estos ecosistemas de cerca, sin encontrar señales de preocupación en cuanto a su estado de conservación.

“Por ahora, no vimos nada que sea alarmante, pero sabemos que son muy sensibles, entonces cualquier cosa que hagamos los va a alterar y eso puede causar un desastre”, aclara Cerino.

“Lo que sí observamos, que no afecta solamente a los corales, es que hay basura submarina en el fondo del mar. Probablemente sea basura que cae de los barcos. Fue el mayor impacto que detectamos”, señala Lauretta.

Mientras esto sucede, científicos en todo el mundo están aplicando estrategias para salvar a los corales del blanqueamiento. Una de ellas es extraer pequeños fragmentos de colonias de corales duros sanos para que crezcan de manera independiente. Otra, si son corales que se reproducen sexualmente, es capturar las larvas sobrevivientes.

La próxima expedición del Conicet, en la que visitarán los cañones Ameghino y Brown, a la altura de Chubut, está programada para abril de 2027. Ya se palpita el entusiasmo por esta nueva oportunidad que permitirá ampliar el conocimiento de estas y otras especies.

REPARAR O CONSERVAR

Al hablar de las amenazas a los corales, además de la pesca de arrastre, Lauretta cita también la minería en aguas profundas y la extracción de petróleo, cuyos eventuales derrames pueden tener un impacto dramático sobre ellos. “Hacer estrategias de restauración en aguas profundas es muchísimo más complicado y mucho más caro: un buque oceanográfico puede costar 100.000 dólares por día”, describe. Y concluye: “Lo mejor que podemos hacer es conservar los corales y los ecosistemas que tenemos”.

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