JULIETA MARTÍNEZ: LA LUCHADORA

Desde niña sintió el impulso de combatir para competir. Del taekwondo pasó a las artes marciales mixtas, donde despliega toda su potencia sin tapujos. Se entrena en una academia de talentos para sumarse al circuito de peleas más importante del mundo.
Desde niña sintió el impulso de combatir para competir. Del taekwondo pasó a las artes marciales mixtas, donde despliega toda su potencia sin tapujos. Se entrena en una academia de talentos para sumarse al circuito de peleas más importante del mundo.

De rostro aniñado, una altura apenas superior al metro y medio, y una voz suave, en cuanto ingresa a la jaula libera una potencia inusitada que, desde que compite profesionalmente, no conoce de derrotas. Julieta Martínez, cuya fisonomía y estilo le valieron el apodo de “Ninja Ferret” (el hurón ninja), es una luchadora que crece en el exigente ambiente de las artes marciales mixtas (MMA) y pule su talento bajo el ala de la franquicia más importante de la disciplina: la UFC (Ultimate Fighting Championship). La joven de 21 años fue vista en 2024 por el mandamás de la compañía, Dana White, en su victoria del Contender Series organizado por él.

Desde hace dos años, vive y entrena en México. En un edificio de la ciudad, un piso entero es ocupado por la veintena de jóvenes de distintos países que aspiran a dar el salto a las grandes ligas. Cada día van a la academia del Performance Institute, en la que entrenan y tienen clases y charlas sobre diferentes aspectos vinculados a su deporte. “Mi trabajo es entrenar todos los días, matarme por este objetivo. Es una obsesión para mí, porque con todas las personas que me rodeo siempre hablamos de esto, siempre estoy pensando en mis próximos compromisos, en el entrenamiento del día siguiente. Vivo de esto y para esto”, afirma.

  • ¿Qué es lo que más te gusta de tu deporte?

Que en el alto rendimiento vivo bajo una presión que me hace desafiarme todos los días. Sé que si voy a una clase de lucha con flojera, la paso mal, porque me puede agarrar una chica que vino con el cien por ciento de energía. Es un desafío poner las mejores ganas todos los días. Estoy en una constante presión y en un constante crecimiento. Así se mejora, así crecés y así te vas forjando. Siento que trabajo mejor bajo presión, de esa manera funciono.

  • Comenzaste a practicar taekwondo a los tres años, ¿qué recordás de eso?

Fui porque lo tenía a la vuelta de mi casa. Además, con mi hermano mayor, que me lleva solamente dos años, vivíamos peleándonos, nos enojábamos y nos pegábamos mucho, y a mis papás les pareció bueno que enfocáramos esa energía en un deporte. Me gustaba mucho y llegué a ser cinturón negro, pero era muy competitiva y en los torneos muchas veces me bajaban puntos o me descalificaban por el exceso de fuerza. Por eso quise hacer otras cosas, necesitaba excederme sin que me dijeran nada.

  • ¿Alguna vez pensaste por qué o de dónde viene esa necesidad de excederte, de aplicar más fuerza, de que sea más brusco el asunto?

Yo creo que es porque soy muy competitiva, y cuando compito me pongo en automático y puedo ser más agresiva. En taekwondo no se usaban mucho las manos, y yo necesitaba usarlas un montón. En cuanto llegué al cinturón negro, me fui a una academia de MMA.

  • Cuando llegaste, ¿te pareció que habías encontrado tu lugar?

Sí, totalmente. Al principio había solamente una mujer, con la que casi no nos veíamos por los horarios, así que entrenaba con hombres. Para perfeccionarme, busqué academias de jiu-jitsu y muay thai. Sentía que evolucionaba, aprendía y avanzaba muy rápido.

  • Tu deporte se trata de pelear, ¿hay disfrute de tu parte mientras lo hacés?

Sí. Antes de una pelea, sé que me van a pegar y que voy a tener que pegar. Me agarran esos nervios por lo que pueda llegar a pasar, pero en el momento de la pelea, cierran la jaula y ya estás ahí. Tenés que pelear. Lo disfruto, sobre todo cuando me salen todas las cosas que planeé.

  • ¿Pensás en algo mientras peleás?

Entro en automático, pero escucho mucho a mi esquina. Voy fluyendo con la pelea, porque tiene vida propia: a veces, pensás que vas a salir con algo, pero no sucede lo que preparaste. No se puede controlar lo que va a hacer tu rival, pero sí lo que vas a hacer vos y cómo te acomodás en el momento. Eso es muy importante: cómo improvisas cuando las cosas no salen como las planeaste.

  • Es muy adrenalínico, ¿no?

Sí, muy adrenalínico, pero también muy inteligente, porque no es solo agarrarte a piñas y listo, como a la salida de un boliche. Cualquier error te puede jugar en contra, significar un knock out, una sumisión. Hay que pensar bien cada movimiento.

  • Ya estás en la órbita de UFC, ¿te da ansiedad debutar ahí?

No estoy apurada, porque sé que voy evolucionando. Estoy subiendo de peso, desarrollando músculo, mejorando. Sé que cuanto más tiempo pase, dentro de lo normal, voy a llegar mucho mejor. Tengo una pelea de MMA en agosto, en México. Quizás después de eso ya pueda entrar a UFC. Voy a estar preparada para lo que salga.

FAMILIA DE LUCHADORES

Gabriel, el mayor de los hermanos de Julieta, tiene 23 años y pelea profesionalmente en MMA. En la misma disciplina, pero todavía como amateur, compite Germán (“Lolo”), de 16. La familia entera está habituada a los deportes de combate, y Julieta nunca tuvo que sortear alguna resistencia de sus padres para practicar la actividad. En su entorno, siempre resultó natural que compitiera: “Todo el que me conoció desde los tres años, ya me conoció peleando. Muy rara vez alguien me comenta que le parece un deporte violento, el resto ya está acostumbrado”, cuenta.

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