ELIZABETH MORRIS: “SOMOS PERSONAS, NO MÁQUINAS”

La cantautora chilena sigue presentando Lo sencillo y lo sutil, un disco con el que intenta correrse de los planteos del mainstream actual.
La cantautora chilena sigue presentando Lo sencillo y lo sutil, un disco con el que intenta correrse de los planteos del mainstream actual.

Elizabeth Morris nació en Chile, pero creció en Alemania por el exilio forzado de sus padres durante la dictadura de Pinochet. A miles de kilómetros de su país, podía conocerlo a través de las canciones que su papá y mamá recordaban. Hoy, dedicada a la música, la apena que se haya perdido parte de ese ritual social de compartir temas musicales. “En la Argentina se mantiene todavía esa comunión, de estar tocando y guitarreando, pero acá se ha ido perdiendo mucho, por lo menos en esta gigantesca ciudad que es Santiago de Chile”, dice la cantautora por videollamada. 

Trajo al país su último disco, Lo sencillo y lo sutil, y regresó contenta por el intercambio con el público argentino. “Tienen una escucha muy atenta y muy compenetrada, que no es tan común. Hay una conexión muy profunda con las canciones y una comprensión no solo de lo musical, sino también de las letras”, cuenta una de las voces más destacadas de la canción de raíz latinoamericana contemporánea. Es el sexto álbum de una carrera solista que comenzó en la década del 2000 y que tuvo hitos como el primer lugar en la categoría Folklore del Festival de Viña del Mar, en dos ocasiones, en 2006 y en 2015. 

Antes de conocer la Argentina, sus composiciones habían cruzado la Cordillera con versiones de artistas locales, entre ellos la de Pedro Aznar que popularizó Décimas. Además, la han interpretado referentes de la escena latinoamericana, como Eva Ayllón. “Es bien emocionante ver cómo las canciones van expandiéndose en el territorio y siempre me maravilla ir encontrando nuevas versiones”, confiesa la también multiinstrumentista y arregladora. 

  • En un momento de la escena muy atravesada por la tecnología y la velocidad, entre otros aspectos, tu apuesta es a lo íntimo y orgánico, ¿por qué?

Hace falta salir de esa lógica, es muy necesario, porque estamos en un momento bastante crítico en términos de cantidad de información y también de homogeneización en la música. O sea, como que todo tiene que tener una manera comercial de sonar, todo se produce con una velocidad rapidísima y con unos cánones que muchas veces imponen las plataformas digitales, estar permanentemente produciendo y lanzando, y lanzando. Y así se pierde lo más fundamental y la riqueza de la música, que es que tiene que formar parte de tu proceso de vida natural, somos personas, no máquinas. Me gusta mostrar que a la música la puedes hacer con lo mínimo, mientras la canción sea honesta y esté bien escrita, vale.

  • ¿En lo sonoro también es “sencillo”?

Sí, me concentré en que la parte de la producción de audio también fuera bien sencilla, que haya menos, muy poco procesado. Así que terminé haciendo la mezcla yo misma, no por despreciar el trabajo de algún sonidista profesional, sino porque, al ser una cosa subjetiva, necesitaba que estuviera plasmado lo que yo imagino, lo que siento en mi guitarra, en mi cuatro, en mi charango, que son los instrumentos que yo toqué. Entonces eso estaba dentro de mi cerebro, y para reproducirlo al final lo hice yo también, como tratando de que suene sin nada extraño, que se note lo menos posible que hay una distancia entre ese parlante y la persona que grabó, que tocó; que suene lo más limpio posible al oyente. 

  • Contabas lo de tu relación con la música durante el exilio, ¿en esta época, se ha perdido esa forma de transmisión? 

Hay una generación que no ha tenido el privilegio de vivir la música como nosotros la vivimos. Se ha ido perdiendo mucho ese ritual. No está dentro del cotidiano el compartir canciones, el juntarse a cantar, y eso es triste y una tremenda pérdida. Es una actividad hermosa y necesaria, porque transmite justamente la historia no solo de la música. 

  • ¿Qué dirías que aún se conserva sencillo y sutil en el mundo? 

Más que nada tiene que ver con nuestro prisma para ver las cosas, porque lo sencillo y lo sutil está presente en todos lados y muchas veces nos cuesta verlo nomás. Entonces la idea es esa, necesitamos darnos el tiempo para detenernos y para observar y sentir las fragancias, el aroma de una flor. La velocidad nos atrapa, estamos metidos de repente en una vorágine absurda, y no nos damos cuenta de que lo tenemos todo al final. Hace poco alguien me decía que a veces lo sencillo no necesariamente significa fácil. Y es interesante porque también lo sencillo es muy profundo a la vez. Tiene que ver con la belleza de la naturaleza, saber escuchar, saber observar.

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Considera que de todas las canciones de Lo sencillo y lo sutil, las más escuchadas por el público argentino serán “Hojita de coca” –“porque tiene un mensaje muy simple, pero muy profundo a la vez”– y “Violeta” –un homenaje a Violeta Parra–. “En general es un misterio eso, hasta que nos ruedan las canciones un rato”, comenta desde su casa en Santiago de Chile. Confiesa que se siente privilegiada porque entre tanto cemento, algo de verde se ve por su ventana. 

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