ENRIQUE ORSCHANSKI: “VACUNAR A LOS CHICOS NO ES UNA DECISIÓN INDIVIDUAL”

Médico pediatra, escritor y divulgador, asegura que es imprescindible vacunar a los chicos. Recuerda que, sin el carnet de vacunas actualizado, se calcula que habrían muerto 800 mil niños en la Argentina en la última década.
Médico pediatra, escritor y divulgador, asegura que es imprescindible vacunar a los chicos. Recuerda que, sin el carnet de vacunas actualizado, se calcula que habrían muerto 800 mil niños en la Argentina en la última década.

“El tiempo vuela”, dice Enrique Orschanski sentado al otro lado de su escritorio. Pediatra desde hace 45 años, docente universitario, escritor y divulgador en temas de infancias y adolescencias, desafía a quienes se detienen en el reloj que cuelga en una de las paredes de su consultorio. “¿Qué hora es?”, pregunta. Desconcierto. La esfera está invertida: el 1 se ubica donde normalmente estaría el 11, el 2, donde iría el 10 y así sucesivamente. Y las agujas, contra la lógica universal, se mueven hacia la izquierda. Parece un acto de rebelión, pero en realidad fue un gusto que tenía pendiente de un viaje a Londres donde había visto por primera vez un reloj antihorario o “levógiro” que estaba a la venta en un anticuario y no compró. Después de muchos años, un día cualquiera lo descubrió en un negocio del centro de Córdoba y esta vez no dejó pasar la oportunidad. El reloj en cuestión es un desafío al cerebro, que tiene que trabajar un poquito más, y también a los usos y costumbres: la dirección de las agujas de los artefactos que usamos es una herencia directa del hemisferio norte y aquí estamos ubicados en el sur de las convenciones.

En los últimos meses, referentes de la pediatría a nivel nacional vienen advirtiendo sobre problemas en el acceso a algunas vacunas y el descenso en los niveles de vacunación en la población infantil. La que sigue es la conversación que mantuvimos sobre este tema con el pediatra, también columnista de Convivimos.

  • La Sociedad Argentina de Pediatría alertó sobre un descenso en las coberturas de vacunación, con valores que en varios casos se ubican por debajo de los niveles necesarios para garantizar la inmunidad colectiva. ¿Cuáles son los motivos de esta caída? ¿No hay suficientes vacunas?, ¿hay problemas de distribución?

Cada provincia tiene su organización, y Nación es la que compra las vacunas y las distribuye. En este momento tenemos un bache de distribución, pero normalmente cuando llegan a la provincia se distribuyen bien. No se conoce mejor cadena de frío que la pública. La vacuna que se pone en el sector público es confiable. Nosotros, a nivel país, habíamos llegado en el 2012-2013 a un 90 por ciento de cobertura. A partir de ahí, empezó a repercutir una idea que nace en 1998 con una publicación en la revista The Lancet, de un señor de apellido Wakefield, que publica un estudio sobre once pacientes que, según él, tenían autismo porque habían recibido la vacuna triple viral (contra el sarampión, las paperas y la rubeola). Entonces se crea una ola de descreimiento que se magnifica y que va en paralelo al aumento del número de chicos con síntomas similares al autismo, que es multivariable y multicausal. Varios años después se descubre que Wakefield tenía un contrato con otra empresa para fabricar una vacuna que iba a competir con la triple viral. El Real Consejo de Médicos de Inglaterra le quita el título y la revista pide disculpas por haber avalado eso.

  • Pero la ola ya estaba hecha…

La ola ya estaba hecha, y cualquier chico con problemas de integración social o que no habla bien es sospechado de autismo. A pesar de que se han hecho infinidad de estudios que descartan esa posibilidad, hay mucha gente que dice que es por la vacuna.

  • ¿La pandemia también influyó en generar dudas?

La pandemia de COVID obligó a usar vacunas de emergencia. Nunca se aclaró bien que una vacuna de emergencia es una vacuna no totalmente probada en el tiempo, lo que habitualmente se hace con todas las vacunas, que tienen entre 10 y 15 años de pruebas. Acá en un año se tuvieron que aprobar, porque se moría mucha gente. Y eso terminó de darle un hachazo a la credibilidad. Entonces son muchas familias que al principio no pudieron ir al centro de salud por la cuarentena, y después por desconfianza, y después porque se olvidaron. Y no recuperamos el nivel. Bajamos al 74 por ciento de cobertura.

  • ¿El 74 por ciento de cobertura en general?

En todas las vacunas en todo el país. Algunas empezaron a faltar más. Por ejemplo, la de la tos convulsa. Se ponía hasta los 5 años, los 6, hasta el ingreso escolar. Pero después se dieron cuenta de que entre los adolescentes había muchos con tos convulsa. Entonces se agregó una vacuna a los 11 años. A ese momento hay muchos chicos que se lo saltan, hay muchas familias que se olvidan. Entonces, a partir de ahí esa tasa baja muchísimo. Y hay tos convulsa.

Enrique Orschanski. (Foto: Sebastián Salguero)

UN BIEN SOCIAL

Para Orschanski, vacunar a los chicos no es una decisión personal. “La vacuna es un bien social –asegura–. Yo me vacuno para proteger a mi familia, a mis compañeros de trabajo. Vacuno a los chicos para proteger a sus compañeros, a los docentes. Es decir, ya no es una decisión individual”. Al ser un bien social, es obligatoria. ¿Cuáles son las instancias legales que la hacen obligatoria? “No podés anotar a un chico en primer grado si no tenés el calendario completo”, afirma. 

  • ¿No hay problemas de provisión?

A nivel municipal y provincial en Córdoba y también en Tucumán y Salta, que son los lugares que yo más conozco, la distribución está muy bien. Yo no diría que es un problema estructural, creo que es falta de confianza por desinformación.

  • ¿Falta de confianza de las familias?

Sí, sobre todo de los padres nuevos. Estoy hablando de una generación que tiene entre 30 y 40 años, que son los padres de los chicos que reciben el calendario inicial. Este grupo recibe datos no de la televisión, de la radio o de los diarios, sino de las redes. Y las redes están infectadas de desinformación. Hay mucha opinión, una anécdota crea tendencia. No todos, pero hay un porcentaje interesante que desconfía. No son antivacunas en principio, pero siempre están desconfiados. Y esto tiene que ver con la coincidencia temporal de la información que sale por redes, con el aumento del número de casos de chicos diagnosticados con autismo y con que hay una absoluta falta de tolerancia al dolor. Hay gente que no lleva a vacunar a sus chicos para que no lloren ese día. Y como decía un maestro mío en España, es muy lindo llorar un día y no toda la vida. Te lo dice alguien que está por cumplir 70, que se salvó de la poliomielitis y que sobrevivió a la difteria porque recibió una vacuna.

«Yo me vacuno para proteger a mi familia, a mis compañeros de trabajo. Vacuno a los chicos para proteger a los compañeros, a los docentes».

  • ¿Qué harías si fueras ministro de salud?

Hay muchas cosas que se hacen bien. Yo agregaría controles más frecuentes en los niveles educativos. Así como no se puede inscribir un chico en primer grado si no tiene el calendario completo, lo haría a mitad de la primaria, al comienzo de la secundaria, en la universidad y también al momento de casarse, para que ese matrimonio esté protegido de enfermedades severas, pensando ya en la prole siguiente.

  • ¿Hacen falta campañas fuertes de información?

Yo tengo poca fe en una campaña fortísima, porque probablemente refuerzo mitos, que es lo que veo cotidianamente. Cuanto más explicás o intentás decir “podés generar una epidemia” o “tu hijo puede morir de meningitis, no me puedo hacer responsable de lo que le pase si no está vacunado”, parece que fueras de la industria farmacéutica. Ese es otro mito: la industria gana mucho dinero. Por supuesto que gana mucho dinero, pero invierte inicialmente mucho y también lo ha perdido. Jamás la defendería. 

  • ¿Cómo generarías confianza entonces?

Yo creo que a través de líderes. Una campaña encabezada por referentes como Messi, el Dibu Martínez, el colorado Mac Allister. Eso funcionaría. La gente los admira y los sigue. Hacen falta referentes que generen confianza. Y otra manera es el miedo. Porque a pesar de que la gente desconfiaba de las vacunas, a los codazos pedía una vacuna contra el COVID para no morir, por el miedo. Te aclaro que son muchas más las familias que sí se hacen cargo de las vacunas, que ven en el carnet una herramienta de protección y lo cuidan.

  • ¿Quiénes son los mayores responsables de tener el calendario de vacunas completo?

El Estado y luego los padres. El Estado tiene que ser responsable de la compra, la distribución, la gratuidad, de vigilar la obligatoriedad, pero más frecuentemente, como decíamos antes. Y los padres son los ejecutores. Mi consultorio es un consultorio de consulta indirecta. El paciente no me pregunta a mí, son los padres, y yo hago indicaciones a los padres para que ellos actúen sobre ese niño. Los padres son los responsables finales y con mayor influencia.

 

800.000   

“Se calcula que en los últimos diez años habrían muerto aproximadamente 800.000 chicos en la Argentina sin el carnet de vacunas actualizado. Se habrían muerto por tuberculosis, parálisis infantil, sarampión, varicela, rubéola”, afirma Enrique Orschanski. Y aclara que, en la actualidad, los niños están más sensibles porque tienen más pautas higiénicas que cincuenta años atrás. Hay agua potable, se lavan las manos, hay mejores excretas, antibióticos, y entonces tienen menos defensas. “En vez de hacer una varicela en la piel, la hacen en el cerebro, o hacen una neumonía varicelosa, una neumonía sarampionosa, una meningitis sarampionosa. A eso es a lo que uno le tiene miedo. A la complicación”, explica.

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