Hasta hace treinta años, no había informes científicos sobre este felino, aunque algunas culturas lo consideraban un gato sagrado. Apenas una descripción de un investigador allá por el 1800, un par de fotografías pixeladas y algunas pieles en museos, según cuentan los especialistas.
“Era una especie totalmente desconocida para la ciencia a fines de los 90. Y eso que es un carnívoro terrestre que habita en la Cordillera, donde vive un montón de gente”, describe en conversación con Convivimos Rocío Palacios, directora ejecutiva de la Alianza Gato Andino (AGA), una red interdisciplinaria con miembros en Argentina, Bolivia, Chile y Perú.
Concretamente, a este gato se lo ve poco y nada. Eso hace que el hallazgo de la organización Wildlife Conservation Society (WCS) Argentina, que lo registró con sus cámaras-trampa en Malargüe, sea aún más significativo. La foto confirma la presencia del felino más amenazado de América en la zona, cerca del Área Natural Protegida La Payunia, y esto ayuda a su conservación.
“Estamos hablando de una especie que está categorizada en peligro de extinción por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza)”, señala, por su parte, Fernando Miñarro, a cargo de la gerencia de Áreas Protegidas Terrestres de WCS.
La ONG estudia la distribución del animal en el norte de la Patagonia desde 2005 y notó que el 50 por ciento de los registros son de individuos cazados por productores ganaderos para defender a sus rebaños. También se ve afectado por los atropellamientos en rutas y caminos, la degradación de su hábitat por actividades extractivas de hidrocarburos y minerales, y los impactos provocados por el cambio climático.
Se estima que hay alrededor de 2200 ejemplares adultos en más de un millón de kilómetros cuadrados, desde el centro de Perú hasta el centro-oeste de la Argentina. En nuestro país se los encuentra en dos regiones: las altas montañas andinas y el norte de la estepa patagónica.
Son selectivos en sus hábitos alimentarios y viven en determinados ambientes rocosos. Se sabe que las hembras tienen una sola cría y la mantienen con ella por un largo período de tiempo. “Si vos quitás una o dos hembras reproductoras, la población completa puede llegar a desaparecer. Es una especie naturalmente tan rara que tiene una fragilidad inherente”, aclara Palacios. Muchos otros aspectos de este felino siguen siendo un misterio.
REDUCIR LOS CONFLICTOS
Es clave para conservar a las poblaciones existentes de esta especie emprender acciones que favorezcan la coexistencia con las actividades ganaderas, como es el programa de Mitigación de Conflictos de AGA, que busca alejar a los depredadores a través de la colaboración con los locales para que emprendan diversas medidas, como el empleo de luces disuasivas.
En el sur de Mendoza, AGA participó junto con WCS y el Municipio de Malargüe en la creación de un criadero de perros protectores. Estos se entregan a los ganaderos, quienes se comprometen a no usar veneno ni trampas y a no matar gatos chicos. Siguiendo su ejemplo, el Gobierno de Neuquén y asociaciones de productores generaron sus propios criaderos.
“Se ha demostrado que el 84 por ciento de los productores que adoptan métodos de coexistencia reduce eficazmente las pérdidas. Y casi el 90 por ciento de los que empiezan a ver estos resultados deja de cazar a los carnívoros. Con esos datos, uno puede ir demostrando que el trabajo que se hace efectivamente funciona”, resume Miñarro, cuya organización intenta ampliar las zonas dedicadas a la ganadería regenerativa en zonas claves.
AGA desarrolla desde 2024 un programa de tenencia responsable de mascotas que incluye vacunación, desparasitación y castración de perros, además de análisis para detectar enfermedades que puedan transmitirse a la fauna silvestre. La organización también acaba de iniciar un monitoreo nacional con cámaras trampa en los cuatro países donde habita la especie para realizar estimaciones de densidad cada cuatro años y seguir la evolución de sus poblaciones.
“El atropellamiento es algo complejo, porque viene de la mano de la mejora de los caminos, que es algo que todos queremos, pero eso aumenta las velocidades a las que se transita y no hay infraestructura que ayude a controlarlas ni cartelería. También hay una mayor exploración minera y se están abriendo nuevos caminos, por lo que hay más posibilidad de atropellamientos”, comenta a Convivimos Cintia Tellaeche, directora de Programas de AGA.
PASOS DE FAUNA
En Mendoza, los hallazgos de gato andino se registraron en los alrededores de La Payunia, una de las áreas naturales protegidas más grandes del país, con más de 665.000 hectáreas, que es clave para asegurar poblaciones viables y funcionales de diferentes animales. Ahí WCS intenta lograr la implementación de un plan de manejo junto con el Gobierno provincial.
“Por supuesto, la naturaleza no entiende de límites políticos. Y las especies muchas veces, como ocurre con los felinos, necesitan un amplio rango de acción para desarrollar su ciclo de vida. Entonces cobra mucha importancia lo que podemos hacer afuera del área protegida y, sobre todo, en los corredores de biodiversidad que ayudan a conectar las áreas de una región”, menciona Miñarro.
“Patagonia Norte es el lugar ideal para un corredor de conservación, porque ya hay muchas áreas protegidas una al lado de la otra, formando una cadena, pero, lamentablemente, hay una disminución de financiamiento para mantenerlas. Entonces es más difícil implementarlas efectivamente; o sea, que tengan suficiente personal, que el personal se pueda desplazar”, coincide Palacios.
“Creo que, si pudiéramos trabajar de la mano junto con la Secretaría de Ambiente de Mendoza, se lograría avanzar en un plan que siente precedente en la zona, así como fue el corredor verde de Misiones hace unos años”, finaliza la especialista.
CIENCIA CIUDADANA
AGA insta a quien quiera a participar en la conservación del gato andino. “Cada registro es valioso”, asegura Palacios, y recomienda que, si alguien ve a un gato andino, le saque una foto y la mande al Instagram @alianza_gato_andino o a su sitio web, gatoandino.org.
“Hemos tenido avistajes muy significativos, incluso de animales atropellados que sirven para análisis genéticos. Es muy importante para preservar esta especie tan frágil que, si no estamos atentos, puede desaparecer como agua entre los dedos”, advierte.






