UN MAPA GLOBAL REVELA LOS SECRETOS Y LAS URGENCIAS DE LA BIODIVERSIDAD DE GRILLOS, LANGOSTAS, Y TUCURAS

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata reconstruyó por primera vez, a escala global, los patrones de diversidad de los ortópteros.
Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata reconstruyó por primera vez, a escala global, los patrones de diversidad de los ortópteros.

Cuando pensamos en langostas y tucuras, la primera imagen suele ser la de una plaga capaz de arrasar cultivos y pasturas. No es una asociación casual. En Argentina, estos insectos tienen una historia de siglos vinculada a la producción agropecuaria: el SENASA registra daños desde 1538, cuando una invasión destruyó plantaciones de mandioca en la recién fundada Buenos Aires, y el problema dio origen a las primeras acciones estatales de protección vegetal del país. El actual Programa Nacional de Langostas y Tucuras, el más antiguo del organismo, tiene sus antecedentes en la Comisión Nacional de Extinción de la Langosta creada en 1891. Hoy, con más de 135 años de trayectoria, el programa sigue vigente y posiciona a la Argentina como referente regional e internacional en el manejo preventivo de estas plagas migratorias y transfronterizas.

Pero las langostas y tucuras son apenas una parte de un grupo mucho más amplio. Junto con los grillos y las esperanzas integran el orden Orthoptera, que reúne más de 29.400 especies y ocupa prácticamente todos los ambientes terrestres del planeta, con excepción de la Antártida. Además de algunas especies que pueden convertirse en plagas, los ortópteros cumplen funciones fundamentales en los ecosistemas: son consumidores primarios, constituyen alimento para numerosos animales y participan en el ciclado de nutrientes.

Un equipo de investigadores argentinos, junto a un colega mexicano, acaba de publicar un estudio de escala mundial que cambia la mirada sobre este grupo. Desarrollado por especialistas del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE, UNLP-CONICET) y de la División Entomología del Museo de La Plata (Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP), el trabajo fue liderado por las doctoras M. Celeste Scattolini y María Marta Cigliano, con la participación de Andrés Lira-Noriega, Martina E. Pocco, Hernán L. Pereira y María Belén Cabrera. El artículo fue publicado en la revista npj Biodiversity.

Para construir esta mirada global, el equipo integró y depuró una enorme cantidad de información proveniente de colecciones científicas y bases de datos de biodiversidad. El análisis utilizó más de 830.000 registros georreferenciados correspondientes a miles de especies. “La investigación comenzó en el 2017. Trabajar con una base de datos de esta magnitud fue un gran reto y nos llevó varios años desarrollar una metodología que pudiera adaptarse a las distintas limitaciones que íbamos encontrando. Nuestro objetivo era incorporar la mayor cantidad posible de información disponible sobre la distribución de las especies. Para eso, comenzamos georreferenciando los datos de ocurrencia de la Orthoptera Species File y descargamos información de las principales colecciones entomológicas internacionales digitalizadas. El gran desafío apareció al momento de manejar toda esa información: llegamos a trabajar con casi dos millones de datos, un volumen que hacía imposible abrirlos y procesarlos con los programas convencionales de bases de datos. Esto nos llevó a trabajar con lenguajes de programación, principalmente Python y R”, explicó la Dra. María Marta Cigliano, directora del proyecto y curadora de la base taxonómica global Orthoptera Species File.

La información de los registros de ejemplares de langostas y tucuras depositados en la colección de Orthoptera del Museo de La Plata contribuyó ampliamente al conocimiento del orden en la Argentina dentro del análisis global.

El resultado mostró que la biodiversidad de los ortópteros no se distribuye de manera uniforme. El estudio identificó hotspots de riqueza y endemismo que no habían sido reconocidos o estaban subestimados, especialmente en regiones tropicales y subtropicales de Asia, Sudamérica y África.

Al mismo tiempo, detectó un fuerte desequilibrio geográfico en la información disponible: gran parte de los registros proviene del Hemisferio Norte (Europa y Estados Unidos), mientras que amplias regiones del Sur Global presentan importantes vacíos de muestreo. “Hay regiones del mundo donde históricamente se han realizado muchísimas colectas, e incluso países que hacen relevamientos de su diversidad de Orthoptera de manera periódica y sistemática. Pero también hay muchas regiones que nunca fueron muestreadas o que fueron poco estudiadas. (…) Una región con pocos registros no necesariamente es una región con poca biodiversidad: puede ser simplemente una región poco explorada. En esos lugares podría haber especies que todavía no fueron detectadas, desde nuevos registros de especies ya conocidas hasta incluso especies nuevas para la ciencia”, señaló la Dra. Celeste Scattolini, primera autora del trabajo.

Para evitar esa distorsión, el equipo utilizó modelos de distribución de especies y variables ambientales que estiman dónde podrían encontrarse especies aún no reflejadas en los registros disponibles.

DOS MAPAS DE BIODIVERSIDAD

La investigación también reveló que los dos grandes subórdenes de ortópteros presentan patrones distintos. Los Ensifera (grillos y esperanzas) alcanzan sus mayores niveles de diversidad en bosques húmedos tropicales y regiones mediterráneas. Los Caelifera (tucuras y langostas) muestran mayor diversidad en pastizales y ambientes áridos. No existe un único patrón mundial: los distintos linajes reflejan diferencias ecológicas y evolutivas.

EL MAPA DE EMERGENCIA

El equipo no se limitó a identificar dónde hay muchas especies. Cruzó tres dimensiones —riqueza de especies, endemismo y falta de información— y las relacionó con los cambios en el uso del suelo (transformación de bosques, cultivos y pastizales). El resultado es el denominado “mapa de emergencia”: una herramienta que señala las regiones donde sería especialmente urgente aumentar el trabajo de campo y orientar acciones de conservación.

“Si bien encontramos áreas de importancia en todos los continentes, las regiones con los valores más extremos, y por lo tanto con mayor urgencia, se concentran principalmente en América Central y América del Sur. Identificamos dos grandes focos: por un lado, Centroamérica y los Andes del norte; y por otro, la región que comprende el sur de Brasil, el este de Paraguay, el noreste de Argentina y Uruguay”, aclaró la Dra. Cigliano.

En Argentina, las provincias que presentan áreas prioritarias son Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Salta, además de sectores del Noroeste Argentino (NOA), las Yungas, la Selva Paranaense y los pastizales del centro-norte. Estas zonas combinan elevada importancia biológica, vacíos de conocimiento y procesos acelerados de transformación ambiental.

El estudio adquiere un interés particular para el país. Argentina tiene una extensa historia de investigación, monitoreo y manejo de langostas y tucuras por su impacto agropecuario. La langosta sudamericana (Schistocerca cancellata), por ejemplo, es una especie migratoria y transfronteriza capaz de desplazarse hasta 150 kilómetros por día. Tras casi 60 años sin grandes brotes, resurgió en 2015 y generó sucesivas alertas y emergencias fitosanitarias.

Un análisis de costo-beneficio citado por el SENASA estimó que el valor de la producción agrícola de los principales cultivos del NOA y NEA —regiones con mayor probabilidad de verse afectadas— ronda los US$ 3.700 millones. Se trata de un “límite inferior”, porque la estimación no incluye frutales, cultivos industriales, pasturas naturales ni forrajes utilizados en la producción ganadera. Antecedentes del INTA señalan que determinadas densidades de tucuras pueden generar mermas de entre 12% y 38% en la producción de soja, además de afectar otros cultivos y pasturas. 

La mirada de esta nueva investigación es mucho más amplia: no se limita a las especies consideradas plaga, sino que busca comprender la distribución global de todo el conjunto de los ortópteros y detectar dónde se concentra su biodiversidad. En el análisis global, Argentina muestra patrones claros y diferenciados: para Caelifera destacan el NOA, los Andes del norte y centro, y las zonas de pastizales y matorrales del centro y noreste; para Ensifera, el noreste (Selva Paranaense/Yungas) y algunas franjas boscosas.

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