EL CEREBRO FEMENINO SE REMODELA DE FORMA DISTINTA EN LA PUBERTAD, EL EMBARAZO Y LA MENOPAUSIA

El estudio compara de forma directa, y con los mismos métodos, los cambios estructurales del cerebro femenino en tres grandes transiciones hormonales.
El estudio compara de forma directa, y con los mismos métodos, los cambios estructurales del cerebro femenino en tres grandes transiciones hormonales.

El cerebro de las mujeres no responde de la misma manera a las grandes transiciones hormonales de la vida. Un equipo del Amsterdam University Medical Center (AUMC), con participación de la Universidad de Leiden y la Universidad Erasmus de Róterdam, ha comparado por primera vez de forma longitudinal los cambios estructurales asociados a la pubertad, el embarazo y la menopausia. Los resultados, publicados en Nature Communications, muestran que cada etapa desencadena una forma diferente de plasticidad cerebral.

Los investigadores analizaron resonancias magnéticas estructurales de 1.095 participantes con los mismos métodos para las tres etapas. De ellas, 34 tuvieron su primera menstruación durante el seguimiento, 70 atravesaron un primer o segundo embarazo y 120 pasaron de la premenopausia a la posmenopausia. El resto formaba parte de grupos de comparación estables, utilizados para distinguir los cambios vinculados a cada transición de los propios del desarrollo o del envejecimiento normal.

Tanto la llegada de la menarquia como el embarazo se asociaron con una reducción acelerada del volumen total y cortical de materia gris frente a sus respectivos grupos de control. En la pubertad, este descenso apareció ampliamente distribuido por la corteza cerebral (aproximadamente un 0,13 % de materia gris total y un 0,16 % de materia gris cortical al mes). Durante la gestación, la reducción fue similar en magnitud (alrededor del 0,12 % mensual), pero se concentró especialmente en áreas parietales posteriores y temporales superiores.

La comparación regional reveló que pubertad y embarazo comparten cambios en distintas áreas de asociación prefrontales, parietales y temporales. Sin embargo, en más de la mitad de las regiones corticales analizadas se observaron diferencias entre ambas. En algunas zonas sensoriomotoras y del cíngulo, la reducción fue mayor en la pubertad que en el embarazo. Los autores recuerdan que ambos periodos se caracterizan por fuertes aumentos de hormonas sexuales como los estrógenos y la progesterona, y que investigaciones previas ya habían relacionado estas variaciones con modificaciones cerebrales. Los nuevos datos confirman que, pese a compartir parte de esa remodelación cortical, cada etapa presenta características propias.

Estos cambios no deben interpretarse necesariamente como un deterioro. La reducción de materia gris durante la pubertad y el embarazo se entiende cada vez más como un proceso de “poda” y especialización neuronal, similar al que ocurre en otras etapas de desarrollo, que permite al cerebro adaptarse a nuevas demandas (sociales, parentales o de atención).

El patrón fue muy diferente durante la menopausia. Las mujeres que pasaron de la premenopausia a la posmenopausia entre las dos exploraciones no mostraron una reducción significativa del volumen total o cortical de materia gris. En cambio, sí se detectó ese descenso en las mujeres que permanecieron premenopáusicas o posmenopáusicas durante todo el seguimiento (pérdidas típicas de envejecimiento de alrededor del 0,025-0,033 % mensual).

Según los investigadores, este resultado podría indicar una atenuación temporal del declive de volumen asociado a la edad durante la propia transición menopáusica. “La menopausia parece caracterizarse no por lo que cambia, sino por lo que no cambia”, escriben los autores. En conjunto, los datos sugieren que las grandes fluctuaciones hormonales de la vida femenina no desencadenan un único programa de reorganización cerebral, sino diferentes formas de plasticidad según la etapa.

La diferencia es especialmente relevante porque los cambios cerebrales asociados a la menopausia se han estudiado mucho menos que los de la pubertad o el embarazo. Hasta ahora, solo un estudio longitudinal había analizado los cambios en la materia gris durante esta etapa y se había centrado únicamente en el hipocampo. El nuevo trabajo amplía el análisis al conjunto del cerebro e incorpora dos grupos de comparación: mujeres que permanecieron premenopáusicas y mujeres que ya eran posmenopáusicas en los dos momentos del estudio.

“La gente suele pensar que el cerebro está terminado cuando eres adulto, pero cambia a lo largo de toda la vida”, señala Sophie van ’t Hof, neurocientífica cognitiva del AUMC y primera autora del trabajo. “Vemos estas pequeñas reducciones de materia gris a lo largo de toda la vida”. La investigación, liderada por el Pregnancy Brain Lab de Elseline Hoekzema, contribuye a mapear por primera vez de forma comparativa cómo el cerebro femenino se adapta a los grandes hitos hormonales, un campo que durante décadas ha recibido menos atención de la que merece.

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