MATEO PULCINI: LA VICTORIA, UN ESTADO DE ÁNIMO

Aparición rutilante del golf argentino, ganó uno de los torneos más prestigiosos del circuito amateur y se prepara para comenzar su carrera profesional a partir de la siguiente temporada.
Aparición rutilante del golf argentino, ganó uno de los torneos más prestigiosos del circuito amateur y se prepara para comenzar su carrera profesional a partir de la siguiente temporada.

La premisa suena sencilla, aunque plasmarla implica un trabajo consistente: el placer como parte del proceso, como condición necesaria para que los resultados lleguen. La sonrisa, el disfrute, ya no solo como el fin que justifica un camino de sacrificios y esfuerzos, sino como motor para transitar ese recorrido. Mateo Pulcini –de 26 años y a punto de convertirse en golfista profesional– se codea con los máximos referentes de su deporte en los principales torneos del mundo.

El pasaje para vivir desde adentro estas experiencias de elite lo obtuvo en enero al ganar el prestigioso Latin American Amateur Championship (LAAC), que le había sido esquivo en años anteriores y que estuvo a punto de no jugar en 2026, decidido como estaba a poner al golf en stand by y dedicarse a su otra profesión. “Esperá un poco, jugá el LAAC y después fijate qué hacés. Podés trabajar toda tu vida; jugar al golf, no”, le dijo su padre y lo convenció. “Yo ya había cumplido casi todo lo que quería a nivel aficionado, pero le hice caso y ahora me cambiaron todos los planes. Ganar el LAAC fue único. Es un torneo que todos quieren jugar, y el premio es demasiado grande”, cuenta Mateo.

  • Gracias a ese triunfo, fuiste invitado a torneos como el Masters de Augusta, US Open y The Open Championship, entre otros, ¿cómo te sentiste en esas competencias?

Estuvo muy bueno, me impactó el nivel de los jugadores de elite. Son demasiado buenos. Y me sorprendieron la camaradería y el espectáculo que rodea a torneos así, lo bien armado que está todo. Las canchas son muy difíciles y jugar ahí es un desafío grande.

  • ¿Sentís que pudiste hacer lo que querías?

En los primeros dos torneos pude haber jugado mucho mejor. No pegué bien desde el tee, que es mi fuerte. Después, jugué bastante bien, tuve algunos hoyos malos que me impidieron pasar el corte y tener un buen resultado. Sobre todo, la pasé bien, más allá de que el tiro de salida no me salió muy bien y ya arranqué complicado.

  • ¿Eso lo adjudicás a no conocer la cancha o al contexto?

El deporte es un poco así: podés hacer todo bien, pero si te levantás con el pie cruzado justo ese día, vas a estar cruzado. En preparación, no fue, porque hice lo que tenía que hacer. Pudo haber sido el momento, porque, aunque sentí que no tenía presión, de todos modos, la presión está ahí.

  • En este caso, al ser experiencias iniciáticas, por más que no fuera tu mejor día, ya estar ahí valía algo, ¿no?

Totalmente. Estar ahí es un sueño para cualquier golfista del mundo, y yo fui ya sabiendo eso. No importaba cómo saliera ese día, traté de disfrutarlo porque todos darían los dos brazos por estar ahí. Generalmente, salgo rápido de las situaciones así. Aunque me queda la espinita, trato de no arrastrarla al siguiente tiro.

A los 11 años, luego de mudarse al country San Esteban, en Río Cuarto, se sumó a las clases infantiles de golf. Fue a probar y le encantó de entrada, porque formó parte de un grupo de amigos nuevos y, además, demostró que tenía facilidad: su primer hándicap fue 14 y, poco tiempo después, saltó a 8. El potencial era evidente. Por eso, cuando buscó universidad para estudiar en los Estados Unidos, se inclinó por una donde pudiera desarrollarse deportivamente. Así llegó a Oklahoma. “Estudié Business como carrera principal y después hice un Minor en Ingeniería en Software. Eso está en todos lados, pero el coach de Oklahoma mostró mucho interés en mí, y además era un lugar donde podía crecer como golfista. Al ser de División 2, pude jugar todos los torneos y mejorar mucho”, relata.

  • ¿Cómo compatibilizabas el deporte con la carrera?

Mi mamá es psicopedagoga, y si mis notas no eran buenas, me retaba. Así que aprendí a estudiar, a ponerle una cierta cantidad de tiempo al día a eso y después sí jugar o hacer lo que quisiera. Eso me hizo mucho más fácil la universidad.

  • ¿Esa disciplina también te sirvió para el deporte?

El deporte lo empecé como actividad recreativa y mejoré muchísimo así. Hoy priorizo la parte de divertirme y pasarla bien. Hay torneos a los que directamente no voy, porque no me gusta mucho la cancha o el ambiente. A los torneos que a mí me gustan, aunque sean un poquito más chicos, voy. Si lo paso bien, doy mi máximo. Trabajé mucho eso. Hace dos años estaba en un momento medio crítico de mi carrera golfística. Me adelantaba a los tiros, pensaba en otros hoyos y no en el que me tocaba. No la pasaba bien y me bajoneaba. Me puse más resultadista. Al trabajar con una psicóloga, Magui Llanos, me enfoqué en divertirme, en buscar mi comodidad para alcanzar el rendimiento.

PROFESIONAL

El modo en que se acomodó el 2026 de Mateo lo llevó a tomar la decisión de volverse profesional en la próxima temporada. “Todo esto me dio un poco más de visibilidad, me vio gente que me quiere ayudar con mi carrera profesional. Jugar al golf no es barato, y necesitaré esa ayuda. A partir de enero voy a ser profesional. Como ganador del LAAC, tengo seis invitaciones para una gira de torneos en la que, si me va relativamente bien, puedo seguir en esa gira y tener un trabajo constante”, cuenta.

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