UNA ENERGÍA QUE SE TRANSMITE

Creadora de un refugio ejemplar en Rosario, María Esther "Beba" Linaro lleva una vida dedicada a la defensa de los derechos de los animales, a su cuidado y, sobre todo, a dar y recibir amor.
Creadora de un refugio ejemplar en Rosario, María Esther "Beba" Linaro lleva una vida dedicada a la defensa de los derechos de los animales, a su cuidado y, sobre todo, a dar y recibir amor.

Unos veinte años antes de que se acuñara el término “especismo” y, poco después, tomaran forma los primeros movimientos antiespecistas (aquellos que rechazan la discriminación basada en la especie y se oponen a la explotación, mercantilización y maltrato de vidas no humanas), ella ya estaba en sintonía con la causa. A sus cuatro años, veía pasar el móvil que atrapaba perros callejeros y corría detrás, intentando salvarlos: “Escuchaba los alaridos y llegaba a casa hecha un mar de lágrimas, con una impotencia enorme”, recuerda María Esther Linaro, mucho más conocida como “Beba”.

Con los años, ese llanto infantil pasó a ser un activismo tenaz, que poco a poco se convirtió en la actividad principal de su vida. Artista plástica, profesora de Bellas Artes, creó en los 80 un grupo ecologista con el que empezó a darles un marco más formal a sus reclamos y gestiones. Tuvo discusiones con un amplio catálogo de funcionarios, incluyendo un célebre intercambio con Hermes Binner, entonces intendente de Rosario (“Él consideraba que yo no era más que una maestrita de dibujo”). Uno de sus grandes objetivos alcanzados fue el cierre del zoológico municipal, entidad que, previamente, dirigió. Parece una contradicción, pero se fundamenta en que, en el proceso, descubrió que el cierre no podía ser inmediato y debía comandarse una transición que contemplara los debidos cuidados hacia los animales en cautiverio.

En 2001, fundó Mundoaparte, un refugio de animales maltratados donde dio asilo, inicialmente, a una quincena de animales sobrevivientes a la clausura del zoológico, que habían sido confinados a un basural. Con tres pumas, dos monos carayá, un mono araña, un jabalí, dos ositas meleras, tres zorros pampeanos, un ciervo, una leona de circo y una osa parda que murió antes del traslado, se instaló en un predio cuya cesión consiguió de parte de la municipalidad. Desde entonces, hubo nacimientos y llegadas de varias especies a este ecosistema particular, sostenido por el esfuerzo de Beba y su equipo. “Es un pequeño mundo, por eso el nombre. Llego, quizás sofocada por el exterior, abro el portón y la cosa cambia. Ahí tengo un contacto hermoso, aunque tampoco es sencillo, porque para unir un animal que va a quedar en cautiverio con una parte de la naturaleza hay que tener muchos cuidados extremos. Es necesario balancear muchísimas cosas”, explica.

En este camino, se acercó más a los animales y se alejó de ámbitos y vínculos previos, donde sentía el peso de la incomprensión y desconexión hacia su motor de vida. En cenas familiares o con amigas se la notaba distante, porque su cabeza no paraba de buscar soluciones a problemáticas vinculadas con los animales. En su propio hogar, recuerda no haber tenido resuelto el presupuesto para la comida semanal, mientras junto a su esposo gastaban en alimento para leones. Un aporte estatal casi testimonial y donaciones privadas le permiten ordenar medianamente las finanzas para asegurar la subsistencia de la amplia fauna a su cargo.

Cada día, observa a los animales, percibe sus preocupaciones y necesidades, porque ya conoce el temperamento de cada uno, y se siente hermanada incluso más allá del fin físico: “Tengo el raye de que la muerte no existe. Cuando amaste mucho a alguien y tuviste reciprocidad, podés tener una sincronía, una devolución como especie. Eso me llega tan profundo y es tan irracional que sigo sintiendo al individuo. La verdadera muerte es el olvido”, afirma.

“Podés tener miles y millones de dólares, pero cuando mueras, al gusano eso no le va a importar. Hay que dejar la mejor energía posible. Para la naturaleza no sos el rey de la creación, sos un bicho más, que tiene el mismo valor que el insecto que aplastaste. Hay una energía que se transmite, todos tenemos el poder”, resume Beba la filosofía de vida que la condujo hasta aquí como referente de un ambientalismo potente, que se sostiene a pesar de los vaivenes y obstáculos. Y que va al frente y se impone, encuentra siempre la manera de derribar muros y conectarse con el otro, sea quien sea, sin importar ni siquiera la especie.

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