LA MONTAÑA QUE LE CAMBIÓ LA VIDA

Catalina Giusti jugaba al hockey y parecía encaminada a una carrera tradicional, pero una práctica de escalada cambió el rumbo de su vida. Pocos años después, hacía cumbre en una de las montañas más altas del planeta.
Catalina Giusti jugaba al hockey y parecía encaminada a una carrera tradicional, pero una práctica de escalada cambió el rumbo de su vida. Pocos años después, hacía cumbre en una de las montañas más altas del planeta.

Catalina Giusti pasó semanas viviendo a 5700 metros de altura, rodeada de hielo, viento y montañas gigantes. Con apenas 30 años, había viajado al Himalaya para trabajar como médica en el campo base del Makalu, una de las catorce montañas que se dan el lujo de superar los 8000 metros. Su tarea era asistir a los expedicionarios, controlar síntomas de altura y estar preparada ante cualquier emergencia. La cumbre no formaba parte del plan.

Sin embargo, cuando los tiempos de la expedición cambiaron y recibió autorización para subir, terminó alcanzando la cumbre de ese gigante de 8485 metros. Fue en abril de este año. “Yo había ido a trabajar. No era un proyecto personal subir esa montaña”, recuerda todavía sorprendida la primera argentina en lograr esta hazaña.

La escena parece lejana a la vida que imaginaba años atrás. Mientras estudiaba Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, Catalina jugaba al hockey desde chica en el club La Tablada y seguía el camino que muchos esperan de un futuro médico: recibirse, hacer una residencia y construir una carrera hospitalaria. La montaña todavía no ocupaba un lugar importante en su vida. En realidad, no ocupaba lugar alguno.

Todo cambió durante la etapa final de la carrera, cuando le tocó ir a Capilla del Monte durante su práctica final obligatoria. Allí conoció la escalada por primera vez. “Empecé a escalar y sentía como que ya lo hacía desde hacía mucho tiempo”, cuenta. La sensación fue tan fuerte que largó el hockey, se quedó a vivir dos años más en la zona y empezó a reorganizar su vida alrededor de esa nueva pasión.

Mientras trabajaba en los hospitales de Capilla del Monte, Cruz del Eje y Soto, también comenzó a formarse en actividades de montaña. Con el tiempo encontró una combinación poco habitual: medicina y aventura. Todo es posible. 

Hoy Catalina trabaja en centros de esquí junto a patrullas de rescate, da cursos de primeros auxilios para escaladores y se dedica a la medicina de altura en el Aconcagua. 

Allí controla a los montañistas que intentan ascender, evalúa si se están aclimatando correctamente y actúa ante problemas graves como edemas pulmonares, cerebrales o traumatismos. “En la montaña el trabajo es muy en equipo. Si no sabés trabajar con otros, no funcionás”, explica.

En una de esas temporadas en el Aconcagua conoció a Tashi Sherpa, nepalí, dueño de una empresa especializada en expediciones. La propuesta llegó de manera inesperada: 

“Me preguntó si quería ir al Makalu, y yo le dije que sí, sin dimensionar demasiado lo que significaba”. Apenas unos meses después ya estaba viajando al Himalaya.

La mayor parte del tiempo permaneció en el campo base como médica de la expedición. Allí descubrió otra dimensión de la montaña: la convivencia prolongada con personas de todo el mundo. Compartió días con escaladores de Israel, Rusia y otros países, todos detrás del mismo objetivo. “Es lindo ver cómo gente muy distinta termina conectándose por la montaña”, dice.

También experimentó algo que muchos montañistas describen y que cuesta explicar desde abajo. Pasar semanas en altura, lejos del ritmo cotidiano, genera una relación distinta con uno mismo. “Siento que la altura te lleva para adentro, te permite conectar más con vos”, cuenta.

Después del Makalu, todavía no tiene claro cuál será su próximo gran desafío. Ya hizo cumbre tres veces en el Aconcagua. Habla del Everest con curiosidad, pero sus sueños siguen apuntando más a la escalada que a los ochomiles. En los próximos meses planea viajar a Europa con el fin de desafiar las paredes más altas del viejo continente junto a su compañero de cordada. “¿Mont Blanc? Es uno de los objetivos”, responde.

Si alguien le hubiera dicho a aquella estudiante de Medicina que terminaría viviendo entre montañas, trabajando en rescates y haciendo cumbre en el Himalaya, probablemente no lo hubiera creído. Pero desde aquella primera escalada en las sierras de Córdoba, aprendió a seguir los caminos que se le aparecen. Y, por ahora, el próximo parece seguir apuntando hacia arriba.

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