LAS PREFERENCIAS DE LOS MOSQUITOS, CLAVE PARA ANTICIPAR EL AVANCE DE ENFERMEDADES 

Los mosquitos no se alimentan solo de sangre humana, también les gusta la de otros animales. Este es un punto clave que explica que los mosquitos sean responsables de millones de infecciones y cientos de miles de muertes de personas cada año.
Los mosquitos no se alimentan solo de sangre humana, también les gusta la de otros animales. Este es un punto clave que explica que los mosquitos sean responsables de millones de infecciones y cientos de miles de muertes de personas cada año.

Las enfermedades transmitidas por mosquitos representan un desafío creciente para la salud pública y animal a escala global. Las hembras de mosquito, además de alimentarse de secreciones azucaradas de las plantas, necesitan sangre para completar el desarrollo de sus huevos. Esa picadura puede ser el primer contacto con un patógeno. Cuando pican a un animal infectado, pueden ingerir el agente junto con la sangre. Si el mosquito es un vector competente, el patógeno se multiplica en su interior, llega a las glándulas salivares y se transmite a un nuevo hospedador en la siguiente picadura.

En general, estos patógenos requieren al menos dos alimentaciones sanguíneas: una para adquirir el virus o parásito y otra para transmitirlo. No todos los animales son igual de competentes. En el caso del virus del Nilo Occidental, las aves actúan como reservorio principal: solo en ellas el virus alcanza niveles suficientes para infectar a los mosquitos. Humanos y caballos son hospedadores accidentales o “callejón sin salida”: el virus no se replica lo bastante como para infectar a nuevos insectos, por lo que la enfermedad no se transmite entre personas ni entre equinos.

La disponibilidad de hospedadores influye, pero no lo explica todo. Algunos mosquitos se alimentan de forma oportunista (los que viven cerca de granjas pican ganado; los urbanos, a personas). Otros son especialistas y prefieren determinados grupos animales, aunque haya alternativas más abundantes. Ejemplos: Culex hortensis se orienta hacia reptiles y Uranotaenia lowii hacia anfibios. El mosquito común Culex pipiens se alimenta preferentemente de aves y, de forma ocasional, de humanos. Esa combinación, unida a su competencia como vector, lo convierte en uno de los principales transmisores del virus del Nilo Occidental.

Un estudio liderado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) ha analizado 765 registros de alimentaciones de mosquitos de todo el mundo (humanos, otros mamíferos, aves, reptiles y anfibios) para comprobar hasta qué punto la historia evolutiva condiciona estas preferencias. Los resultados muestran patrones claros a nivel de tribu (categoría taxonómica que agrupa especies emparentadas): las tribus Aedini (género Aedes), Anophelini (Anopheles), Mansoniini (Mansonia) y Sabethini (Sabethes) se alimentan principalmente de mamíferos; Culisetini (Culiseta) prefiere aves; y Uranotaeniini (Uranotaenia), anfibios.

Las especies más cercanas filogenéticamente tienden a alimentarse de grupos similares de vertebrados. Es lo que se conoce como “inercia filogenética”: ciertos rasgos se conservan a lo largo de la evolución. Los valores más altos aparecen en los mosquitos que pican anfibios, probablemente por la especialización de sus sistemas sensoriales (químicos, visuales y acústicos). Algunas especies, como Uranotaenia macfarlanei, localizan ranas mediante estímulos sonoros. En los que se alimentan de mamíferos y humanos la inercia es intermedia: muchas especies distintas pueden nutrirse de ellos, por lo que también intervienen factores ecológicos.

El país o región donde se muestrean los mosquitos también influye. La variación geográfica y temporal en la abundancia de hospedadores y de insectos modifica las probabilidades de encuentro y genera patrones de alimentación distintos según el lugar.

Los resultados demuestran que las preferencias alimentarias de los mosquitos no son completamente aleatorias: están condicionadas por su historia evolutiva y por el contexto ecológico. En un escenario de cambio global —con clima más cálido, alteración de hábitats y expansión de vectores como el mosquito tigre (Aedes albopictus)—, las enfermedades zoonóticas (aquellas cuyos reservorios son animales y pueden saltar a humanos) están en auge.

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