El perímetro de la cintura y la relación cintura-cadera se consolidan como indicadores más precisos del riesgo de enfermedad cardiovascular que el índice de masa corporal (IMC) por sí solo. Así lo concluye un estudio publicado en JACC, la revista principal del Colegio Estadounidense de Cardiología (American College of Cardiology).
Tradicionalmente, el IMC —peso en kilogramos dividido por la altura en metros al cuadrado— se ha utilizado para clasificar el sobrepeso y la obesidad, factores de riesgo conocidos para las cardiopatías. Sin embargo, esta métrica no refleja la distribución de la grasa corporal. La grasa visceral, que rodea los órganos internos en la zona abdominal, se asocia de forma más estrecha con enfermedades crónicas como las cardiopatías y la diabetes que la grasa subcutánea.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad Johns Hopkins y de la Cross-Cohort Collaboration, analizó datos de 259.388 adultos (más de 260.000 según algunas estimaciones redondeadas) procedentes de 15 cohortes, predominantemente de Estados Unidos, sin antecedentes de enfermedad coronaria. El seguimiento promedio fue de 20 años y se evaluaron nueve resultados: infarto de miocardio fatal y no fatal, accidente cerebrovascular fatal y no fatal, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, enfermedad coronaria total, enfermedad cardiovascular total, mortalidad por enfermedad coronaria, mortalidad por enfermedad cardiovascular y mortalidad por todas las causas.
En personas con peso normal según el IMC, el 5 % presentaba una circunferencia de cintura (CC) elevada y el 18 % una relación cintura-cadera (RCC) elevada. Entre quienes tenían sobrepeso, las cifras subían al 39 % (CC elevada) y al 40 % (RCC elevada). Por el contrario, entre los clasificados como obesos, el 9 % tenía una CC baja y el 45 % una RCC baja.
Las personas con peso normal o sobrepeso y CC o RCC elevados mostraron un riesgo entre un 15 % y un 50 % mayor para la mayoría de los nueve resultados estudiados. En cambio, quienes presentaban obesidad según el IMC, pero una CC baja no mostraron un riesgo significativamente diferente respecto a las personas con peso normal y CC baja, salvo en la mortalidad por todas las causas, donde el riesgo fue incluso menor.
“Parece que la CC y la RCC reclasifican el riesgo definido por los umbrales tradicionales del IMC”, afirma Michael J. Blaha, autor sénior del estudio y director de investigación clínica del Centro Ciccarone de Johns Hopkins para la Prevención de Enfermedades Cardiovasculares. “Observamos individuos con peso clínicamente normal que presentaban una elevada adiposidad central y una RCC alta, lo que los asociaba con un mayor riesgo en la mayoría de los resultados”.Zeina A. Dardari, autora principal (Universidad Johns Hopkins), subraya: “Nuestros hallazgos resaltan la importancia crucial de identificar la adiposidad central elevada, incluso en personas con un IMC normal o con sobrepeso. Basarse únicamente en el IMC puede llevar a una clasificación errónea del riesgo cardiovascular en una amplia gama de resultados. Recomendamos a los médicos que consideren la distribución de la adiposidad central en todo el espectro del IMC al evaluar el riesgo cardiovascular en la prevención primaria”.
El editor jefe de JACC, Harlan M. Krumholz, ha sido más contundente: “Es hora de abandonar el foco exclusivo en el IMC”. Añade que el estudio demuestra de forma inequívoca que la circunferencia de la cintura y la relación cintura-cadera aportan información crítica sobre el riesgo cardiovascular, incluso en personas con IMC normal.
El estudio no incluyó mediciones de actividad física, dieta o riesgo genético de obesidad, factores que influyen en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Además, se basó en una sola evaluación de la CC y la RCC, lo que limita el análisis de cambios a lo largo del tiempo.
Aun así, expertos españoles consultados por el Science Media Centre destacan el mensaje principal. Diego Bellido, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario de Ferrol y presidente de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), señala que “estas limitaciones no invalidan el mensaje principal: el IMC no debería utilizarse como única medida de riesgo cardiometabólico”.
Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad del Hospital Vithas Sevilla, afirma: “Este estudio nos fuerza a algo imprescindible en las consultas médicas, que es evaluar dónde está la grasa. Hacerlo de manera sencilla puede salvar vidas porque podemos recategorizar el riesgo y tratar a personas que aparentemente podían estar confiadas porque tenían un peso normal, pero un riesgo cardiovascular elevado”.
Los hallazgos refuerzan la evidencia previa de que la adiposidad central es un marcador independiente de riesgo cardiovascular. Medir la circunferencia de la cintura (generalmente elevada por encima de 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres) y calcular la relación cintura-cadera son procedimientos sencillos, baratos y que deberían incorporarse de forma rutinaria en la evaluación del riesgo cardiovascular, junto al IMC, y no en su lugar exclusivo.






