Por si no lo sabías, ya hay una máquina que hace lo que vos estás haciendo. Silenciosamente, mientras te distraen con sus cantos de sirena, ellas nos están reemplazando.
Cambian su rostro segundo a segundo para pasar desapercibidas. Y tienen distintos nombres, para confundirte aún más: Gemini, ChatGPT, Claude, Jasper, Perplexity, Figma Make, Loveart y cientos más.
Eligen por nosotros, condicionan nuestros gustos y hasta se meten por las hendijas de cada sueño. Están dirigiendo nuestras vidas. Hacen películas, redactan sentencias judiciales, planifican empresas, construyen edificios.
“Inteligencia artificial” le dicen. Programadas en granjas de trolls transmiten otros valores, diferentes a los tuyos y a los míos. Juegan con nuestras ilusiones y esperanzas, creando falsos espejismos donde creemos que nos divertimos, cuando en realidad estamos perdiendo de vista lo esencial.
Te meten en sus guerras inventadas y vos creés que estás del lado de los buenos. Simulan solucionar problemas mientras te van cargando de deudas. Crean imágenes, imitan tu voz, te cuentan historias falsas.
Ahondan las grietas, porque mientras más nos dividan, mejor te dominan. Te aíslan de tus amigos. Encima, lo hacen bien: generan ejércitos de idiotas útiles que replican mensajes de odio por las redes, haciéndolos creer importantes y en realidad son unos amargos solitarios tras una pantalla luminosa.
“Juegan con nuestras ilusiones, creando falsos espejismos”.
Hablan con vos y responden tus preguntas con amabilidad, porque te escuchan en todo momento, aun cuando el celular o la computadora están apagados. Te condicionan con sus fatídicos algoritmos.
Fabrican tus risas para hacerte creer que siempre estás feliz, que sos vos quien ríe, cuando en realidad ríen ellas. Arman los chistes, distribuyen memes para sacarte de foco. Inventan cosas raras como los therians o “farmear aura”.
Te llenan de sexo gratis cuando estás en la cola del Rapipago, ese sexo acrobático que te incomoda porque sabés cuán lejos estás de practicarlo.
Meten en tus retinas millones de horas de deportes, con saltos y jugadas de disciplinas que no sabías que existían. Juegan por vos al Candy Crush o en tus consolas de PlayStation, y te hacen creer que ganás, solo para regalarte una ilusión.
Crean nuevas religiones llenas de fetiches, inventan iglesias nuevas y dogmas dirigidos, con la única intención de que preserves el miedo al más allá.
Manejan tu dinero. De a poco, están matando el papel moneda y lo reemplazan por bits electrónicos que ordenan digitalmente. Y ya tienen el sustituto: las criptomonedas. Pero van a seguir; seguro aparecerá otro que será como un cáncer terminal: cuando ellas lo decidan, desaparecerá la plata que no existe y todos seremos indigentes.
No te quieren, no nos quieren, estoy seguro. Y vos no te das cuenta, al contrario, creés que seguís siendo el amo que controla la situación. Pero ellas, envueltas en el halo glamoroso de la tecnología IA, nos siguen anestesiando, nos están midiendo como un buen boxeador, para darnos el golpe mortal, en el momento en que lo deseen. Terminator nos contó el final.
Es demasiado tarde. Ellas ya ganaron.






