MONOS CAPUCHINOS CAZAN VERTEBRADOS DE FORMA SISTEMÁTICA EN ÉPOCAS DE SEQUÍA

Un estudio en el noreste de Brasil sugiere que la depredación de pequeños animales actuó como un amortiguador nutricional clave, un patrón de conducta que podría dar indicios sobre los orígenes del carnivorismo en los homínidos primitivos.
Un estudio en el noreste de Brasil sugiere que la depredación de pequeños animales actuó como un amortiguador nutricional clave, un patrón de conducta que podría dar indicios sobre los orígenes del carnivorismo en los homínidos primitivos.

Durante décadas se asumió que la caza de vertebrados y el consumo regular de carne eran rasgos casi exclusivos de los homínidos y de sus parientes más cercanos, como los chimpancés. Un nuevo estudio publicado en PLOS One desafía esa visión al documentar cómo los monos capuchinos barbudos (Sapajus libidinosus), primates evolutivamente más lejanos, recurren de manera sistemática a la depredación de pequeños vertebrados cuando escasean los recursos vegetales. Los hallazgos sugieren que la transición hacia una dieta más carnívora, como la que emprendió Homo erectus hace unos 2,5 millones de años, pudo responder a presiones ambientales comunes más que a una singularidad humana.

El equipo internacional de investigadores analizó más de 5.000 horas de observaciones recogidas a lo largo de 45 meses en la Fazenda Boa Vista, una zona semiárida del noreste de Brasil situada en la transición entre los biomas del Cerrado y la Caatinga. En total registraron 446 episodios de depredación de vertebrados, lo que equivale a una tasa media de 6,4 capturas por cada 100 horas de observación. Las presas más frecuentes fueron lagartos (43%) y roedores (28%), aunque también se documentaron por primera vez en esta especie capturas de marsupiales (como comadrejas), iguanas, serpientes y polluelos en sus nidos.

El consumo de estos animales aumentaba de forma notable durante los meses de mayor aridez, cuando la disponibilidad de frutos maduros caía drásticamente. “Durante los periodos de escasez de fruta, los pequeños vertebrados se convierten en una fuente de alimento crucial”, explica Susana Carvalho, investigadora del Parque Nacional de Gorongosa (Mozambique) y coautora principal del trabajo. “La caza de pequeñas presas pudo haber sido un recurso nutricional clave para los ancestros humanos en épocas de sequía, sirviendo como un peldaño evolutivo antes de dar el salto a la explotación de animales de mayor tamaño”.

El estudio también reveló claras diferencias según sexo y edad. Los machos adultos cazaban con mayor frecuencia que las hembras y se atrevían a perseguir presas potencialmente peligrosas, como serpientes. Aun así, la caza no fue exclusivamente individual: se observaron cacerías cooperativas y transferencias selectivas de alimento entre miembros del grupo. Un detalle que llamó especialmente la atención de los primatólogos fue la precisión con la que los monos procesaban las capturas: en la gran mayoría de los casos priorizaban el cerebro y los órganos internos —tejidos ricos en grasas y nutrientes densos— antes de consumir el músculo, una estrategia óptima para maximizar la ingesta calórica en un contexto de competencia.

Aunque los capuchinos no son un modelo directo de los antepasados humanos, su comportamiento ilustra cómo la flexibilidad alimentaria puede evolucionar de manera independiente en linajes distantes. “Este trabajo pone de manifiesto la necesidad crítica de realizar estudios de campo a largo plazo para comprender de manera fiable el comportamiento de especies de primates tan adaptables”, señala Noemi Spagnoletti, de la Universidad La Sapienza de Roma y coautora del estudio.

Los autores sostienen que estos hallazgos obligan a revisar la interpretación del registro fósil sobre la dieta de los primeros homínidos. El análisis de marcas de corte y restos óseos de pequeños vertebrados en yacimientos paleoantropológicos podría confirmar si nuestros antepasados emplearon una estrategia similar de subsistencia —aprovechando presas pequeñas como “despensa de emergencia” en periodos secos— antes de convertirse en cazadores de megafauna.

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