En el día 368 de un verano que no termina y hace tres días que la noche no llega, un grupo de amigos recorre las calles de una Buenos Aires vaciada por el calor extremo, los cortes de luz y el éxodo masivo de quienes pudieron irse. Acechados por el delirio térmico, deciden invadir las mansiones abandonadas de un barrio acomodado para probar todas las piletas que encuentren. Ese paraíso de agua y frescor, sin embargo, también puede volverse infernal.
Así comienza Los Nadadores, la ópera prima de la directora y guionista argentina Sol Iglesias SK (nacida en 2001), una película de 74-76 minutos que mezcla drama, ciencia ficción y thriller atmosférico. Es una coproducción entre Argentina, México y Estados Unidos, realizada de manera casi completamente autogestionada por el colectivo Los Nadadores Cine, fundado en 2022. El elenco principal está integrado por miembros del propio grupo: Joaquín Fretes, Tobías Reizes, Valentina D’Emilio (también productora), Sol Iglesias SK e Iván Ursul, entre otros.
La cinta se rodó entre fines de 2023 y principios de 2024 con un equipo de veinteañeros y recursos limitados. “Decidimos construir a partir de lo real. Encontrar la ficción dentro de lo real”, explicó Iglesias. El proyecto avanzó gracias a su selección en la sección Work in Progress del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) 2025, donde obtuvo premios de postproducción de sonido, musicalización y distribución. Allí se sumó la productora mexicana Benuca Films (Fernando Montes de Oca) y más tarde apoyo estadounidense, convirtiendo la película en una coproducción trinacional.
Los Nadadores tuvo su estreno mundial el 6 de marzo de 2026 en la sección Zonazine del 29º Festival de Málaga, donde inauguró la competencia dedicada a propuestas arriesgadas y nuevas miradas. Allí recibió una mención especial del jurado. Posteriormente formó parte de la Competencia Oficial Argentina del BAFICI 27 y se proyectó en otros certámenes internacionales.
Más que una narrativa clásica de conflicto y resolución, la película construye una atmósfera de “fantástico de la percepción”: una distopía lisérgica y lánguida en la que el colapso climático no llega con estruendo, sino como una siesta eterna a 47 grados. Los jóvenes no buscan la salvación heroica; deambulan, se meten en casas ajenas y se sumergen en piscinas como forma de resistencia pasiva o de indiferencia frente al fin del mundo. La propia directora ha señalado que la obra critica “esa indiferencia con la que las nuevas generaciones se comportan frente al fin del mundo” y la parálisis generacional ante el desastre.
La fotografía de Sofía Lizzoli, el montaje de Florencia Gómez García, la dirección de arte de Olivia Schachtel y la música de Pablo Mondragón refuerzan la sensación de extrañeza y opresión térmica. Críticas han destacado su originalidad dentro del cine argentino reciente: una relectura generacional de búsquedas del Nuevo Cine Argentino, pero filtrada por la sensibilidad de una juventud que filma “contra la indiferencia” y con recursos propios.






