Investigadoras del Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet” (ILPLA, CONICET-UNLP) lideraron un trabajo que reconstruye con detalle inédito las relaciones evolutivas del género Odontesthes, conocido popularmente como pejerreyes o peixes-rei. Publicado en la revista Hydrobiologia, el análisis del ADN de 364 ejemplares recolectados en Argentina, Brasil, Uruguay y Chile revela que varias especies consideradas distintas durante décadas comparten, en realidad, una misma línea evolutiva.
El estudio, uno de los más completos realizados hasta ahora sobre este grupo de peces con herramientas genómicas de última generación, fue encabezado por especialistas del ILPLA en colaboración con instituciones nacionales e internacionales. Analizó millones de datos genómicos generados a lo largo de años de trabajo de campo y laboratorio.
“Muchas veces pensamos que ya conocemos perfectamente nuestra biodiversidad porque las especies fueron descriptas hace más de cien años. Sin embargo, la genómica nos está mostrando que todavía desconocemos gran parte de su historia evolutiva. En este caso, descubrimos que especies que durante décadas se consideraron diferentes en realidad comparten una misma historia genética”, explicó Yamila Cardoso, integrante del equipo.
Uno de los principales aportes del trabajo es demostrar que la evolución no siempre deja huellas evidentes en la morfología de los organismos. Los análisis revelaron que varias especies reconocidas hasta ahora no presentan diferencias genéticas suficientes para considerarlas linajes evolutivos independientes. En cambio, otras sí mantienen una identidad genética claramente definida.
Entre los casos más llamativos aparecen Odontesthes regia y Odontesthes gracilis, dos especies del Pacífico que, desde el punto de vista genómico, forman prácticamente una única unidad evolutiva. Algo similar ocurre con O. ledae, O. mirinensis y O. piquava, especies del sur de Brasil cuyos genomas muestran un importante grado de mezcla.
“Muchas veces la genómica revela especies ocultas que no conocíamos, pero en este caso ocurrió lo contrario: descubrimos que especies que creíamos diferentes son en realidad distintas formas de adaptación de una misma historia evolutiva. Sabíamos que podía haber casos complejos, pero no esperábamos un intercambio genético tan alto. La evolución no siempre produce límites claros; la naturaleza es mucho más dinámica de lo que muestran los libros”, remarcó Cardoso.
Yanina Briñoccoli, otra de las investigadoras, destacó el esfuerzo detrás del trabajo: “Este trabajo es el resultado de muchos años de investigación y colaboración internacional, durante los cuales se reunieron muestras de diferentes países, se generó la información genómica y se analizaron millones de datos, lo que llevó varios años de trabajo”.
El estudio muestra que la historia del género Odontesthes estuvo marcada por múltiples transiciones entre ambientes marinos y de agua dulce. Cada vez que algunas poblaciones colonizaron lagunas, ríos o estuarios, comenzaron procesos de adaptación a nuevas condiciones ambientales. Sin embargo, esas adaptaciones no siempre terminaron originando especies completamente nuevas. En muchos casos continuó existiendo intercambio genético entre poblaciones —un fenómeno conocido como flujo génico— que mantiene conectadas a las distintas poblaciones a pesar de vivir en ambientes diferentes.
Los resultados también evidencian numerosos episodios de hibridación entre especies cercanas, un proceso que vuelve todavía más compleja la reconstrucción de su historia evolutiva. Investigaciones previas con datos de RAD-seq y mitocondriales ya habían señalado colonizaciones independientes del Atlántico desde el Pacífico y tres transiciones marino-dulceacuícolas, con introgresión de haplotipos marinos en clados de agua dulce, hallazgos que este trabajo genómico amplía y refina.
“Durante mucho tiempo los investigadores solo disponían de la información que aportaban la forma del cuerpo, algunas características anatómicas o unos pocos marcadores genéticos. Esas herramientas fueron fundamentales en su momento, pero hoy la genómica nos permite analizar decenas de miles de regiones del ADN simultáneamente y obtener información mucho más completa”, señaló Briñoccoli. “Significa que la apariencia no siempre refleja la historia evolutiva. Dos poblaciones pueden verse distintas porque se adaptaron a ambientes diferentes, pero seguir compartiendo la mayor parte de su información genética”.
EL PEJERREY BONAERENSE
El trabajo dedica un capítulo especial al pejerrey bonaerense (Odontesthes bonariensis), una de las especies de mayor importancia ecológica, deportiva y productiva de la región. Los análisis identificaron dos grandes grupos genéticos distribuidos aproximadamente entre el norte y el sur de su área de distribución. Lo llamativo es que esas diferencias persisten incluso después de décadas de siembras y traslados de peces realizados por el ser humano para fomentar la pesca deportiva y el repoblamiento de lagunas.
Para los autores, esta información resulta especialmente valiosa porque permitirá diseñar mejores estrategias de manejo y conservación de las poblaciones naturales del pejerrey.
Además de incorporar por primera vez información genómica de algunas especies poco estudiadas, el trabajo reconstruye con mayor precisión la historia evolutiva del grupo y plantea una idea que desafía la manera tradicional de clasificar la biodiversidad. Mientras muchos estudios genómicos descubren especies nuevas que antes pasaban inadvertidas, en este caso ocurrió exactamente lo contrario: varias especies definidas por sus diferencias morfológicas parecen representar, en realidad, distintas formas de adaptación a ambientes diversos y no linajes evolutivos completamente separados.






