La viruela fue una de las enfermedades más mortíferas introducidas en el continente americano durante la colonización europea. Su rápida propagación por América del Norte, Central y del Sur provocó la muerte de millones de personas, especialmente entre las poblaciones indígenas, que carecían de inmunidad previa. Hasta ahora, sin embargo, se sabía poco sobre las cepas concretas del virus responsables de aquellos brotes.
Un nuevo estudio publicado en la revista Science y replicado en el portal SINC, resuelve parte de ese enigma. Investigadores del Trinity College de Dublín y de la Universidad de Chile recuperaron y reconstruyeron el ADN antiguo del virus de la viruela a partir de dos momias naturales halladas en el norte de Chile. Se trata de la primera evidencia molecular directa de que la enfermedad llegó a América a través de la colonización europea.
“Es la primera evidencia molecular directa de que la viruela se introdujo en América a través de la colonización europea”, afirma Shigeki Nakagome, investigador del Trinity College de Dublín y uno de los líderes del trabajo.
El equipo chileno tomó muestras de dos individuos de una comunidad local enterrada en el yacimiento Camarones 9 (cerca de Caleta Camarones, región de Arica y Parinacota), en el extremo sur del antiguo Imperio inca. Los restos, momificados de forma natural por las condiciones del desierto de Atacama, datan de finales del siglo XV a principios del XVII, es decir, del período de transición entre la época inca y los inicios de la colonización española.
Los análisis identificaron fragmentos del virus Variola (agente causal de la viruela) en una mujer adulta de entre 30 y 35 años y en un joven de 18 a 20 años. La datación por radiocarbono combinada con el reloj molecular del virus sitúa sus muertes entre 1492 y 1631. Los genomas virales recuperados son casi idénticos (99,9 % de identidad), lo que indica que ambos individuos se infectaron probablemente durante el mismo brote o por la misma cepa circulante en la región.
Este linaje, bautizado como CAM9 y hoy extinto, constituye el genoma de viruela más antiguo conocido de América. Su posición evolutiva se sitúa entre las cepas europeas de la Alta Edad Media y las que más tarde dieron origen a las cepas modernas de viruela. Según los autores, divergió alrededor de 1296 d.C., después de la separación de los linajes europeos medievales y antes de la aparición de las variantes que circularon en siglos posteriores. Esto descarta un origen americano del virus y confirma su llegada desde el Viejo Mundo.
CAMBIOS EN LA EVOLUCIÓN DEL VIRUS
Al comparar los genomas chilenos con virus antiguos y modernos, los investigadores observaron que el patógeno experimentó un largo período de cambios genéticos hasta el siglo XVI. Sin embargo, su evolución se ralentizó de forma notable durante el apogeo de la expansión colonial y las grandes epidemias de los siglos XVII y XVIII.
“Esto sugiere que el virus pudo haber alcanzado un óptimo evolutivo, lo que le permitió propagarse con éxito sin necesidad de una mayor adaptación —posiblemente favorecido por la falta de inmunidad de las poblaciones indígenas recién expuestas—”, explica Lara Cassidy, de la Facultad de Genética y Microbiología del Trinity College de Dublín.
Nakagome señala que este período de relativa estabilidad coincide en líneas generales con la expansión colonial europea, mientras que un repunte en la tasa de evolución se produjo en torno a la aparición de la vacunación a finales del siglo XVIII. “Aunque estas asociaciones temporales no demuestran una relación causal, plantean la posibilidad de que los cambios en la demografía y la epidemiología humanas alteraran las presiones selectivas que actuaban sobre el virus y configuraran así su historia evolutiva”, añade.
El equipo también encontró indicios de que esa estabilidad pudo haber terminado en el siglo XIX, cuando la vacunación se generalizó. “En conjunto, los hallazgos muestran cómo es probable que acontecimientos históricos importantes —como la colonización, los cambios demográficos y la vacunación— hayan moldeado la evolución de una de las enfermedades infecciosas más devastadoras de la humanidad”, apunta Bruno Romero González, investigador del Trinity College y primer autor del estudio.
La llegada de la viruela a América se documenta históricamente por primera vez en 1518 en la isla de La Española (actuales Haití y República Dominicana). Desde allí se propagó con efectos catastróficos. Las poblaciones indígenas, sin exposición previa, sufrieron mortalidades extremadamente altas; algunas estimaciones sitúan la pérdida demográfica asociada a enfermedades introducidas (incluida la viruela) en cifras cercanas al 90-95% en ciertas regiones.
Edward Jenner desarrolló la primera vacuna contra la viruela en 1796. Las campañas de vacunación a gran escala redujeron drásticamente la transmisión durante los siglos XIX y XX. Aun así, se estima que solo en el siglo XX la enfermedad causó entre 300 y 500 millones de muertes en todo el mundo.
La Organización Mundial de la Salud lideró finalmente una campaña internacional coordinada de erradicación. El último caso de origen natural se registró en 1977 en Somalia, y en 1980 la OMS declaró oficialmente erradicada la viruela. Hasta la fecha, es la única enfermedad infecciosa humana eliminada por completo a escala global.






