Cualquiera que haya tomado antibióticos alguna vez ha podido experimentar retortijones, diarrea u otras molestias intestinales. Estos medicamentos combaten infecciones, pero también eliminan de forma indiscriminada bacterias beneficiosas del intestino, lo que abre la puerta a la proliferación de microbios potencialmente dañinos.
Un nuevo estudio liderado por investigadores de City of Hope, en colaboración con NYU Langone Health y Memorial Sloan Kettering Cancer Center, sugiere que limitar el consumo de alimentos azucarados durante el tratamiento antibiótico podría mitigar este daño. El trabajo, publicado en la revista Nature, siguió a pacientes con cáncer de sangre sometidos a trasplante de células madre, un grupo con alto riesgo de alteraciones graves en el microbioma intestinal.
“Los antibióticos alteran la diversidad de aquellas bacterias intestinales que desempeñan un rol importante en el funcionamiento de nuestro sistema inmunitario y nuestra salud general”, señala Marcel van den Brink, coautor principal del estudio y presidente de City of Hope de Los Ángeles. “Nuestra investigación expone que evitar los alimentos azucarados durante el tratamiento con antibióticos puede proteger el microbioma, ya que la preservación de la diversidad biológica se ha relacionado con mejores resultados clínicos para los pacientes con cáncer”.
El estudio, de cinco años de duración, monitorizó a 173 pacientes hospitalizados durante varias semanas. Estos recibieron quimioterapia intensiva —a veces acompañada de radioterapia— para destruir su sistema inmunitario antes del trasplante de células madre. Todos tomaron al menos un antibiótico para prevenir o tratar infecciones, y el 80 % recibió uno o más de amplio espectro, con efectos potentes sobre el microbioma.
Los investigadores registraron 9.419 comidas y más de 40.000 ítems alimenticios mediante cuestionarios en tiempo real que acompañaban cada bandeja hospitalaria. Además, analizaron más de 1.000 muestras de heces de 158 pacientes para evaluar la diversidad del microbioma, un indicador clave de la salud intestinal.
“A diferencia de otros estudios, que se basaban en lo que recordaban los pacientes, contábamos con registros dietéticos recopilados en tiempo real”, explica van den Brink. “Esto nos permitió hallar patrones que, de otro modo, podrían haber sido imposibles de detectar”.
Los resultados fueron consistentes: los pacientes que consumían más dulces mientras tomaban antibióticos sufrían una mayor pérdida de diversidad bacteriana. Microbios agresivos, especialmente Enterococcus (en particular Enterococcus faecium), desplazaban a otras cepas. Cuando esta bacteria abunda, los pacientes trasplantados enfrentan un mayor riesgo de infecciones del torrente sanguíneo, enfermedad de injerto contra huésped y otras complicaciones potencialmente mortales.
La combinación de alimentos ricos en azúcar y antibióticos de amplio espectro generaba una caída sustancial del 24 % en la diversidad bacteriana por cada aumento de 100 gramos de dulces (equivalente al contenido de azúcar de un batido grande). Algunos análisis apuntaron también a una reducción adicional del 21 % en la diversidad alfa por cada 100 gramos de azúcar consumidos en las 48 horas previas a la toma de muestras.
Para validar los hallazgos, el equipo realizó experimentos con ratones sanos. Los animales alimentados con una dieta rica en sacarosa y tratados con antibióticos (como biapenem) desarrollaron una proliferación excesiva de Enterococcus: un aumento de 16,3 veces al día 3 y de 33,4 veces al día 6. En cambio, aquellos que consumieron azúcares sin antibióticos mantuvieron una diversidad bacteriana normal.
“El hecho de que los estudios en animales respalden las asociaciones que hemos encontrado proporciona una justificación convincente para que futuros ensayos clínicos evalúen la reducción de la ingesta de azúcar durante el uso de antibióticos”, afirma van den Brink.
Para los pacientes oncológicos, los resultados refuerzan el concepto de “alimento como medicina”. Van den Brink destaca que muchos productos recomendados en hospitales —batidos nutricionales, smoothies y bebidas deportivas— tienen un alto contenido en azúcar, algo que habría que reevaluar al prescribir antibióticos.
Sin embargo, los autores son cautos: “Todavía es pronto como para recomendar a todas las personas que toman antibióticos que eviten el azúcar”. No existen pruebas sólidas de que los probióticos preserven o restablezcan la diversidad del microbioma, aunque mucha gente los toma de todos modos. “No hace ningún daño limitar el consumo de azúcar en la dieta, y es algo fácil de probar”, concluye el experto.






