LOS PLESIOSAURIOS NADABAN HASTA LOS DELTAS DE LOS RÍOS PARA VOMITAR CONCHAS Y RESTOS INDIGERIBLES

Un nuevo estudio descubrió que los plesiosaurios desechaban las partes más duras de los mariscos en las desembocaduras de los ríos.
Un nuevo estudio descubrió que los plesiosaurios desechaban las partes más duras de los mariscos en las desembocaduras de los ríos.

Los plesiosaurios, aquellos reptiles marinos de cuello largo que dominaron los océanos durante más de 140 millones de años, tenían una costumbre sorprendente: después de cazar marisco en aguas profundas, se acercaban a las desembocaduras de los ríos para regurgitar las partes duras que no podían digerir. Así lo revela un estudio del paleontólogo Dirk Knaust, publicado en la revista Geological Magazine por Cambridge University Press.

El análisis de más de 20 regurgitalitas —bolas de vómito fosilizado cuyo tamaño oscila entre el de una nuez y un mango, algunas de hasta 10 centímetros— encontradas en núcleos de perforación del Mar del Norte, frente a la costa noruega, ofrece una ventana inédita al comportamiento de estos “monstruos marinos” del Jurásico Medio y Superior (hace entre unos 174 y 100 millones de años).

Las muestras proceden de depósitos de delta fluvial situados a unos 50 kilómetros de la actual costa noruega, cerca del yacimiento de gas y petróleo de Troll y de un emplazamiento submarino de almacenamiento de CO₂. Durante tres décadas, Knaust, geólogo de la empresa noruega Equinor ASA, examinó varios miles de metros de núcleos de perforación de formaciones del Bathoniense al Oxfordiense.

Las regurgitalitas contienen una mezcla de conchas de bivalvos, tubos de serpúlidos (gusanos filtradores), fragmentos de crinoideos (invertebrados fijados al fondo por un tallo) y restos de belemnitas (cefalópodos similares a los calamares), además de trozos de madera. Muchos de estos organismos eran estenohalinos: necesitaban niveles de salinidad estables propios del mar abierto. Sin embargo, los restos se depositaron en un ambiente de delta donde la entrada de agua dulce hacía fluctuante la salinidad, un entorno incompatible con su supervivencia.

La conclusión es clara: los plesiosaurios consumían el marisco en aguas más profundas y saladas, y luego se desplazaban hacia la orilla para expulsar los restos duros. “El vómito formaba parte de la biología de los plesiosaurios y tenía la función de separar la materia no digerible de las partes blandas que sí podían aprovechar”, explica Knaust. “Por supuesto, la eficiencia de la nutrición disminuía a medida que aumentaba la cantidad de partes duras, pero aun así obtenían una porción jugosa”.

Anteriores estudios de anatomía sugieren que estos reptiles inclinaban la cabeza hacia abajo para recolectar el marisco del fondo marino. Carecían de dientes capaces de triturar las conchas, por lo que su estómago compactaba los fragmentos en pequeñas bolas, de forma similar a como hacen hoy los búhos con las egagrópilas.

Knaust plantea que los plesiosaurios se acercaban a las zonas costeras para descansar o dormir tras la caza, y que entonces regurgitaban. “Hoy en día, vemos que las focas peludas y los cocodrilos marinos hacen algo similar, pero mientras que ellos salen a tierra, estos grandes reptiles permanecían sumergidos debido a su peso y tamaño corporal”, señala.

La conservación de las regurgitalitas se debió en parte a que estaban muy compactadas y cubiertas de mucosidad. Aunque la mayoría se desintegraron por el oleaje y las mareas, algunas quedaron rápidamente sepultadas por sedimentos fluviales o protegidas en madrigueras de crustáceos, lo que permitió su fosilización.

Cerca de uno de estos restos se halló un hueso y heces fosilizadas. Inicialmente se pensó que el hueso podía ser de dinosaurio, pero la tomografía reveló que pertenecía a un ictiosaurio. Se descartaron tiburones y cocodrilos marinos como productores del vómito, ya que estos se alimentaban principalmente de peces y no aparecieron restos óseos de peces en las bolas. El perfil de tamaño (plesiosaurios de entre 2 y 13 metros, y en concreto los criptoclídidos de 4 a 8 metros) y la dieta de presas de caparazón duro apuntan a los plesiosaurios criptoclídidos como los autores más probables.

Knaust ha formalizado estas huellas fósiles con el nuevo icnogénero Vomitus, que incluye variedades según el contenido dominante (conchas, tubos de serpúlidos o fragmentos de crinoideos). Se trata de la primera identificación sistemática de vómito de plesiosaurio y de los mariscos que contenía.

“Se sabe poco sobre el comportamiento y la biología de los plesiosaurios: a qué gremio alimentario pertenecían, cómo obtenían y digerían los alimentos y qué dieta preferían”, apunta el investigador. “Sin embargo, estos animales fueron probablemente los reptiles marinos más resistentes que colonizaron el mar durante el Mesozoico”. Los hallazgos, añade, “no son más que el principio. Hay mucho más que podemos aprender al examinar lo que los animales extintos vomitaban después de alimentarse”.

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