DISEÑOS ADICTIVOS

Aumentan en el mundo las demandas judiciales contra compañías como Meta, Google/YouTube, ByteDance (TikTok) y Snapchat por el diseño de plataformas con algoritmos perjudiciales para la salud mental de niños y adolescentes.

Los efectos más frecuentemente identificados son adicción, ansiedad, depresión, dismorfia corporal, trastornos de la conducta alimentaria e ideaciones suicidas.

Los demandantes argumentan que las plataformas están diseñadas de modo premeditado para interferir en las conductas humanas y tornarlas dependientes. 

Y es verdad: son adictivas de origen, con el agravante de que la enorme mayoría de los chicos no dispone de criterios para su autorregulación.

El inocultable objetivo de las empresas es retener al usuario. ¿Sus recursos? Una velocidad acorde a la ansiedad actual, un desplazamiento ágil e infinito, y una reproducción de contenidos que se retroalimenta.

“Adultos: protejan la identidad lúdica y creativa de los niños”.

En ámbitos educativos se defiende la idea de poder usar dispositivos electrónicos para proyectos pedagógicos, pero a los alumnos les gana la recreación: en plena actividad se desvían a juegos, apuestas y “escroleo”. Resultado: severa dispersión y poco aprendizaje.

Muchos terminan olvidando por qué habían encendido la pantalla debido a la interferencia de avisos, premios y mensajes marginales. Allí reside la intencionalidad: los distractores prevalecen por sobre la necesidad original.

INTENSOS Y MODERADOS

En todas las épocas, la opinión pública ha influido en las conductas humanas.

En 1977, la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann presentó –de manera premonitoria, ya que el libro fue publicado antes del imperio de las redes sociales– un original libro: La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social.

Ya entonces, su teoría afirmaba que todas las personas, antes o después, adaptan sus reacciones a las tendencias generales. Hoy abunda evidencia en redes sociales tecnológicas.

Cuando detectan ser minoría, la opinión personal parece disolverse. En contraste, cuando se sienten mayoritarios (comentando un tema) toman confianza, prepotencia y hasta desacreditan a los demás. “Arrogancia” es una palabra que rima con “ignorancia”.

Si a esto se le suma vértigo, aparece la agresividad, en especial si proviene de individuos intensos en su vida cotidiana. Sus comentarios, likes y emojis llegan a construir “verdades virales”, usualmente tan falsas como catastróficas.

En cambio, las opiniones moderadas gozan de menos popularidad; la prudencia y la sensatez suelen generar menos respuestas, menos discusiones y menos enojo. 

No todos los chicos reaccionan igual. Ciertos rasgos personales como baja autoestima, eventual percepción de soledad o simple timidez condicionan el riesgo de daño. 

Pero lo real es que su salud mental está en peligro, expuestos de modo permanente y sin el contrapeso de los moderados, de los pacíficos, de los conciliadores.

Y resulta indudable que las generaciones actuales muestran una piel más fina y una autoestima más frágil que sus antecesoras. Entonces es sencillo comprender que la premeditación empresarial cobra tantas víctimas.

Adultos: protejan la identidad lúdica y creativa de los niños, ya que las plataformas solo los registran como meros consumidores.

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