Un nuevo análisis global publicado en la revista Science revela que los ríos del mundo vertieron al océano unas 263.000 toneladas de microplásticos en 2022, una cifra considerablemente superior a la mayoría de las estimaciones anteriores. El 96% de ese flujo procedió de países del Sur Global, y el sudeste y el este de Asia concentraron por sí solos más de la mitad del total, pese a representar solo el 14% de la superficie terrestre mundial.
El estudio, liderado por Hehao Qin, de la Universidad de Pekín, y colaboradores de varias instituciones, propone un nuevo marco metodológico que integra datos de distintos métodos de muestreo, considera el tamaño de las partículas y aplica técnicas de aprendizaje automático para evaluar la influencia de factores humanos y naturales. También incorpora la dimensión temporal vinculada a las precipitaciones, lo que permite capturar con mayor realismo los picos de transporte asociados a episodios de lluvia intensa.
La distribución del vertido es muy desigual. Un reducido número de grandes ríos concentra buena parte de la carga global; el Yangtsé (China) destaca como la principal fuente individual. En el caso de este río, cerca del 80 % del flujo anual de microplásticos se produce entre junio y agosto, durante la estación de lluvias. En momentos de máxima crecida, el modelo estima picos diarios de hasta decenas de veces superiores a los valores de la estación seca.
Los principales factores que explican las diferencias geográficas en las concentraciones son el consumo de plástico, la gestión deficiente de residuos y el nivel de desarrollo humano. A corto plazo, las condiciones meteorológicas y los cambios estacionales también influyen de forma significativa.
Una de las aportaciones más relevantes del trabajo es el concepto de “enriquecimiento por pulsos” (pulse enrichment): en aproximadamente el 70 % de la descarga de agua dulce mundial, los caudales altos impulsados por la lluvia provocan aumentos bruscos tanto en la concentración como en el flujo de microplásticos. Alrededor del 80 % de estos episodios se concentran en países en desarrollo. En regiones con elevado uso de plástico y sistemas de residuos precarios, las precipitaciones intensas arrastran grandes cantidades de partículas hacia los cauces y, desde allí, hacia el mar.
Los autores advierten de que el cambio climático puede agravar el problema. A medida que los fenómenos meteorológicos extremos se vuelvan más frecuentes e intensos, es probable que se produzcan aumentos puntuales y muy elevados de microplásticos tanto en los ríos como en las aguas costeras y marinas.
Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá, destaca la solidez del trabajo en declaraciones al Science Media Centre España: “Presenta una base empírica muy amplia respaldada por un gran número de observaciones directas”. Además, subraya que la incorporación de la dimensión temporal ligada a las lluvias extremas aporta “un gran realismo físico” a las estimaciones.
Los microplásticos —partículas de plástico de cinco milímetros o menos— constituyen una forma de contaminación persistente y extendida, con posibles efectos sobre los ecosistemas acuáticos, la calidad del agua y la salud humana. Cada año, decenas de millones de toneladas de estas partículas llegan al medio ambiente; una parte significativa acaba en los océanos, y los ríos actúan como la principal vía de transporte desde las zonas continentales.






