Muchos lagartos que habitan zonas áridas o semiáridas lucen en su piel una cubierta de estructuras nanométricas en forma de pelo, conocidas como sétulas. Aunque se conocen desde hace años, su función exacta permanecía en gran medida en el misterio. Un equipo de la Universidad de Kiel (Alemania) acaba de aportar evidencias computacionales de que estas formaciones contribuyen a reducir la pérdida de agua por evaporación, ayudando a estos reptiles a sobrevivir en ambientes secos.
La piel de geckos y camaleones es extraordinariamente fina. En condiciones de baja humedad, el agua puede evaporarse hacia el exterior más rápido de lo que el animal es capaz de reponerla. Las sétulas, especialmente frecuentes en especies de entornos áridos, aumentan en teoría la superficie expuesta, lo que podría acelerar la evaporación. Sin embargo, los modelos indican lo contrario.
Los investigadores, liderados por Stanislav Gorb, del Departamento de Morfología Funcional y Biomecánica, crearon un modelo computacional simplificado de la piel del gecko que incorporaba una hilera de estas estructuras. Mediante simulaciones de dinámica de fluidos analizaron cómo circula el aire sobre la superficie y qué efecto tienen los diminutos pelos sobre el flujo de vapor de agua.
“Nuestros resultados muestran una reducción de la pérdida de agua. Una capa densa de pelos finos puede modificar el microclima inmediatamente por encima de la piel y aumentar el grosor de la capa límite de aire relativamente estancada. De este modo, se reduce la transferencia convectiva de masa y se ralentiza la pérdida de agua por evaporación”, explica Gorb en declaraciones a SINC.
La disposición precisa de las sétulas atrapa aire entre ellas, generando una capa límite. Las moléculas de agua que abandonan la superficie rebotan varias veces en ese espacio confinado y algunas regresan a la piel. Según los modelos, la presencia de pequeñas “tapas” o caps en las puntas de las estructuras resulta especialmente efectiva: una superficie con estas estructuras perdería agua entre dos y tres veces más despacio que una lisa o sin caps.
“En biología, nada aparece porque sí. Todo surge como resultado de la combinación de mutaciones y del proceso de selección natural. ¿Cuál es la función original de este tipo de estructuras? La idea era demostrar si la microestructura podía reducir la evaporación”, añade el investigador. El estudio se ha publicado en la revista Biointerphases.
Gorb subraya que, sorprendentemente, las sétulas no varían mucho entre especies en función de su entorno, aunque falta un estudio comparativo riguroso con un gran número de especies. Además de la retención de agua, los autores apuntan a otras posibles ventajas no analizadas en el trabajo: regulación térmica, control de la radiación solar e incluso autolimpieza de partículas de polvo.






