Un equipo del Hospital Universitario La Paz de Madrid ha desarrollado una estrategia pionera que combina el trasplante de órganos sólidos con células madre hematopoyéticas del mismo donante. Los resultados, publicados en la revista Communications Medicine, muestran que dos pacientes mantienen una función orgánica estable sin signos de rechazo y con una cantidad mínima de fármacos inmunosupresores más de cinco años después de la intervención.
La técnica forma parte del proyecto OneTrasplant4Life, coliderado por Antonio Pérez Martínez, jefe de Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica, y el cirujano Francisco Hernández-Oliveros. Su objetivo es inducir tolerancia inmunológica para reducir o eliminar la dependencia de la medicación crónica que los trasplantados suelen tomar de por vida.
La estrategia se basa en un fenómeno observado en la naturaleza. “Hay animales bovinos que, en gestaciones de mellizos, aunque son genéticamente distintos, comparten la circulación placentaria. Después de nacer, son capaces de tolerar injertos de piel de uno a otro”, explica Pérez Martínez. Este descubrimiento le valió el Premio Nobel de Medicina a Sir Peter Medawar en 1960, aunque quedó en segundo plano por el auge de los inmunosupresores.
Esos fármacos —habitualmente dos o tres de forma simultánea— previenen el rechazo, pero a largo plazo pueden causar problemas cardiovasculares, diabetes, infecciones, toxicidad renal o tumores. Además, el órgano puede acabar rechazándose de todos modos. La nueva aproximación busca “resetear” el sistema inmune del paciente para que reconozca el órgano trasplantado como propio.
Del mismo donante se extraen células madre hematopoyéticas (de médula ósea o sangre). En el laboratorio se depuran para eliminar los linfocitos T “inexpertos” o naïve, que podrían atacar los tejidos del receptor, y se conservan las células madre y los linfocitos T de memoria, que ayudan a proteger frente a infecciones.
Se administra un cóctel celular (células madre CD34+ y linfocitos T de memoria) tras el trasplante del órgano. Esto genera un quimerismo mixto transitorio: una convivencia temporal de células del sistema inmunitario del donante y del receptor que dura unos 200 días. Durante esa ventana, el organismo del paciente “aprende” a tolerar el nuevo órgano. “Es como si dos madres vivieran en un paciente durante un tiempo y sus hijas aprendieran a convivir”, resume Pérez Martínez.
LOS DOS PACIENTES PIONEROS
El primer caso fue Yassine, un joven de 15 años (hoy tiene 21) con una enfermedad congénita que le impedía absorber nutrientes y le obligaba a recibir nutrición parenteral desde el nacimiento. Había rechazado dos trasplantes previos (uno intestinal y otro multivisceral). En 2020 recibió un tercer trasplante multivisceral (que incluyó varios órganos) y células hematopoyéticas de un donante cadáver. Hoy toma solo una dosis mínima de un único inmunosupresor (sirolimus) y no presenta signos de rechazo ni enfermedad de injerto contra huésped.
El segundo caso es Nora, una mujer que entonces tenía 49 años (hoy 55). Había sufrido tres trasplantes renales fallidos previos y presentaba un alto nivel de sensibilización. En 2021 recibió un riñón de un hermano junto con células de médula ósea del mismo donante. Actualmente mantiene el órgano funcionante con monoterapia de tacrolimus a dosis bajas, tras haber podido retirar esteroides y micofenolato.
Ambos pacientes, casos “tremendamente complejos”, constituyen la prueba de concepto de la técnica. Los médicos aún no se han atrevido a retirar por completo la medicación, pero la reducción es drástica respecto al tratamiento estándar.
Los resultados han permitido iniciar un ensayo clínico de fase I para evaluar la seguridad y la viabilidad del método. Se ha reclutado a una cohorte de pacientes (alrededor de 10-14) candidatos a trasplante renal, pulmonar o intestinal, tanto de donantes vivos como fallecidos. Dos de ellos ya han iniciado el procedimiento.
La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) valora estos primeros casos con “entusiasmo” y considera que, si se confirma, la técnica podría “cambiar radicalmente la vida de los pacientes trasplantados” al reducir retrasplantes y liberar órganos en las listas de espera.






