Un estudio internacional publicado en la revista Science cuestiona una de las hipótesis más extendidas sobre el papel de los bosques como sumideros de carbono en un escenario de cambio climático. Aunque el aumento de las temperaturas prolonga el periodo en el que los árboles pueden crecer, la velocidad a la que producen nueva madera resulta mucho más determinante que la duración de la estación. Y esa velocidad puede verse frenada por la sequía asociada al calentamiento.
La investigación, liderada por Antoine Cabon, de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC) y del Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisaje (WSL), cuenta con la participación del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) —con el investigador J. Julio Camarero— y del Instituto Universitario de Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA) de la Universidad de Zaragoza. El trabajo analiza la formación de madera en 27 especies de coníferas repartidas en más de un centenar de bosques de cuatro continentes, desde regiones boreales hasta zonas semiáridas, entre ellas el Moncayo y otros emplazamientos de Alicante.
Los investigadores examinaron más de 50.000 muestras de madera. El proceso consistió en monitorizar la xilogénesis —el proceso de formación de nuevas células de madera en los anillos de crecimiento más externos— mediante observaciones regulares, fotografías al microscopio y análisis célula a célula. Uno de los sitios con el seguimiento más detallado es el valle de Lötschental, en Suiza, donde se han recolectado muestras semanalmente durante las últimas dos décadas.
“La recopilación de este conjunto de datos único fue un esfuerzo de colaboración prolongado. Investigadores de cada instituto asociado recogieron muestras de madera regularmente durante varias temporadas de crecimiento. De vuelta en el laboratorio, cada muestra se procesó, se fotografió al microscopio y se analizó célula a célula”, explica Cabon.
Los resultados son claros: la tasa de producción de células de madera explica alrededor del 78% de las diferencias observadas en la producción anual. Aunque las temperaturas más cálidas alargan la estación de crecimiento, la velocidad de formación de células no aumenta de forma indefinida. Por encima de una temperatura media anual de unos 6 °C, esa producción comienza a disminuir, probablemente por la menor disponibilidad de agua.
En los bosques boreales, donde el frío limita el crecimiento, el calentamiento puede permitir a los árboles crecer durante más tiempo y a mayor velocidad. En cambio, en los bosques templados y mediterráneos, el aumento de las temperaturas y la aridez reducen el beneficio de una temporada más larga y ralentizan la producción de nuevas células.
“Si el calentamiento continúa, incluso los bosques boreales podrían experimentar una formación de madera más lenta y perder los beneficios de una temporada de crecimiento más larga. Nuestros resultados muestran la importancia de considerar no solo la duración de la formación de madera, sino también la rapidez con la que ocurre, al predecir cómo responderán los bosques al calentamiento global”, advierte Cabon, que desarrolla su trabajo en la EEZ-CSIC con un contrato Ramón y Cajal.
Patrick Fonti, dendrocronólogo del WSL y coordinador del monitoreo semanal en el Lötschental, subraya la rareza de estas observaciones a largo plazo: “Al seguir los mismos árboles durante muchos años, podemos reconstruir cómo responde la formación de madera a las condiciones ambientales cambiantes”. Y concluye: “Aunque el almacenamiento de carbono depende de algo más que de las células del xilema, una formación de madera más lenta reduce, en última instancia, la capacidad de los bosques para actuar como sumideros de carbono”.






