LAS MADRES ORANGUTÁN ORGANIZAN “CITAS DE JUEGO” PARA SUS CRÍAS

Un estudio con ejemplares salvajes de Borneo revela que estos grandes simios ajustan su uso del espacio para favorecer las interacciones entre jóvenes de edad similar.
Un estudio con ejemplares salvajes de Borneo revela que estos grandes simios ajustan su uso del espacio para favorecer las interacciones entre jóvenes de edad similar.

En las densas selvas de Borneo, donde los orangutanes llevan una de las vidas más solitarias entre los grandes simios, las madres no se limitan a alimentar y proteger a sus crías. Un estudio de 15 años revela que también ajustan sus desplazamientos para aumentar las oportunidades de que sus pequeños jueguen con otros jóvenes de edad similar, aunque eso les cueste energía y tiempo de alimentación.

Los orangutanes de Borneo (Pongo pygmaeus wurmbii) son los grandes simios con la estructura social más solitaria. Las madres pasan la mayor parte del tiempo solas con una única cría, que permanece bajo su cuidado al menos los primeros siete años. En ese contexto, las oportunidades de interacción entre jóvenes son escasas. Sin embargo, el juego entre pares se considera clave para el desarrollo de habilidades físicas y sociales que resultarán útiles más adelante.

El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y liderado por el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal en colaboración con la Universidad de Zúrich, la Universidad Nacional de Indonesia y la Universidad Rutgers, se basa en unas 32.000 horas de observación de 31 parejas de madres y crías en la estación de investigación de Tuanan (Kalimantan Central, Indonesia), entre 2003 y 2018.

Los investigadores, con Odd T. Jacobson como primer autor y Maria A. van Noordwijk como autora principal, comprobaron que las madres cuyas crías tienen edades más próximas entre sí comparten una mayor proporción de las mismas zonas del bosque. Ese solapamiento espacial se mantiene incluso tras controlar el parentesco y la disponibilidad de fruta. Además, las crías de edades similares juegan juntas con más frecuencia.

“Parece que las madres emparejan a sus crías con compañeros de juego que son adecuados tanto física como evolutivamente”, afirma Jacobson.

Los encuentros dejan una huella clara en los movimientos. Las madres recorren mayores distancias no solo el día del juego, sino también el día anterior y el posterior. Antes del encuentro se orientan hacia la zona principal de actividad de la otra madre; después regresan hacia la suya. Estos patrones indican que las “citas de juego” no son casuales, sino que están activamente moldeadas por las decisiones de desplazamiento de las madres.

“Para encontrar un compañero de juego adecuado, parece que se posicionan espacialmente de manera que aumentan la probabilidad de encontrarse con madres que tienen crías de edades similares”, explica Jacobson. Los orangutanes pueden pasar la mayor parte del día solos, pero siguen integrados en una red social: saben quiénes son sus vecinos, quién ha tenido una cría y aproximadamente cuándo. Van Noordwijk habla de los “cotilleos del bosque”.

Cuando dos familias coinciden, los adultos suelen mantener la distancia. Las crías, en cambio, se lanzan unas hacia otras, forcejean, se muerden y se agarran. “Las crías de orangután tienen un ‘botón de juego’ que solo la madre puede apagar cuando decide que ha llegado el momento de continuar el desplazamiento”, describe van Noordwijk.

Ese esfuerzo tiene un precio. En los días relacionados con el juego, las madres pasan más tiempo desplazándose y menos tiempo alimentándose. Se trata de una forma de inversión materna en el desarrollo social de las crías que hasta ahora había pasado casi desapercibida. “Revelamos un coste oculto de la vida solitaria”, afirma van Noordwijk. “Además de proporcionar alimento y seguridad a sus crías, las madres orangután también tienen la responsabilidad de proporcionarles recursos sociales”.

Los encuentros de juego son poco frecuentes: se producen solo en alrededor del 6 % de los días de seguimiento (aproximadamente una vez cada 20 días). En esos días, el tiempo total de juego suele rondar los 20 minutos.

Los investigadores subrayan que los orangutanes ya son conocidos por su capacidad de navegación espacial y planificación de rutas para localizar recursos alimentarios. Ahora se demuestra que combinan ese mapa cognitivo con información social para cuidar del desarrollo de sus crías.

En muchas especies sociales los compañeros de juego aparecen de forma natural por vivir en grupo. El “problema del juego” surge cuando las madres pasan la mayor parte del tiempo solas con una única cría y no se reúnen regularmente. Se desconoce cuántas otras especies afrontan el mismo dilema y cómo lo resuelven. Tampoco está claro aún si el tiempo y la energía que las madres invierten en estos encuentros se traducen en ventajas concretas para las crías más adelante en la vida.

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