Los sedimentos del Cretácico Inferior que afloran en el entorno de Morella (Castellón) siguen revelando detalles sorprendentes sobre la vida de los dinosaurios europeos. Un equipo de investigadores ha identificado en un fósil de Iguanodon bernissartensis la primera evidencia documentada de una reacción ósea provocada por una infección bacteriana originada en una úlcera de la piel.
El trabajo, publicado en la revista Royal Society Open Science, supone un avance relevante en el conocimiento de las enfermedades que afectaban a estos animales y de cómo respondían sus organismos frente a infecciones graves. El estudio ha sido liderado por Javier Salas-Herrera, del Grupo de Biología Evolutiva de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
Aunque el registro fósil conserva miles de huesos de dinosaurios, son escasas las ocasiones en las que se puede reconstruir aspectos de la salud de un individuo concreto. Las paleopatologías ofrecen una oportunidad única para entender cómo enfermaban, cómo reaccionaban sus tejidos y hasta qué punto podían sobrevivir a lesiones potencialmente incapacitantes. En las últimas décadas, esta disciplina ha ganado peso para interpretar la biología, el comportamiento y la evolución de los vertebrados extinguidos.
El fósil estudiado es una tibia derecha de más de un metro de longitud (102,3 cm), atribuida a Iguanodon bernissartensis, uno de los dinosaurios herbívoros más emblemáticos del Cretácico Inferior europeo. Los restos proceden del yacimiento de Mas de la Parreta (Morella), en la Formación Arcillas de Morella, y fueron recuperados durante el control paleontológico de trabajos de extracción de arcillas.
A simple vista, el hueso muestra un abultamiento anómalo en su parte media: una superficie lisa y engrosada de unos 174 mm de longitud, 117 mm de anchura y un máximo de 17,3 mm de grosor, que representa alrededor del 17 % de la longitud total de la tibia. No hay señales evidentes de fracturas ni deformaciones importantes.
Para determinar el origen de la lesión se realizó un diagnóstico diferencial exhaustivo. La tibia fue sometida a tomografía axial computarizada (TAC) en el Hospital General Universitario de Castellón, lo que permitió obtener imágenes tridimensionales de alta resolución del interior del hueso sin dañarlo. Posteriormente se generaron reconstrucciones digitales en 3D.Las imágenes descartaron que se tratara de un callo de fractura, ya que no aparecen las alteraciones internas características de la remodelación ósea tras una rotura. También se rechazaron distintas enfermedades de origen tumoral por la ausencia de rasgos diagnósticos propios de esas patologías.La explicación más consistente es que el hueso reaccionó a una infección de los tejidos blandos situada sobre la tibia. El organismo del dinosaurio formó nuevo tejido óseo alrededor de la zona afectada, generando una reacción perióstica y un engrosamiento de la corteza. Según los autores, las características de la lesión son compatibles con una úlcera cutánea avanzada de origen bacteriano, probablemente polimicrobiana, similar a las denominadas “úlceras tropicales” descritas en medicina humana. Se trata de la primera vez que este tipo de respuesta patológica se documenta en un dinosaurio.
Supervivencia y limitacionesEl estudio demuestra que el animal no murió de forma inmediata tras sufrir la infección. La formación de nuevo tejido óseo indica que sobrevivió el tiempo suficiente para desarrollar una respuesta inflamatoria prolongada e iniciar un proceso de cicatrización.La lesión debió provocar dolor persistente, inflamación y una importante limitación funcional en la extremidad, lo que probablemente alteró su forma de caminar y pudo generar una cicatrización significativa con cierto grado de discapacidad.
Las evidencias de plantas y polen fósiles de la región apuntan a un clima cálido y húmedo durante el Barremiense superior (hace unos 125 millones de años), condiciones que habrían favorecido este tipo de infecciones bacterianas.
Además de ampliar el conocimiento sobre las enfermedades de los dinosaurios, el trabajo ilustra cómo las técnicas de imagen de la medicina moderna permiten investigar la salud de animales extinguidos hace millones de años. La combinación de TAC, reconstrucciones tridimensionales y diagnóstico diferencial ha aportado un nivel de detalle impensable hace apenas unas décadas.Morella, un enclave clave del Cretácico InferiorEste hallazgo refuerza el valor científico de los yacimientos de la Formación Arcillas de Morella. Desde que en el siglo XIX se identificaron los primeros restos de dinosaurios en la comarca, las excavaciones han proporcionado conjuntos fósiles de gran relevancia del Cretácico Inferior europeo.Entre ellos destacan especies descritas por primera vez en la zona, como los herbívoros Morelladon beltrani y Garumbatitan morellensis (Morella), o los carnívoros Vallibonavenatrix cani (Vallibona) y Protathlitis cinctorrensis (Cinctorres). Junto a estas, la formación ha entregado abundantes restos de otros dinosaurios de amplia distribución europea, entre los que sobresale el gran ornitópodo Iguanodon bernissartensis.El estudio no solo profundiza en la anatomía y la evolución de esta especie, sino también en aspectos mucho menos conocidos de su biología: las enfermedades que padecieron y la forma en que respondían a ellas. Un recordatorio de que, incluso hace 125 millones de años, los dinosaurios también podían sufrir infecciones graves… y, en algunos casos, sobrevivir a ellas.






