El estudio, liderado por el grupo de especialistas en Moluscos Invasores de América del Sur (eMIAS), revela quiénes son, dónde están y cómo se introdujeron estos 29 moluscos que hoy alteran ecosistemas y generan costos millonarios en infraestructuras de todo el mundo. El trabajo, publicado en la revista científica Biology, identifica 10 especies marinas, 10 de agua dulce y 9 terrestres.
Todas las especies partieron de al menos cuatro regiones de América del Sur y lograron establecer poblaciones en 11 regiones biogeográficas que cubren prácticamente todo el planeta, con la única excepción de las zonas polares.
“Las especies invasoras no son solo una amenaza silenciosa que impactan a los ecosistemas del globo, sino también causantes de importantes efectos socioeconómicos”, explicó el doctor Gustavo Darrigran, investigador del CONICET en el Museo de La Plata, director del eMIAS y uno de los autores principales, junto a la doctora Cristina Damborenea y el doctor Diego Gutiérrez Gregoric.
La mayoría de estas introducciones está vinculada a los procesos de globalización y al aumento del comercio internacional de las últimas décadas. Las áreas de origen potenciales de estas 29 especies coinciden con las mismas zonas de América del Sur que históricamente han recibido (y siguen recibiendo) moluscos no nativos provenientes de América del Norte, Europa y Asia. Se trata de regiones asociadas a grandes ciudades, puertos y aeropuertos.
Además, tanto las zonas de partida como las de llegada están expuestas a los efectos del cambio climático y la urbanización, factores que facilitan el establecimiento de especies no nativas, conocidas por su mayor resiliencia en ambientes alterados.El eMIAS, red creada en 2016 e integrada actualmente por cerca de 30 especialistas de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela, reunió datos de registros publicados e inéditos para reconstruir la historia de cada especie: área de origen, fecha y lugar de primera introducción, y distribución actual.
Las invasiones biológicas generan graves impactos. Muchas de estas almejas y caracoles ya modifican las cadenas tróficas nativas. Otras obstruyen conductos de refrigeración de centrales eléctricas, tomas de agua para consumo humano, sistemas contra incendios e infraestructura hídrica en general, provocando costos elevados de mantenimiento y reparación.
De las 29 especies, al menos 13 fueron clasificadas por sus impactos ambientales severos. El estudio subraya que no todas generan efectos negativos: algunas se utilizan para consumo humano. Sin embargo, la mayoría de las introducciones no intencionales representan un riesgo creciente.
El valor del relevamiento radica en que aporta conocimiento de base para que organismos gubernamentales diseñen estrategias de prevención, detección temprana y control de bioinvasiones. “Es un aporte clave para comprender y prevenir las invasiones biológicas”, destacan los investigadores.
El patrón revelado es circular y preocupante: las mismas regiones que exportan moluscos sudamericanos también importan especies exóticas. En un contexto de comercio creciente y cambios ambientales acelerados, este intercambio bidireccional amenaza la biodiversidad y la economía a escala global.






