La implantación de ejes verdes y la reducción del tráfico motorizado se consolida como una de las estrategias más eficaces para combatir el ruido ambiental en las ciudades densas. Un nuevo estudio realizado en Barcelona aporta evidencia empírica sólida: un año después de peatonalizar varias calles del Eixample, el nivel sonoro diario promedio descendió 3,1 decibelios (dB).
La investigación, liderada por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y publicada recientemente en la revista científica Cities & Health, analizó datos de siete estaciones acústicas permanentes antes (2022) y después (2023) de la creación de los nuevos ejes verdes en el corazón del barrio. Se trata de una de las pocas evaluaciones que miden de forma continua y a nivel de calle el impacto real de estas intervenciones urbanas, enmarcadas en el ambicioso programa de supermanzanas impulsado por el Ayuntamiento en los últimos años.
Los resultados muestran una reducción generalizada del ruido, pero con matices horarios y semanales claros: el descenso es más pronunciado durante el día que en la noche, y mayor en días laborables que en fines de semana. Las mejoras más significativas se observan en las nuevas plazas surgidas en las intersecciones de dos ejes verdes, espacios que han quedado prácticamente libres del tráfico de paso.
Sin embargo, existe una notable excepción: las tardes y noches de fin de semana registran niveles sonoros muy similares a los de antes de la peatonalización. Este patrón indica que el ruido del tráfico motorizado ha sido parcialmente reemplazado por el generado por la actividad recreativa y el ocio al aire libre, sobre todo en las horas de mayor afluencia peatonal.
A pesar de estos avances, los niveles de ruido post-intervención continúan superando los umbrales recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea, que sitúan el límite aconsejable para el ruido ambiental en torno a los 53-55 dB. Estudios anteriores estiman que el 94,7% de la población barcelonesa está expuesta a niveles superiores, lo que subraya el reto que supone alcanzar estándares saludables en ciudades mediterráneas densamente pobladas.
Samuel Nel·lo Deakin, investigador del ICTA-UAB y autor principal del estudio, subraya un mensaje positivo: “Los datos sugieren que la preocupación de que el ruido generado por la actividad peatonal y el ocio pueda llegar a ser mayor que el del tráfico no parece estar justificada”, al menos en las localizaciones analizadas.
Esta pacificación también se traduce en un mayor aprovechamiento del espacio privado exterior: los vecinos de calles pacificadas —incluidos los ejes verdes— utilizan sus balcones con mayor frecuencia que aquellos que viven en vías con tráfico elevado. Todo apunta a que la bajada del ruido contribuye a un uso más intensivo y confortable de la vivienda.






