EL MEDITERRÁNEO SE CALIENTA A UN RITMO EXCEPCIONAL

Las temperaturas récord registradas este verano confirman una tendencia especialmente acusada en esta cuenca, con efectos sobre el nivel del mar y los ecosistemas.
Las temperaturas récord registradas este verano confirman una tendencia especialmente acusada en esta cuenca, con efectos sobre el nivel del mar y los ecosistemas.

Los mares del planeta absorben alrededor del 90% del exceso de energía retenida por el calentamiento global impulsado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el Mediterráneo destaca por un ritmo especialmente acelerado. En algunos puntos, la temperatura superficial aumenta tres o incluso cuatro veces más rápido que en otras zonas del océano mundial, según el oceanógrafo Manuel Vargas, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC). 

Vargas, que en los años 80 y 90 consideraba “exagerado” hablar de un Mediterráneo tropical, reconoce ahora que el proceso es una realidad. “Son cifras récord, temperaturas impensables hace treinta años”, afirma. “Lo curioso es que cada año batimos un nuevo récord”.

Los datos lo confirman. Este verano, la boya de Sa Dragonera (suroeste de Mallorca, España), de la red de Puertos del Estado, registró 33,02ºC e incluso valores próximos a 33,2ºC, superando con creces el máximo anterior de 31,87ºC medido en agosto de 2024. En las costas de Málaga se alcanzaron los 28ºC. Estas cifras se enmarcan en un patrón de olas de calor marinas cada vez más intensas y frecuentes tanto en el Atlántico como, de forma excepcional, en el Mediterráneo.

Estudios recientes sitúan la tasa de calentamiento de la superficie del Mediterráneo en torno a 0,4ºC por década desde los años 80, aproximadamente el doble o más del promedio global de los océanos. En zonas del este de la cuenca el ritmo puede ser aún mayor. El año 2024 fue especialmente extremo: la temperatura media superficial de toda la cuenca marcó récords históricos cercanos a los 28,15-28,44ºC.

Vargas subraya que no cabe duda de que este calentamiento de los océanos y mares está causado por la acción humana. Aunque el clima terrestre ha experimentado ciclos naturales a lo largo de la historia, “lo que está ocurriendo ahora escapa de esos ciclos naturales”. La cuantificación del aumento del dióxido de carbono en la atmósfera y su efecto sobre las temperaturas muestra una clara concordancia con las observaciones.

La relación con fenómenos como El Niño es más compleja. Aunque se prevé una mayor intensidad de este patrón meteorológico, Vargas considera difícil establecer una vinculación directa y simple con el calentamiento marino del Mediterráneo, aunque existen estudios que relacionan episodios intensos de El Niño con el calentamiento global.

Las consecuencias se manifiestan ya en la biodiversidad. Informes científicos, entre ellos el de World Weather Attribution, documentan el desplazamiento de especies marinas hacia el norte en busca de aguas más frías, así como la pérdida de otras. Vargas advierte, no obstante, que no todos los cambios pueden atribuirse exclusivamente al calentamiento: algunas especies sufren también sobreexplotación comercial, y confundir las causas dificultaría actuar sobre el problema real.

En el Mediterráneo, semiencerrado y con poco margen para migraciones hacia latitudes más altas, la situación es especialmente delicada. Investigaciones del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) vinculan las olas de calor marinas con episodios de mortalidad masiva en gorgonias y praderas de Posidonia oceanica. Las gorgonias, organismos clave de los fondos de coralígeno, sufren necrosis de tejidos cuando las temperaturas se mantienen elevadas durante periodos prolongados. Episodios como el de 2022 provocaron afectaciones severas en amplias zonas del Mediterráneo noroccidental, con tasas de mortalidad que en algunos puntos superaron el 60-70% de las colonias. 

La posidonia, considerada el “pulmón” del Mediterráneo por su papel en la oxigenación, la estabilización de sedimentos y el refugio de biodiversidad, también muestra signos de estrés: floraciones masivas, pérdida de cobertura y fragmentación de las praderas asociadas al calor acumulado.

Otro efecto directo es la expansión térmica del agua: al calentarse, se dilata y contribuye a la subida del nivel del mar. En el Mediterráneo este aumento, unido a la erosión y a infraestructuras costeras que interrumpen el transporte de sedimentos, acelera la pérdida de playas. Expertos advierten de que, por cada centímetro de subida del nivel del mar, las playas pueden retroceder alrededor de un metro. 

Vargas insiste en la urgencia de actuar: “Sin duda hay que tomar medidas antes”. La solución pasa, a su juicio, por descarbonizar la economía, alcanzar las cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y avanzar hacia un abastecimiento basado en energías renovables.

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