DOS AVES SUDAMERICANAS RIVALIZAN POR EL TÍTULO DE LAS MÁS RUIDOSAS DEL MUNDO

Una investigación en la que se han analizado 123 aves ofrece información relevante sobre la razón por la que algunas de ellas pueden ser tan ruidosas.
Una investigación en la que se han analizado 123 aves ofrece información relevante sobre la razón por la que algunas de ellas pueden ser tan ruidosas.

Investigadores de la Universidad de Massachusetts Amherst han identificado a dos especies de aves sudamericanas como candidatas al título de las más ruidosas del planeta. Se trata del pájaro campana de garganta desnuda (Procnias nudicollis) y la seriema de patas rojas (Cariama cristata), cuyos cantos superan los 120 decibelios, un nivel comparable al de una motosierra o un martillo neumático en pleno funcionamiento.

El estudio, publicado en la revista científica Evolution, representa uno de los análisis más amplios realizados hasta la fecha sobre la amplitud vocal de las aves. Los biólogos João C.T. Menezes y Jeff Podos midieron el volumen de los cantos de 123 especies en zonas cercanas a Amherst (Estados Unidos) y en diversas regiones de Brasil. De ellas, 113 no contaban previamente con datos fiables sobre la intensidad de sus vocalizaciones.

En 2019, el propio Podos había descubierto que el campanero blanco (Procnias albus), originario de la Amazonía, emitía cantos de hasta 125,4 decibelios, un récord confirmado por el Libro Guinness de los Récords. Ahora, su pariente cercano, el pájaro campana de garganta desnuda (también conocido como araponga), alcanzó promedios de 122,4 decibelios medidos a un metro de distancia, con picos individuales cercanos a los 131 decibelios. La seriema de patas rojas registró valores alrededor de 121 decibelios de promedio y picos de hasta 126,5.

Determinar cuál es realmente la más ruidosa depende del criterio utilizado: el pico máximo de un individuo favorece al campanero de garganta desnuda, mientras que promedios entre ejemplares pueden posicionar a la seriema o al campanero blanco en primer lugar. “No estamos tan interesados en la carrera por decir cuál es el pájaro más ruidoso, porque no es realmente una pregunta biológica”, explicó Podos. “Lo interesante es que algunas especies han evolucionado para ser extremadamente ruidosas y nos preguntamos por qué”.

Medir la amplitud del canto de un ave en su hábitat natural no es sencillo. El volumen depende de la distancia: un grito ensordecedor puede resultar apenas audible a cientos de metros. Durante años, los ornitólogos debían capturar a los ejemplares y trasladarlos a laboratorios para experimentos controlados, un método poco práctico para estudios a gran escala.

Los avances tecnológicos recientes —telémetros láser precisos y sonómetros portátiles de alta resolución— permitieron a Menezes y Podos trabajar en el campo. “Tuvimos que salir al terreno”, afirmó Podos. Gracias a estas herramientas, lograron ampliar enormemente la base de datos disponible. “Consiste en una investigación básica y fundamental que nadie más ha logrado llevar a cabo a esta escala”, destacó.

Los resultados revelaron una enorme variabilidad: desde el colibrí ermitaño de garganta oscura (Phaethornis squalidus), con apenas 64 decibelios (similar a una conversación normal), hasta los más de 120 decibelios de las especies récord, una diferencia de 58 decibelios.

El estudio confirmó que las aves más ruidosas suelen ser de mayor tamaño, con músculos voluminosos capaces de generar mayor presión de aire, y con aberturas del pico más anchas, que actúan de forma similar a la campana de una trompeta para amplificar el sonido. “Ahora conocemos algunos de los detalles de la fisonomía de estos pájaros. Poseen cuerpos más grandes y picos más anchos”, señaló Menezes.

Sin embargo, los datos no respaldaron hipótesis ecológicas o evolutivas claras. Los investigadores esperaban que las especies más ruidosas vivieran en bosques densos (donde el sonido debe atravesar obstáculos), tuvieran menor habilidad de vuelo o practicaran la poligamia (para atraer a más parejas). La seriema de patas rojas, sin embargo, habita en áreas abiertas de pastizales y es estrictamente monógama, lo que complica estas explicaciones.

“Poseen cuerpos más grandes y picos más anchos, pero todavía nos queda por descubrir la razón de que sean más ruidosos”, concluyó Menezes. El trabajo abre nuevas preguntas sobre los costos y beneficios de producir sonidos tan intensos, que podrían atraer depredadores además de parejas o rivales territoriales.

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