Los probióticos se consolidaron en la última década como una de las principales tendencias en nutrición animal, impulsados por la creciente demanda de alimentos funcionales que mejoran la salud y el bienestar de las mascotas. Tanto la investigación científica como el desarrollo industrial avanzaron de forma sostenida, con un marcado aumento en productos comerciales, patentes y publicaciones científicas.
En este contexto, un equipo de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en articulación con la empresa ABIOTEC S.A., trabaja en el aislamiento y caracterización de cepas probióticas autóctonas de origen canino con potencial aplicación en la industria de alimentos para mascotas. El proyecto está a cargo de las investigadoras Marina Golowczyc y Jessica Minnaard, del Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencia y Tecnología de Alimentos (CIDCA, UNLP-CONICET), junto con los estudiantes Gonzalo Guaraglia y Manuel Arebalo.
Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades suficientes, contribuyen al equilibrio de la microbiota intestinal, un ecosistema clave para la digestión, la inmunidad y la salud general. Se trata principalmente de bacterias ácido lácticas como Lactobacillus y Bifidobacterium, además de levaduras y algunas especies del género Bacillus. Se incorporan en alimentos balanceados, snacks o suplementos.
“Este enfoque busca seleccionar microorganismos mejor adaptados al hospedador, con mayor capacidad de colonización y potencial efecto beneficioso”, explicó Marina Golowczyc. Y agregó: “El desarrollo de estos probióticos locales representa una oportunidad estratégica tanto para la salud animal como para la innovación en la industria de alimentos para mascotas en Argentina”.
El trabajo comienza con la recolección de muestras fecales de animales sanos, que se transportan refrigeradas al laboratorio. Allí se cultivan en medios específicos para seleccionar bacterias lácticas. Las placas se incuban a 37°C en condiciones de anaerobiosis. Luego se eligen colonias con características típicas (tamaño pequeño, forma redondeada y aspecto opaco) y se replican hasta obtener cultivos puros.
Estas bacterias se identifican mediante técnicas moleculares y se someten a pruebas para evaluar su capacidad de sobrevivir al tránsito gastrointestinal, adherirse al epitelio intestinal y antagonizar microorganismos potencialmente patógenos. Las cepas más prometedoras se evalúan luego en su resistencia a procesos industriales, especialmente el secado por aspersión o la liofilización, para obtener un aditivo probiótico estable.
Uno de los principales desafíos tecnológicos es mantener la viabilidad de los microorganismos durante la extrusión a altas temperaturas y el almacenamiento. Por ello se desarrollan estrategias como la microencapsulación, la adición post-proceso o la formulación en estado deshidratado, que permiten una dosificación más precisa y minimizan la exposición a condiciones adversas.
Diversos estudios demuestran que los probióticos pueden mejorar la calidad de las heces, favorecer la absorción de nutrientes, estimular el sistema inmune y reducir la presencia de patógenos intestinales. También se observaron efectos positivos en trastornos gastrointestinales, sobrepeso y algunas enfermedades crónicas, especialmente en gatos.
Sin embargo, la eficacia depende fuertemente de la cepa utilizada, la dosis y su capacidad de sobrevivir tanto al procesamiento industrial como al tránsito digestivo. La evidencia científica sigue creciendo, aunque los expertos coinciden en que aún se requieren más estudios a largo plazo para consolidar su uso de manera generalizada.
A nivel global, el mercado de probióticos para perros y gatos muestra un fuerte crecimiento. Estimaciones recientes proyectan que el sector podría alcanzar valores cercanos a los 4.000 millones de dólares hacia 2034, con tasas de crecimiento anual superiores al 9 %, impulsado por la humanización de las mascotas y la demanda de productos funcionales.
En Argentina, donde más del 80 % de los hogares tienen mascotas, el desarrollo de cepas locales no solo apunta a mejorar la salud de perros y gatos, sino también a generar valor agregado y reducir la dependencia de probióticos importados.






