La enfermedad de Alzheimer podría detectarse décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas cognitivos, según dos estudios clave publicados este viernes en la revista The Lancet. Estos trabajos refuerzan la posibilidad de intervenciones preventivas y un mejor uso de tratamientos futuros al identificar la patología en etapas muy tempranas.
El primer estudio, realizado en una cohorte comunitaria estadounidense, analizó muestras de sangre de 1.350 adultos sin demencia, con una edad media de 61 años (rango aproximado de 53 a 69 años). Los investigadores midieron biomarcadores clave como las proteínas beta-amiloide (Aβ42 y Aβ40) y la forma fosforilada de tau (p-tau217).
Los resultados revelaron que alrededor del 6% de los participantes presentaba niveles elevados de estos biomarcadores. Este grupo mostró un rendimiento significativamente peor en pruebas de velocidad de procesamiento cognitivo y función ejecutiva (planificación, atención y adaptación a nuevas tareas). Además, experimentaron un deterioro más rápido en memoria verbal y velocidad de procesamiento al comparar evaluaciones separadas por cinco años.
«Esta es la primera vez que se asocian biomarcadores de Alzheimer en sangre con sutiles diferencias cognitivas en adultos de mediana edad sin demencia», destacaron los autores, liderados por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF). Los hallazgos son especialmente relevantes porque la mayoría de estudios previos se centraron en personas mayores y predominantemente blancas, mientras que este incluyó poblaciones más diversas.
Los expertos consideran que estos análisis sanguíneos podrían identificar fases preclínicas de la enfermedad, permitiendo actuar sobre factores de riesgo modificables como la inactividad física, el tabaquismo, los trastornos del sueño o la pérdida auditiva no tratada.
Sin embargo, un comentario vinculado advierte sobre los riesgos de falsos positivos en cribados masivos en población joven y asintomática. Recomiendan usar estos biomarcadores junto a otros criterios diagnósticos, no como prueba única de screening general.
El segundo estudio comparó el trazador estándar para tomografía por emisión de positrones (PET) —Flortaucipir— con uno más nuevo, MK6240, en 682 participantes de EE.UU. y Canadá (edades entre 50 y 89 años) con diferentes grados de deterioro cognitivo.
Entre las personas sin alteraciones cognitivas, pero con presencia de beta-amiloide, el MK6240 identificó más del doble de casos positivos para tau en fases tempranas: 15% frente al 6% del trazador estándar. En participantes con deterioro cognitivo, también detectó mayor afectación tau en regiones asociadas a etapas avanzadas.
«La positividad para tau podría estar infradiagnosticada con las herramientas actuales», concluyeron los autores. Un método más sensible permitiría identificar antes a las personas con mayor riesgo y seleccionar mejores candidatos para terapias antiamiloide, evitando procedimientos innecesarios en quienes tienen menor probabilidad de progresión.
AVANCES TAMBIÉN EN ESCLEROSIS MÚLTIPLE
El número especial de neurología de The Lancet incluye además un ensayo clínico sobre ocrelizumab en esclerosis múltiple (EM) progresiva primaria. El estudio, con más de 1.000 pacientes, demostró que este fármaco (ya aprobado para otras formas de EM) reduce en un 30% el riesgo de empeoramiento de la discapacidad, incluso en personas de mayor edad, con enfermedad avanzada y dependientes de silla de ruedas.
Estos resultados podrían ampliar significativamente el número de pacientes que se beneficien del tratamiento, un colectivo tradicionalmente excluido de muchos ensayos.






