Los kilómetros, el frío, las endorfinas, las historias, la historia, todo junto se acumuló e hizo erupción repentinamente. Un maratón, largo y exigente como es, también sirve (¿sobre todo sirve?) para exorcizar emociones. Candela Cerrone, a punto de ganar la categoría femenina en las islas Malvinas, tan propias y ajenas a la vez, no pudo evitarlo y escupió la dedicatoria al aire: “¡Por los caídos, por los veteranos, por todos los que estuvieron acá!”. La corredora de 48 años, profesora de Educación Física y entrenadora, nacida en Berisso, criada en Mar del Plata y residente en Pinamar, automáticamente se volvió viral. “No se podía ir con bandera ni con nada que tuviera los colores de la Argentina. Me propuse ganar para que se mencionara al país en ese lugar. No planeé ese grito, de hecho, ni lo recordaba cuando me mostraron el video. Pero sirvió para marcar presencia”, cuenta.
Nacida en 1977, sus recuerdos de la guerra de Malvinas siguen presentes, ya que su primo Marcelo Tortora fue a combatir. Durante el conflicto bélico, picó con el punzón para formar las islas y la bandera sobre el papel glasé. Con la rendición argentina, junto a su familia llegó hasta el aeropuerto para buscar a Marcelo: “Había un clima medio festivo a la ida, pero a la vuelta se armó un silencio tipo velatorio, porque nos encontramos con un Marcelo que no era el mismo que se fue. Nunca quiso hablar del tema”, recuerda Candela.
A los quince, comenzó a correr. Con toda una familia deportista a su alrededor, era inevitable que se enganchara con alguna actividad, y en el atletismo encontró dónde desarrollarse. Participó de los Juegos Bonaerenses y, aunque tenía cualidades para forjar una carrera, prefirió dedicar su tiempo y esfuerzo a formar una familia. Se recibió como profesora de Educación Física, pero la práctica sostenida quedó de lado hasta que sus hijos se escolarizaron. “Mis mayores satisfacciones deportivas las tuve en mi etapa adulta”, confiesa quien ganó el maratón de Mar del Plata en 2022 y fue segunda en el de Rosario el año pasado. Replicando lo que sucedió en su hogar de origen, crio a una familia deportista: su hija practica de forma recreativa y su hijo, Salvador Lucero, es una de las grandes promesas del atletismo nacional, con medallas doradas en Sudamericanos juveniles. “Él sueña desde muy chico con llegar a un olímpico. Yo no tuve ese sueño, ya sentía placer en el simple hecho de correr, de hacer actividad física. Recién de grande se me despertó lo competitivo, y nunca es tarde para intentar buscar la mejor versión de uno”, piensa.
En 2023 supo de la existencia del maratón en las islas Malvinas y, desde entonces, comenzó a ahorrar para estar allí. Cuando tuvo la inscripción y el viaje asegurados, pensó en contárselo a Marcelo, su primo. Él también tiene el hábito de correr y, a través de redes sociales, mutuamente comentaban algunas cosas al respecto. Así y todo, a Candela le costó sacarle el tema de las islas, y luego de tomar coraje, le comentó sobre su viaje: “Él es de muy pocas palabras, y no contó nada más de su experiencia, pero me dijo algo que sentí muy profundo, que fue que no tuviera dudas de que él estaría ahí conmigo, porque él siempre estaba en las islas. Me mató, porque confirmé que muchos volvieron a medias, como él”.
Con la compañía espiritual de su primo, llegó a las Malvinas. Indagando, supo que Marcelo pertenecía al Regimiento 7 de La Plata y conoció a algunos compañeros de batalla. En la previa a la competencia, recorrió los inhóspitos escenarios donde él junto a otros jóvenes soldados se enfrentaron a lo más crudo y cruel de la existencia humana. Las emociones se arremolinaron en ella, hasta que la victoria en la carrera, la explosión de aquel grito viral, funcionaron como válvula de escape. “Si antes lo admiraba, ahora lo admiro mucho más”, confiesa.
Como tantas veces a lo largo de su vida, el deporte fue el motor y el medio, el enlace perfecto y la fuerza que abrazó el derrotero familiar y nacional, honrada en esos 42.195 metros del maratón.






