A pesar de que los cigarrillos electrónicos se promocionan como una alternativa “más segura” o una herramienta para dejar de fumar, la realidad científica es contundente: no son inocuos y pueden provocar lesiones pulmonares graves, incluso insuficiencia respiratoria aguda que requiere internación en terapia intensiva y ventilación mecánica.
Enrique Correger y Oswaldo Aranda, especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), advierten que esta percepción de menor riesgo es un imaginario equivocado impulsado por estrategias de marketing que apelan a sabores atractivos, diseños modernos y mensajes de “reducción de daño”.
El aerosol generado por los vapers contiene una mezcla compleja de sustancias potencialmente tóxicas. Según la FDA de Estados Unidos y organismos europeos, incluye:
-Nicotina: altamente adictiva, afecta especialmente el desarrollo cerebral en adolescentes.
-Compuestos orgánicos volátiles, propilenglicol y glicerol, que al calentarse producen sustancias irritantes.
-Aldeídos como formaldehído y acetaldehído (cancerígenos).
-Acroleína: irritante que causa daño pulmonar irreversible.
-Diacetilo: asociado a la bronquiolitis obliterante (“pulmón de las palomitas”).
-Metales pesados (níquel, plomo, cadmio, estaño) que se liberan de los dispositivos.
-Otras sustancias: benceno, partículas ultrafinas, ftalatos (disruptores endocrinos) y compuestos orgánicos volátiles.
Estos componentes generan inflamación, estrés oxidativo y daño directo al tejido pulmonar. Estudios publicados en revistas de alto impacto como The New England Journal of Medicine (NEJM) y CHEST confirman estos riesgos.
Uno de los fenómenos más alarmantes es el EVALI (E-cigarette or Vaping product use-Associated Lung Injury). Los pacientes presentan disnea progresiva, hipoxemia severa e infiltrados pulmonares bilaterales que evolucionan rápidamente hacia insuficiencia respiratoria. Muchos requieren cuidados intensivos, ventilación mecánica invasiva e, incluso en casos extremos, ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea).
Investigaciones del NEJM identificaron acetato de vitamina E en muestras de lavado broncoalveolar de pacientes con EVALI, sugiriendo su rol clave, especialmente en productos con THC. El brote de 2019 en EE.UU. generó miles de hospitalizaciones y decenas de muertes, afectando principalmente a jóvenes sin antecedentes respiratorios.
El problema se agrava en adolescentes y adultos jóvenes. La nicotina interfiere en el desarrollo cerebral, afectando aprendizaje, atención y control de impulsos. El marketing con sabores y redes sociales favorece el inicio temprano del consumo.
Además, ganan popularidad las bolsitas de nicotina (nicotine pouches), colocadas entre la encía y el labio. Aunque no generan aerosol, exponen a altas dosis de nicotina, con riesgos de dependencia, alteraciones neurocognitivas y efectos cardiovasculares. La OMS y expertos alertan sobre su naturalización entre jóvenes y la falta de evidencia a largo plazo.
“La conclusión es clara: ni fumar ni vapear son opciones seguras. La única manera de proteger la salud es dejar el consumo de ambos productos y educar a la población en los riesgos”, afirma Aranda.
Desde las unidades de cuidados intensivos, donde se atienden los casos más graves, la preocupación es creciente. La evidencia disponible en publicaciones como The Lancet e Intensive Care Medicine refuerza que no existe un nivel seguro de vapeo y que los efectos a largo plazo aún se desconocen completamente.






