Hace más de seis décadas, en 1963, una expedición británica recolectó una amplia colección de fósiles de sinápsidos —vertebrados del linaje de los mamíferos que dominaron la Tierra antes del auge de los dinosaurios— en lo que hoy es Tanzania. Esos restos, de unos 240 millones de años de antigüedad, terminaron en el Museo de Historia Natural de Londres. Allí permanecieron parcialmente estudiados e incluso sin identificar durante generaciones. Ahora, un equipo internacional liderado por la Universidad de Bristol ha revelado que uno de aquellos esqueletos pertenece a una especie desconocida: Dinodontosaurus isiyavamanda. El hallazgo, publicado en el Journal of Vertebrate Palaeontology, no solo añade un nuevo animal al registro fósil, sino que obliga a replantear cuándo y dónde aparecieron los primeros dinosaurios.
Dinodontosaurus isiyavamanda era un dicinodonte, un grupo de sinápsidos herbívoros con pico córneo y colmillos alargados y curvados. El autor principal del estudio, Hady George, estudiante de doctorado en la Universidad de Bristol, lo describe de forma gráfica: “Imaginen un cerdo enorme con el pico de una tortuga y colmillos un poco más cortos que los de una morsa”. No era un dinosaurio ni un reptil, sino un pariente lejano de los mamíferos modernos, uno de los herbívoros dominantes de su ecosistema en el Triásico.
El material principal —un esqueleto parcial asociado— proviene de los lechos de Manda (miembro Lifua medio-superior de la cuenca de Ruhuhu). Un segundo cráneo fragmentario, descubierto en 2012 en la misma secuencia rocosa, confirmó la identificación. Hasta ahora, el género Dinodontosaurus solo se conocía en Sudamérica (Brasil y Argentina). Su presencia en África oriental sorprendió a los investigadores.
Un estudio anatómico detallado, apoyado en microtomografía computarizada, reveló rasgos distintivos: una cresta palatina posterior/mediana de la premaxila que se ensancha en una estructura bulbosa, un surco medial a lo largo de la barra temporal y mandíbulas que divergen más lateralmente. Estas características lo diferencian de las especies sudamericanas D. tener y D. brevirostris, lo que justifica su estatus de especie nueva. El nombre isiyavamanda significa “tierra de los wamanda” en la lengua local y rinde homenaje al pueblo que habita la región y que colaboró en la recuperación original de los fósiles, aunque sus nombres individuales nunca fueron registrados.
Más allá de la nueva especie, el descubrimiento tiene implicaciones geológicas y evolutivas de gran alcance. Las mismas rocas tanzanas que albergan a D. isiyavamanda han proporcionado fósiles considerados entre los posibles dinosaurios más antiguos del mundo, como Nyasasaurus. Tradicionalmente se correlacionaban con secuencias de Sudáfrica del Triásico Medio (Anisiense, hace unos 247-242 millones de años).
La presencia de Dinodontosaurus en Tanzania y Sudamérica establece un vínculo bioestratigráfico directo. Las nuevas dataciones radiométricas de las formaciones sudamericanas (zona de asociación de Dinodontosaurus en Brasil y Formación Chañares en Argentina) indican que son hasta 10 millones de años más jóvenes que las equivalentes sudafricanas. Esto sitúa al miembro Lifua medio-superior en el Ladiniense tardío a Carniense (aproximadamente 242-227 millones de años), es decir, en el Triásico Superior temprano. En consecuencia, los supuestos dinosaurios más antiguos de Tanzania ya no pueden considerarse los más antiguos del planeta, lo que obliga a reevaluar el momento y el lugar de la aparición de los dinosaurios.
Nigel Larkin, investigador visitante de la Universidad de Reading y coautor del estudio, subraya que los avances técnicos de las últimas tres décadas —especialmente la microtomografía computarizada— y la colaboración internacional han hecho posible este resultado: “Ahora podemos hacer mucho más con estos especímenes de lo que jamás hubiéramos imaginado en los años noventa”.
Mike Day, conservador de tetrápodos no mamíferos del Museo de Historia Natural de Londres, destaca el valor de las colecciones históricas: “Este espécimen ha estado bajo nuestro cuidado durante más de 60 años y es maravilloso que ahora se haya desvelado su identidad. Revisar las colecciones de los museos puede cambiar nuestra comprensión del pasado tanto como el hallazgo de nuevos fósiles sobre el terreno”.






