“Hay un montón de cosas que tienen que ver con los 70 y lo que hemos hecho con esa época, que también es algo pochoclero o puede serlo, que tiene ingredientes propios de los grandes relatos, o sea, tiene cosas emocionantes, aventuras, tragedias y hay momentos de comedia también, voluntaria e involuntaria, de humor negro en todo caso”, dice Mariana Eva Pérez. La escritora, hija de desparecidos, en su segunda novela –Constanza y Matute (hacen la porquería)– se permitió todo tipo de condimentos para entusiasmar a quienes no leen sobre estos temas. “Quería que fuera disfrutable para un público más vasto, porque si nosotros todavía tenemos la necesidad de hablar, hace falta que del otro lado haya una escucha, y no la escucha compasiva de siempre”, sostiene la autora de Diario de una princesa montonera.
“Si no es disruptivo, no vale la pena. Tenemos que poder recuperar la capacidad de decir algo distinto acerca de lo que pasó, de cómo construimos memoria, y qué es lo que queda por hacer”, dice. Si bien su vocación es la literatura, también es investigadora del CONICET, desde donde trabaja en el mismo sentido. “Me metí en los últimos años con temas supertabú, como el de las infancias durante el terrorismo de Estado y las reparaciones económicas”, comenta.
- ¿Un libro que recomiendes?
Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez.

CONSTANZA Y MATUTE
Atracción, intrigas y contradicciones entre dos hijos de desaparecidos con diferentes maneras de enfrentar las consecuencias de la dictadura y la historia familiar. Mezcla humor, erotismo y policial.
440 págs.
Emecé






