Los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio presentan niveles significativamente más altos de microplásticos y nanoplásticos en la sangre que irriga el corazón, en comparación con personas con cardiopatía isquémica crónica o arterias coronarias normales. Así lo revela un estudio publicado el 15 de julio de 2026 en la revista European Heart Journal, que añade peso a la evidencia sobre el impacto de la contaminación ambiental en la salud cardiovascular.
El trabajo, liderado por el profesor Emanuele Barbato, investigador de la Universidad Sapienza de Roma y director de la Unidad de Cardiología del Hospital Universitario Sant’Andrea, contó con la colaboración de científicos de la Universidad de Verona y de la Universidad de Campania Luigi Vanvitelli de Nápoles.
Los investigadores analizaron a 61 pacientes sometidos a angiografía coronaria. Los dividieron en tres grupos: 19 con infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI), 20 con síndromes coronarios crónicos y 22 con arterias coronarias normales (controles).
Los micro y nanoplásticos (MNPs) se detectaron en el 84,2% de los pacientes con infarto, frente al 40% en el grupo con enfermedad coronaria estable y el 31,8% en los controles. Además, los pacientes infartados mostraron mayor concentración y diversidad de polímeros (mediana de 3 tipos). El polietileno, usado habitualmente en envases y productos de consumo diario, fue el más frecuente (97 % de los casos).
“En pacientes infartados, el nivel de plástico fue casi el doble del observado en pacientes con enfermedad cardíaca estable”, explicó Barbato. “Podemos decir con confianza que estas partículas están presentes y se concentran en la sangre que irriga al corazón, justo en las arterias donde se producen estos eventos agudos”.
Las partículas circulaban en la sangre coronaria, con concentraciones más altas que en la sangre periférica, y no se detectaron principalmente en las paredes arteriales o placas de ateroma.
La presencia de microplásticos en la sangre coronaria se asoció con niveles elevados de marcadores inflamatorios como la interleucina-6 y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α). Según Barbato, estos plásticos dañan el endotelio (revestimiento de los vasos sanguíneos), desencadenan inflamación, promueven la proliferación de células cargadas de grasa y favorecen la ateroesclerosis.
“Una placa inestable tiene más probabilidades de romperse y desencadenar un coágulo que resulte en un ataque al corazón”, detalló el investigador. Sin embargo, enfatizó que los microplásticos no actúan de forma aislada, sino que amplifican procesos inflamatorios ya existentes.
El estudio identificó el tabaquismo como un predictor independiente de la presencia de microplásticos. Los fumadores tuvieron casi seis veces más probabilidades de portarlos. De hecho, todos los pacientes infartados con antecedentes de tabaquismo presentaban microplásticos, mientras que ninguno de los no fumadores del grupo control los tenía.
“El humo del cigarrillo daña el revestimiento de las vías respiratorias, debilita los cilios y la capa de moco, genera estrés oxidativo y hace que la barrera protectora se debilite”, explicó Barbato. Esto facilitaría el paso de las partículas inhaladas al torrente sanguíneo. La exposición a altos niveles de PM2.5 (partículas finas de contaminación atmosférica) también se relacionó con mayor presencia de MNPs.
Los micro y nanoplásticos se encuentran en el agua, alimentos, aire y numerosos productos de consumo. En los últimos años se han detectado en tejidos y órganos humanos, lo que genera creciente preocupación científica.
Aunque el estudio no demuestra causalidad —solo una fuerte asociación—, los autores destacan que los microplásticos podrían formar parte del riesgo cardiovascular atribuible a la contaminación ambiental, junto a factores clásicos como el colesterol, la hipertensión o el tabaco.
“Estos hallazgos no prueban que los microplásticos causen infartos, pero revelan una fuerte asociación entre exposiciones ambientales, microplásticos en la sangre y enfermedad cardiovascular”, concluyó Barbato. Los investigadores llaman a considerar la contaminación por plásticos como un determinante de salud y a impulsar políticas que reduzcan la contaminación atmosférica, el consumo de tabaco y la contaminación plástica ambiental.






