Los incendios arrasaron Europa durante la extinción masiva del Triásico 

Algunos paisajes hablan por sí solos y la vegetación dominante puede ser un síntoma de problemas globales como el calentamiento del planeta. Un nuevo estudio explica que la abundancia de helechos hace 200 millones de años pudo favorecer la agresividad de los incendios.
Algunos paisajes hablan por sí solos y la vegetación dominante puede ser un síntoma de problemas globales como el calentamiento del planeta. Un nuevo estudio explica que la abundancia de helechos hace 200 millones de años pudo favorecer la agresividad de los incendios.

Los helechos convirtieron la Europa del Triásico en un infierno de incendios durante mileniosHace aproximadamente 201 millones de años, el vulcanismo asociado a la fragmentación del supercontinente Pangea liberó unas 100.000 gigatoneladas de CO₂ a la atmósfera. Este episodio provocó un calentamiento global extremo de entre 5 y 10 grados Celsius, que desencadenó la extinción masiva del final del Triásico, una de las mayores crisis de biodiversidad de la historia de la Tierra. 

Los bosques dominados por árboles colapsaron en amplias regiones, especialmente en lo que hoy es el noroeste de Europa. En su lugar, surgieron vastas “sabana de helechos” que colonizaron los paisajes alterados. Un nuevo estudio publicado en Nature Geoscience el 21 de julio de 2026 revela que estas plantas no solo fueron un síntoma del desastre climático, sino que contribuyeron activamente a prolongarlo al alimentar incendios forestales a escala continental durante decenas o incluso cientos de miles de años. 

El equipo internacional, liderado por investigadores de la Universidad de Utrecht (Países Bajos), analizó material sedimentario de cuatro núcleos de perforación en Reino Unido, Alemania, Luxemburgo y Dinamarca. Utilizaron indicadores de paleoincendios como la abundancia de carbón fósil y hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), moléculas orgánicas características del humo. 

Una “zona oscura” en los fósilesLa novedad del trabajo radica en un método innovador y de bajo coste: el Índice de Oscuridad de Palinomorfos (Palynomorph Darkness Index). Los investigadores midieron el cambio de color en más de 15.000 granos de polen y esporas de plantas que vivieron antes, durante y después de la extinción. Normalmente, los microfósiles orgánicos se oscurecen progresivamente con la profundidad debido a la presión y temperatura. Sin embargo, en este caso observaron un patrón anómalo: los sedimentos correspondientes al intervalo de extinción mostraban un marcado oscurecimiento que afectaba por igual a todas las plantas. 

“Este fenómeno nos dejó perplejos, ya que se produce en los cuatro núcleos al mismo tiempo”, explica Bas van de Schootbrugge, investigador de la Universidad de Utrecht y líder del estudio. Al correlacionar esta “zona oscura” con los indicadores de fuego, los científicos concluyeron que reflejaba incendios prolongados e intensos precisamente durante el dominio de los helechos. Experimentos de calentamiento controlado con esporas modernas confirmaron que el oscurecimiento se debía a fuegos superficiales que barrieron las sabanas de helechos. 

Helechos: “especies de desastre” que alimentaron las llamasLos helechos son plantas pioneras extraordinariamente resistentes. Se extienden rápidamente por paisajes alterados por incendios, erupciones volcánicas o deforestación. Poseen sistemas radiculares subterráneos que les permiten regenerarse incluso tras fuegos graves. Sin embargo, cuando se secan forman densas alfombras de material inflamable que actúan como “escaleras de fuego”.“Cuando los helechos se secan, actúan como el combustible ideal para desencadenar incendios forestales masivos”, señala van de Schootbrugge. “Los helechos respondieron a las condiciones y proporcionaron el combustible que avivó las llamas y protagonizó lo que fue un mundo verdaderamente infernal”. 

A diferencia de los árboles, los helechos almacenan menos carbono a largo plazo. Su proliferación (“fern spike”) se interpreta generalmente como un síntoma de ecosistemas degradados más que como una solución al problema climático.Lecciones para el presenteLa combinación letal de cambio climático extremo, deforestación masiva, erosión del suelo y vegetación altamente inflamable creó un bucle de retroalimentación positiva que agravó la crisis. Los incendios liberaban más CO₂ y destruían la vegetación restante, favoreciendo aún más el dominio de los helechos.Los autores destacan que este episodio del Triásico ilustra cómo cambios en la vegetación pueden influir en el comportamiento de los incendios y generar retroalimentaciones climáticas. En un planeta que actualmente enfrenta calentamiento global y pérdida de bosques, el estudio ofrece una perspectiva profunda sobre cómo las alteraciones ecológicas pueden amplificar las crisis ambientales. 

Los helechos sobrevivieron a múltiples crisis a lo largo de la historia de la Tierra gracias a su resiliencia. Sin embargo, en el Triásico, su éxito contribuyó a mantener un “infierno” que diezmó la biodiversidad y transformó los paisajes durante milenios. Una advertencia fósil sobre la complejidad de los sistemas tierra-atmósfera.

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